Te hice una túnica.

   

      Cada viernes hay unas puertas que se abren en Baena. Un reguero de gente entra por ellas. Allí dentro hasta se respira diferente. No hace falta decir más.

      “Leo, escucho y observo. No pongo negro sobre blanco” Estas palabras son las únicas que escribí el día 14 de septiembre.

      Recordé lo que sentí el Viernes Santo de este año cuando bajé a San Francisco de la mano de mi hija. No existe pluma certera ni imagen perfecta, que sea capaz de plasmar el palpitar del corazón pues cada cual siente a su manera. Y me volví a hacer la misma pregunta…Y no supe encontrar respuesta a ese pregonado en 2011 “¿Qué tienes Tú, Nazareno?”.

    “¿Qué tienes Tú, Nazareno? Que el viernes en la madrugada huele desde lejos a cera quemada.

   ¿Qué tienes Tú, Nazareno?   Que por Ti brotan de las miradas un sentido manantial de lágrimas.

   ¿Qué tienes Tú, Nazareno? Que a los que están lejos este día se les rompe el alma.

   ¿Qué tienes Tú, Nazareno?    Que Baena entera quisiera ser tu cirineo.

       Sabes bien que soy coliblanca, que dueños de mi corazón son el Huerto, Dios Preso y Cristo Muerto, más por ello puedo disfrutar de tu nobleza entrando por la muralla; ver como por un mar de naranjos con la cruz a cuestas de tus hermanos tan cansado avanzas… y al pasar por nuestra casa, cuando a pesar del gentío se puede escuchar el silencio, siento como tu corazón y el mío palpitan en nuestro encuentro. ¡Te he visto pasar, Nazareno, y me he postrado ante Dios mismo y porque en mi casa me enseñaron que es de bien nacidos ser agradecidos cada Viernes Santo quiero, por todo lo que Tú en Baena despiertas, darte las gracias, porque es su amor hacia Ti lo que hace que muchos de los que están fuera vuelvan a casa, a encontrarse con su gente, a retomar nueva sabia, ¡a no perder sus raíces y a que se les empape el alma!”

             Y fui cosiendo fragmentos, de uno y otro sitio.

             No se acababa la tela ni tampoco el hilo.

             Te hice una túnica, Nazareno,

             que se queda para mí y los míos,

             será para Baena entera cuando Tú lo dejes dicho.

             Volverán a palpitar nuestros corazones,

             se entrelazarán nuestras miradas…

             Te seguirá esperando, siempre,

             por la muralla, ésta, tu coliblanca.

 

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