Noviembre.

Lola Ruiz Arrebola

             

          Y terminó noviembre, un mes como tantos otros. Realmente no tengo especial predilección por ningún mes en concreto, pues lo importante es disfrutar, ya no solamente de cada mes, sino de cada día que pasa. Lo que ahora está tan en boga de “vivir el presente, aprendiendo del pasado y preparando el futuro”. Hay quien prefiere olvidar el pasado, como si el olvido fuera la mejor herramienta para el progreso y la reconciliación. Obviamente, como historiadora docente, no estoy de acuerdo. Por ello quiero reivindicar una vez más la importancia de la Historia en la Escuela. La Historia permite que conozcamos el pasado para entender el presente y proyectarnos al futuro. Y es que, estudiar Historia, también despierta y cultiva la curiosidad y nos ayuda a entender mejor los procesos sociales. Y todo ello se puede hacer desde el respeto y la convivencia cívica de toda la ciudadanía.

          Sin embargo, el que más habla de reconciliación y de olvidar el pasado, el presidente del principal partido de la oposición,  que se reivindica a sí mismo como próximo presidente del gobierno, es pillado en una misa de homenaje al dictador Francisco Franco el pasado 20 de noviembre. Y es que en noviembre, sin duda,  han pasado muchas más cosas…

          En noviembre conocimos que Baena entra a formar parte de uno de los 85 municipios de la Red Andaluza de Teatros Públicos, aportando las 400 localidades de nuestro Teatro Liceo para continuar difundiendo y promocionando la cultura en nuestro pueblo a través de la agenda cultural de dicha Red. A veces, el participar en redes o circuitos públicos implica el acceso a representación de espectáculos culturales que ya vienen con el coste asumido de origen desde la administración competente. Como desde la presente columna siempre intento invitar a la reflexión, he aquí un tema más: la idoneidad de ofrecer, por ejemplo, una obra de teatro de forma gratuita. O expresado de otra forma, ¿es el precio de una entrada a un evento cultural determinante para la asistencia al mismo? Sin duda habrá opiniones de todos los gustos y me temo que no es fácil decantarse por una u otra opinión.

          Y es que los tiempos cambian. El Black Friday de noviembre nos impulsa a un consumo desmedido, a la importancia de la compra y si es por debajo de su coste mejor, sin reflexionar si se trata de una compra compulsiva de bienes que no necesitamos. Y lo peor es que este consumo desmedido unido a la falta de paciencia, que ya caracteriza a nuestra sociedad, ha llegado también a la cultura. Sin duda irán cerrando cines en los próximos años y eso de esperar a la semana siguiente para ver el próximo capítulo de nuestra serie favorita quedará para la historia. Ahora, con las nuevas plataformas digitales, todo lo tenemos a golpe de clic barato, inmediato, sin esperas. Ahora vemos los múltiples capítulos uno detrás de otro en la misma tarde.

          Yo, desde aquí, reivindico la filosofía slow también en la cultura. Leer un libro en nuestro tiempo libre frente a la invasión audiovisual de las redes sociales. Ver una película en pantalla grande asumiendo los tiempos necesarios para su distribución frente al aquí y ahora de las plataformas digitales o ver un espectáculo teatral o musical en directo frente al enlatado digital deben seguir siendo reflejos de la sociedad que entre todos queremos formar.

          Pero en noviembre han pasado muchas cosas, como por ejemplo las múltiples actividades desarrolladas con motivo del 25N, Día Internacional contra la violencia de género, a cuya triste celebración tenemos que sumar la consternación por tener que asumir lo que debiera parecer demasiado obvio para un lema de campaña, “La violencia de género existe”, pero que ahora, tristemente, ya no es tan obvio gracias al empuje de la ultraderecha retrógrada en nuestro país.

          Y para finalizar, permitidme que lo haga con otra triste noticia de este mes de noviembre: la pérdida de Almudena Grandes. Una  escritora que supo compatibilizar el éxito comercial de sus obras con la calidad de las mismas y, todo ello, y para mí no menos importante, sin renunciar a su compromiso social e histórico que, independientemente de su ideología, no paraba de ejercer, estando considerada ya como la escritora de las víctimas silenciadas.

     

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