miércoles, julio 29, 2026
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El poeta andaluz, Alfredo Jurado inaugura el ciclo “El autor y su obra” organizado por el Ateneo de Baena

El Museo del Aceite fue testigo de las palabras, que  resonaron con fuerza en la voz serena y profunda del poeta Alfredo Jurado, quien inauguró el nuevo ciclo cultural del Ateneo de Baena, “El autor y su obra”, con una lectura que fue mucho más que un recital: fue una confesión poética, un viaje al alma de un hombre que ha hecho del verso un hogar.

Organizado por el Ateneo en colaboración con el Ayuntamiento, el acto fue presentado por el también poeta y ensayista José Antonio Santano, quien definió a Jurado como “un poeta intimista, profundamente arraigado en la tradición andaluza y el barroco cordobés”, que ha sabido construir una voz propia, impregnada de naturaleza, silencio y memoria. “La poesía de Alfredo —afirmó Santano— hay que leerla despacio, como se saborean los frutos que maduran al sol”.

Una vida tejida en versos

Alfredo Jurado, nacido en Espejo, habló con cercanía de su vida, de su amor por el lenguaje y de cómo la poesía lo eligió a él, no al revés. “Caí de cabeza en el género lírico, como quien tropieza con su destino. Y ahí me quedé, o me ahogué, o sigo viviendo”, dijo con humor. Comparó su experiencia con la narrativa —“escribir prosa me aprieta como zapatos que no son míos”— y defendió la precisión casi alquímica que requiere el poema: “El poeta tiene que domesticar el lenguaje hasta convertirlo en gema”.

El autor también reflexionó sobre la arquitectura de un libro de poemas, la necesidad de un hilo conductor que dé sentido al conjunto: “No se trata de juntar versos, sino de componer un cuerpo coherente, donde cada poema sea parte de un organismo vivo”.

La palabra que florece

A lo largo del evento, Jurado recitó varios textos de su trayectoria, desde Memorial de los días, premiado en Baena y elogiado por figuras de la poesía portuguesa, hasta obras más recientes como La herencia del tiempo. En todas ellas se percibe su fidelidad a lo esencial: el paso del tiempo, la contemplación de la naturaleza, el rumor de las estaciones.

Uno de los momentos más emocionantes fue la lectura de Canción de las cigarras, inspirado en su refugio campestre, una casa rodeada de pinos y olivos. “¿Quién no ha sentido en julio el canto insistente de las chicharras como si fueran relojes del verano?”, preguntó al público antes de dejar fluir sus versos.

También presentó un fragmento de Pretérito perfecto, una sección lírica profundamente nostálgica en la que el lenguaje escolar del tiempo verbal se convierte en un espejo íntimo: “Me dijeron que amar es aquel verbo que se hace transitivo con el tiempo…”.

Jurado cerró su intervención con una reflexión que dejó huella: “He sido un niño feliz en el campo, y eso me enseñó a mirar. Cada árbol, cada sombra, cada canto de pájaro ha ido construyéndome. Y escribir poesía es, en el fondo, volver siempre a ese lugar”.

Con esta primera entrega, el ciclo “El autor y su obra” se abre como un espacio donde los poetas no solo leen, sino que se desnudan, se explican, se ofrecen. José Antonio Santano lo resumió con acierto: “El Ateneo será un lugar de libertad, de pensamiento y de belleza compartida. Y hoy, Alfredo Jurado lo ha hecho florecer”.