Otoño, lo que se sigue diciendo por ahí…

El Rincón de Javier

         

          Al final acabaremos pensando, aunque nos parezca una conclusión retorcida, que cuando cierta camarilla de la nueva casta política nos vendió la moto de condicionar el máximo de ciertas retribuciones a no se sabe bien  qué múltiplo del salario mínimo interprofesional, realmente lo que quiso anticiparnos es que cuando el precio de la luz, en tiempo record, multiplicara su valor casi por quince, se nos acabaría obsequiando con una mejora del salario mínimo interprofesional, nada más y ni nada menos que de quince euros. La propina es tan miserable que cuesta digerir la pugna de algunos oportunistas por adjudicársela como un éxito rocambolesco de política social.

        Y nos planteamos, si el precio de la luz y del combustible, entre los más destacados, anda por las nubes, y si la inflación está recobrando la dirección menos deseada, a qué dedica su tiempo – aparte de a consumir 50 millones de euros – el Ministerio de Consumo. Ya en tiempos pasados hubo quienes se empeñaron en que aprendiéramos un concepto tan poco común como la “prima de riesgo”, y ahora, por lo que se ve, otros iluminados se están encargando de que no se nos olvide lo que es un “megavatio”. Es lo que se dice por ahí…  

 

            No somos pocos los que hemos vivido o estamos expuestos a la mala experiencia de recibir una notificación con una multa de tráfico, a nuestro propio juicio, totalmente injustificada, por no decir que despótica, y para mayor indignación, que como respuesta a nuestras alegaciones nos hayamos encontrado con el frío y sistemático argumento de que la palabra del agente denunciante prevalece sobre la palabra del denunciado. No somos pocos los que hemos vivido o estamos expuestos a la mala experiencia de recibir una notificación de la Agencia Tributaria con una paralela de nuestra declaración de la renta, comunicándonos que se pone en entredicho la deducibilidad de los gastos de combustible por desplazamientos vinculados a nuestra profesión, y que como respuesta a nuestras alegaciones nos hayamos encontrado la severa observación de que el contribuyente para acreditar la deducción de los gastos que pretende es necesario que lleve con una precisión y rigurosidad absoluta el cómputo de los consumos realizados en las gestiones relativas a su actividad económica.

        Cuánta impotencia y cuánta indignación, pero lo verdaderamente paradójico e incomprensible es asimilar que la palabra de un agente de tráfico, prácticamente anónimo, sea más que suficiente para desmerecer cualquier tipo de alegación a su denuncia, y por el contrario que la orden de un magistrado de todo un Tribunal Supremo carezca de la fuerza legal necesaria para culminar un proceso de extradición objetivo. Pero más indignante e intolerable aún es admitir que, sólo en los supuestos de que a los presumibles infractores se les reconozca el distintivo de la casta política, sea cuando se les exija a las diligencias de las autoridades competentes la misma precisión y el mismo rigor absoluto que al sujeto pasivo de renta a la hora de justificar sus gastos. Es muy triste, lamentable, pero es lo que se dice por ahí…

 

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