jueves, julio 30, 2026
Javier Gálvez SalasOpinión

El tiempo nos certificará las verdaderas intenciones de esta moción de censura.

El Rincón de Javier

             

        Cuando en España todos los días, desgraciadamente, andamos expectantes de esta dichosa pandemia que nos acosa, sorprende que algunos ediles de nuestra localidad se saquen de la chistera una moción de censura al actual gobierno municipal, justificándola de necesaria para restaurar la normalidad; como si con la que nos está cayendo se nos fuera la vida, al muy estilo vicepresidenta Calvo, en tan inoportuno propósito o en tan negociado oportunismo. No seamos ingenuos, reconozcamos de una vez por todas que la primera y la última intención que comparte la casta política, cualesquiera que sean sus siglas, es hacernos creer que tienen la llave de nuestro bienestar, pero con la habilidad de ocultarnos que esa llave realmente sólo abre las puertas de sus estatus personales. Así de sencillo, el discurso político está en declive porque la propia casta política se ha encargado de deprimirlo y de que lo aborrezcamos.  No hay nada más que valorar el cinismo electoral de nuestro actual presidente del gobierno  que, pese a que nos dijo por activa y por pasiva que nunca pactaría con la casta populista de quien hoy es su vicepresidente, pese a que nos dijo por activa y por pasiva que nunca pactaría con la casta independentista de quienes hoy son sus socios preferentes, pese a que también nos dijo por activa y por pasiva que nunca pactaría con la casta  extremista abertzale con quienes hoy negocia los presupuestos de nuestra querida España…, a pesar de todos los pesares, de todos los “cuando dije digo, digo diego” que se les adjudican,  hoy está en Moncloa sin escrúpulos y sin perder el sueño. Eso sí, con la recompensa de una millonaria paga vitalicia y con el propósito de legitimar, precisamente, el ministerio que debió censurarle, el ministerio de la verdad. ¡Cuánta hipocresía y cuánto descaro!

           

            Luego, como constatado queda que las promesas de la casta política cada vez se nos hacen más indigestas, básicamente porque la mayoría suelen quedarse en simples habladurías, por qué habríamos de creer que la moción de censura programada en nuestra localidad para el próximo día 26 de noviembre es producto de la responsabilidad política y no de la política irresponsable. Por qué habríamos de creer que los ediles promotores de esta moción de censura adoptaron su decisión tras unas admirables sesiones de control desde la bancada de la oposición y no tras un largo periodo de dieciocho meses gestando de manera maquiavélica el modus operandi de cómo repartirse el botín.

            Una vez más será el paso del tiempo quien nos certifique las verdaderas intenciones de esta moción de censura, si en verdad tenía como valor luchar por el bien de todos los baenenses o por el contrario se trataba de una artimaña más que sumar a las razones que justifican nuestro aborrecimiento a la casta política. Sinceramente, no importa de manos de quién, pero ojalá dentro de unos años seamos testigos de que nuestra localidad por fin ha sido capaz de frenar su despoblación, de que sus polígonos industriales han desarrollado un amplio abanico de actividades económicas, de que su conjunto histórico resulta atractivo para el turismo nacional e internacional… Y un capricho mío, que el pedacito de muralla “made in taiwan” en la emblemática calle Amador de los Ríos pase a la historia.

            ¡Ojalá!