El Castillo de Baena debe convertirse en un referente cultural y turístico para el municipio.

Lola Ruiz Arrebola

              

Sus orígenes

      El castillo de Baena fue levantado por los árabes en el siglo IX, pasando a ser una destacada fortaleza cristiana a partir de 1241 a manos de la Corona y entregada a Diego Fernández de Córdoba a partir de 1386, quedando bajo la jurisdicción de la Casa de Córdoba y posteriormente a partir de 1566 bajo la nueva denominación de los duques de Sessa y Baena, quienes ostentan la propiedad hasta 1897 cuando es subastado públicamente a particulares canteranos. En las primeras décadas del siglo XX es adquirido por los Sres. de Prado una vez derribado. No es objeto del presente artículo de opinión la profundización en cuanto a la propiedad del Castillo durante estos años, desconociendo si esto puede ser objeto de una interesante investigación en los registros municipales de la época que incluya también los pormenores del cambio de titularidad al Ayuntamiento de Baena, quien la ostenta en la actualidad.

      De esta forma, y respecto a sus usos, debemos recordar entonces que el Castillo ha sido alcazaba musulmana, fortaleza militar cristiana, palacio, uso residencial, cantera de derribo para la construcción de viviendas en el ensanche, recinto con depósitos de agua, taberna de barrio o recinto para usos múltiples. Tras la restauración, el Castillo de Baena es utilizado como escenario de todo tipo de actividades culturales y en esta misma semana, a través de este medio de comunicación hemos podido comprobar su incorporación como dependencias administrativas, pues a partir de ahora albergará también el proyecto de Europe Direct, además de continuar utilizándose como lugar privilegiado que es, para la celebración de todo tipo de eventos culturales.

La importancia del Castillo de Baena

      Que el Castillo de Baena acabara expoliado y en ruinas no debe restarle importancia como monumento declarado Bien de Interés Cultural, al fin y al cabo, es el (único) Castillo de Baena, debiendo recobrar la importancia que los baenenses queramos darle y, en este sentido, siempre apostaré por remar conjuntamente para convertirlo en un referente cultural y turístico para el municipio.

La restauración no exenta de debate

      Aunque no me incluyo entre ellas, hay que reconocer que son muchas las personas que hubieran apostado por una reconstrucción literal que recuperara la fortaleza que fue en su día, con un gran patio de armas diáfano que permita la celebración de todo tipo de eventos culturales y un recinto que, desprovisto de cristales y resto de materiales contemporáneos, nos retrocediera siglos atrás al entrar por su puerta principal.

En este sentido, tenemos que comprender que no es posible. Aunque en todo proyecto de restauración puede haber cierto margen en cuanto a la posible simulación del monumento original, la diferente legislación al respecto es muy clara: “las actuaciones (…) irán encaminadas a su conservación, consolidación y rehabilitación y evitarán los intentos de reconstrucción, salvo cuando se utilicen partes originales de los mismos y pueda probarse su autenticidad. Si se añadiesen materiales o partes indispensables para su estabilidad o mantenimiento, las adiciones deberán ser reconocibles y evitar las confusiones miméticas.”

      Este es el motivo legal por el que cuando, por ejemplo, terminan de reconstruir una torre, esta reconstrucción se deba de hacer con una piedra muy diferente a la original. No obstante, puedo entender que este requisito legal no sea suficiente para que la ciudadanía pueda mostrar sus preferencias estéticas, pues mayoritariamente nos gustará más lo antiguo que lo nuevo.

Por todo ello, creo que debemos sentirnos orgullosos de nuestro Castillo, un edificio que nos transmite la grandeza que tuvo en su día y que debe articular la actividad de nuestro emblemático barrio de la Almedina, con un edificio vivo cuyas cicatrices no solamente no han sido maquilladas sino que se ha optado por conservarlas.

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