Insinuar una reducción de la jornada laboral es una provocación en toda regla para el colectivo de los trabajadores autónomos …

El Rincón de Javier

La reducción de horas en los autónomos es un espejismo.

             

                    Érase más de una vez que, en la historia reciente, un significativo número de familias sufrieron muy de cerca, de primera mano, el pánico y la depresión de una crisis económica muy severa. Muchos de los miembros de estas familias, conscientes de sus circunstancias personales, de la desmoralizante expectativa de la calle, de la ineptitud política y de la insensibilidad de las administraciones públicas, decidieron intentar buscarse la vida por sí mismos y optaron por emprenderse como autónomos; justo esa modalidad de afiliación a la Seguridad Social en la que todavía no queda muy claro si el afiliado es un trabajador o es un empresario. Lo que sí está perfectamente definida por parte de los gobernantes es toda la burocracia que se le exige a un autónomo para que deje de contar como desempleado: Alta en Hacienda, alta en la Seguridad Social, implantación de la Ley Orgánica de Protección de Datos, un Sistema de Prevención de Riesgos Laborales, inscripción en algún que otro Colegio o Registro oficial (sanitario, REA, CAF…), contrato de alquiler de un local para poder ejercer la actividad económica, asesoramientos profesionales externos, suscripción de una póliza de seguro de responsabilidad civil… En fin, una retahíla de obligaciones demasiado extensa como para encima tener que empezar a asumir coste desde el mismo minuto cero. Y esto es sólo la teoría, la realidad siempre es muchísimo más cruda. –Perdone usted, pero esta solicitud no la llevamos en esta área, debe volver a sacar número y acercarse a la segunda planta; creo que este asunto hoy ya no lo va a poder dejar resuelto, en cinco minutos dejamos de atender al público…– Representa una escena muy desconcertante, y no por ello menos común, a la que se han enfrentado o habrán de enfrentarse los autónomos en su pretensión obsesiva por echar a andar, lo antes posible, en sus jornadas laborales de catorce horas mínimo. Valiente paradoja que de los tributos que atienden religiosamente los trabajadores autónomos se tenga que nutrir parte de los salarios de quienes les dan con las puertas en las narices a las horas en punto.

 

            En España el número de afiliados al Régimen Especial de los Trabajadores Autónomos supera ligeramente los tres millones, y de todos es sabido que este desprotegido colectivo, que se excede a mansalva en sus horas de trabajo para sacar a adelante sus negocios, no cuenta con un salario mínimo interprofesional ni con una jornada laboral regulada por un texto legal. Que determinados sujetos de la casta política, recientemente, hayan insinuado su interés por reducir la jornada de trabajo, que no quepa la menor duda, es una provocación en toda regla para los autónomos. Pues tan disparatada propuesta, no hay que ser muy inteligentes, a este colectivo sólo les proporcionará una mayor presión fiscal y una jornada laboral, si cabe, todavía más abusiva.

 

            En 1950, la filósofa y escritora estadounidense de origen ruso, conocida por el seudónimo de Ayn Rand, escribió: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti…., entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”.  Ahí lo dejo…

            ¡Feliz Navidad!

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