¿Preparados para el cambio?

Lola Ruiz Arrebola

         Todo cambia con el paso del tiempo, es obvio. Y en la era digital todo ocurre mucho más rápido. Algo de lo que ya me he quejado en más de una ocasión en la presente columna. Independientemente de mi visión docente e historiadora, el cambio y cómo nos adaptamos para hacerle frente es algo que siempre me ha fascinado. Uno de los muchos libros que descansan en la librería de casa es “¿Quién se ha llevado mi queso?” de Spencer Johnson. Una sencilla fábula encarnada por dos ratones y dos hombrecillos liliputienses que tratan de buscar su queso favorito diario en un mundo en constante cambio. El queso representa todo aquello que queremos alcanzar y que nos da la felicidad. El escenario transcurre en un laberinto que, como la propia realidad, además de contar con la zona de confort, también está repleto de zonas desconocidas y peligrosas. Un día el queso desaparece y cada personaje afronta el cambio de forma diferente. A pesar de su sencillez, este libro, que podemos leer en un rato, ha servido de inspiración en cientos de facultades y organizaciones empresariales de todo el mundo. Sin duda, lo recomiendo.

         Algunos cambios son inevitables y debemos prepararnos para poder afrontarlos con eficacia. Tal es el caso de la inmersión digital y tecnológica en una sociedad que va a rechazar a aquellos que no consigan adaptarse a dicho cambio.

         Otros cambios, como el climático, son fruto de nuestro supuesto crecimiento económico, que se desarrolla de espaldas a nuestro Planeta. Pese al consenso de la comunidad científica aún hay descerebrados negacionistas de dicho cambio. No les importa que en todo momento sigamos batiendo récords de temperatura. Ya está confirmado que el pasado mes de mayo fue el más caluroso de la historia desde que se recogen registros. Ante la imposibilidad de hacer frente, por la falta de voluntad en años anteriores que nos ha conducido a este situación prácticamente irreversible, ya hay ciudades que se están adaptando y preparando para el calor extremo con calles pintadas de blanco, jardines en las terrazas o árboles africanos en las calles.

        También habría que destacar los cambios desarrollados en el paisaje con el paso del tiempo. Las fotografías georreferenciadas realizadas por satélite y su comparativa  con las existentes del Vuelo Americano de 1956-57, así como las anteriores a estas fechas, son un interesante recurso, también educativo, para la reflexión y análisis relacionados con los cambios de uso de suelo, entre otros. A través de este tipo de fotografías aéreas históricas se abrieron nuevas vías, por ejemplo, en la búsqueda de las fosas comunes de víctimas de la guerra civil situadas en el cementerio municipal y a las que aún no se les ha dado el tratamiento digno que se merecen.

Vuelo Americano de 1956-57

 

         Refiriéndome a los cambios de paisaje, en este caso urbano, alguna vez alguien me dijo que Baena tenía sobredimensionado dicho espacio urbano, incrementando de este modo los costes públicos de mantenimiento y siendo también uno de los tantos motivos que ocasiona el despoblamiento de nuestro casco histórico. Costes públicos que suponen un continuo quebradero de cabeza para el Ayuntamiento de nuestro pueblo, como por ejemplo el servicio de limpieza viaria, no exento de polémica en los plenos, como hemos podido apreciar en el último de ellos, y que en Baena supone un coste mayor por no tener un casco urbano más cohesionado. Este es solo un ejemplo al que hay que sumar el resto de servicios.

         Y es que, volviendo a comparar esas imágenes del vuelo americano con las actuales, podemos observar cómo ha aumentado el casco urbano de Baena, correspondiendo ese mayor incremento a los primeros años de este siglo. El boom de la burbuja inmobiliaria algo tendría que ver. Sin embargo, cuando comparamos el número de habitantes este no solo no se ha incrementado sino que ha disminuido, siempre teniendo en cuenta las diferencias en el tiempo y en los modos de vida (mayor población rural hace unas décadas).

         Es este un tema complejo de analizar pero que en nuestra localidad es especialmente importante y preocupante ya que la sangría en la población no se consigue frenar. Cada vez menos habitantes, con las repercusiones económicas que eso conlleva, también para las arcas municipales.

         En todo caso, cualquiera de estos puntos, a modo de ejemplo sobre la necesaria adaptación al cambio, daría para profundizar en futuras entregas de esta columna.

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