martes, septiembre 1, 2026
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Rafael Navarro convierte su pregón a la Virgen de Guadalupe en un emocionante relato de fe, familia y memoria

La capilla de la Virgen de Guadalupe acogió el pasado domingo la XV Exaltación a la Patrona, un acto con el que Baena abrió el calendario de sus Fiestas Patronales. Rafael Navarro Esquinas ofreció un pregón profundamente personal, construido sobre los recuerdos de su infancia, la devoción heredada de sus mayores y el vínculo que une desde hace siglos al pueblo baenense con su Patrona.

Rafael Navarro Esquinas hizo al pueblo de Baena un regalo inmenso. Su pregón no fue únicamente una exaltación a la Virgen de Guadalupe, sino un viaje por la memoria sentimental de varias generaciones y por esa fe sencilla que se ha transmitido en los hogares a través de los rezos, los consejos familiares y las visitas cotidianas a la capilla.

La cita, celebrada el domingo 30 de agosto, dio el pistoletazo de salida a las Fiestas Patronales de 2026. Ante una capilla llena de fieles, familiares y amigos, el pregonero fue desgranando una intervención íntima y emotiva, concebida como un rosario en el que cada misterio conducía a un recuerdo, una persona o una vivencia compartida.

“Que no sean mis palabras las que resuenen en este pregón, sino el eco de miles de almas en torno a una centenaria devoción”, expresó al comienzo de una exaltación que presentó como una oración nacida desde el corazón.

Sor María Luisa Parias presenta al pregonero

La encargada de presentar a Rafael Navarro fue Sor María Luisa Parias, directora del Colegio La Milagrosa, quien trazó un cercano perfil humano, familiar, profesional y cristiano del exaltador.

Sor María Luisa destacó que su fe “no es espiritualismo”, sino una creencia encarnada en el servicio a los demás, en el cuidado de su familia y en su compromiso con los jóvenes. También puso en valor su faceta como artista y profesor del Colegio La Milagrosa de Córdoba, desde donde transmite a sus alumnos una fe comprometida a través de su trabajo y su ejemplo.

“Rafael no solo hablará poéticamente de María, sino que sus palabras, salidas de un corazón de hijo, serán una oración que llegará hasta el corazón de la Virgen y rebotará en el nuestro”, aseguró.

Navarro agradeció la presentación y explicó que su elección no había sido casual. Sor María Luisa representa, según señaló, a tantos hijos de Baena que un día tuvieron que marcharse, pero conservaron el corazón anclado en su pueblo y la mirada puesta en la Virgen de Guadalupe.

Una devoción nacida dentro del hogar

El pregonero situó el origen de su relato en el 13 de noviembre de 1972, fecha de su nacimiento. Rememoró cómo su abuela Guadalupe lo llevó siendo todavía un recién nacido ante la Patrona, repitiendo el mismo gesto realizado años antes con sus hermanos.

“Allí nació mi fe, bajo ese manto de estrellas infinito”, afirmó.

Aquel recuerdo le permitió explicar que el amor a la Virgen no apareció después en su vida, sino que ya lo esperaba en el regazo de su madre y en el seno de su familia.

“La Virgen de Guadalupe ha sido la sustancia de mi infancia y la Reina de la familia”, confesó antes de aclarar que aquella exaltación no podía considerarla únicamente suya, sino “el pregón de la familia Esquinas Piernagorda”.

Sin embargo, sus vivencias terminaron reflejando las de muchos hogares baenenses. Las oraciones ante el cuadro de la Virgen, el rezo diario del rosario, los meses de mayo y la atención a quien acudía pidiendo ayuda fueron algunos de los recuerdos con los que mostró una fe transmitida, sobre todo, mediante el ejemplo.

“Al abrir el álbum de recuerdos de mi familia, estoy abriendo el de cada hogar de Baena”, manifestó.

El rosario y la voz de su madre

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando Navarro recordó a quienes rezaban el rosario en la antesala de su casa y cuyas voces fueron apagándose con el paso del tiempo. Frente a esas ausencias, señaló que todavía permanece “la voz de mi madre”, encargada de mantener encendida la lámpara de la devoción familiar.

El rosario se convirtió así en el hilo conductor del pregón: “Una cadena que no nos ata, sino que nos libera”. Una oración capaz de acompañar a los devotos en su hogar, durante un viaje, junto a un enfermo o en cualquier momento de dificultad.

Navarro trasladó esa cercanía a la ventana de la parroquia ante la que tantos baenenses se detienen para mirar a la Virgen. Él mismo reconoció que dirige sus ojos hacia ella cada mañana cuando inicia el trayecto a Córdoba para acudir a su trabajo.

“Baena tiene un refugio abierto día y noche, y basta un instante de mirada para decirte que te queremos”, proclamó.

La golondrina como símbolo de Baena

La historia de la aparición de la Virgen de Guadalupe en 1490 ocupó otro de los grandes pasajes del pregón. Rafael Navarro evocó al caballero de la Orden de Calatrava que entró a rezar en la antigua ermita de San Sebastián y contempló a María con el Niño Jesús y un pájaro en sus manos.

El pregonero recordó la promesa que, según la tradición, realizó la Virgen: “Quiero ser el amparo de Baena”. Para Navarro, esa pequeña golondrina sostenida por el Niño representa la fragilidad y la confianza de todo un pueblo.

“Ese pajarillo somos cada uno de nosotros. Somos el pueblo de Baena”, aseguró. “En las manos de Jesús no hay caída posible”.

También se detuvo en las estrellas de ocho puntas del manto de la Patrona, relacionándolas con el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de María, y el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción. El ocho, además, representa el infinito y simboliza el amor sin principio ni final de la Virgen por sus hijos.

Los barrios, los sacerdotes y la serenata

La exaltación recuperó los altares de mayo levantados durante su infancia en el Llanetillo y la figura de don Salvador, a quien recordó por su humildad y cercanía con los barrios. Navarro valoró la recuperación de esta tradición y la procesión del Sin Pecado, que permitió volver a contemplar a la Virgen junto a los hogares de sus devotos.

“Cuando Ella pasa, no solo recorre calles de piedra; recorre las biografías de sus hijos”, afirmó.

También recordó la labor de don Juan y don Guillermo, agradeció al actual párroco y consiliario, Jesús Joaquín Corredor, que continúe acercando la Patrona a los baenenses, y evocó a los sacerdotes Antonio Secilla Buenadicha, Eugenio Bujalance Serrano y Antonio Ordóñez Márquez.

La serenata de la víspera del 8 de septiembre, los coros ante la capilla y las tardes de novena completaron un relato marcado por el recuerdo y la emoción.

“Mi Madre es la Virgen de Guadalupe”

Uno de los pasajes más intensos llegó cuando Rafael Navarro recurrió a una pregunta habitual en los pueblos —“¿Tú de quién eres?”— para ofrecer una respuesta compartida por los devotos:

“Cuando la vida nos pregunte de dónde venimos, podremos responder con la verdad más absoluta de nuestras vidas: mi Madre es la Virgen de Guadalupe”.

Navarro cerró su exaltación invitando a los baenenses a convertir su vida diaria en el pregón permanente de la Patrona.

“Por los que se fueron, por los que estamos, por los que vendrán… ¡Abre tus brazos, Baena! ¡Alza tu mirada! ¡Que ya camina entre nosotros la flor más bella de toda la humanidad! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva nuestra Patrona!”.