Una voz forjada a costal y fe: Jessica María Díaz Cabezas asume el reto del V Pregón al Costalero
La Iglesia de San Bartolomé fue testigo este sábado de un anuncio cargado de simbolismo y emoción: Jessica María Díaz Cabezas será la encargada de poner voz al V Pregón al Costalero, hermano de andas, varal y palio, así lo anunciaba, tras la Eucaristía, el anterior pregonero Juan Carlos Roldan. Una cita que vuelve a situar en primer plano a quienes sostienen, en silencio y con fe, el peso de la Semana Santa.
— ¿Cuándo se ponen en contacto contigo para proponerte el pregón y qué sientes en ese primer momento?
Lejos de una aceptación impulsiva, la futura pregonera reconoce que el nombramiento fue, ante todo, un reto. “Me hizo muchísima ilusión, pero también sentí una gran responsabilidad”, confiesa. Por eso, antes de dar el sí definitivo, decidió escribir, probar, dejar que las palabras fluyeran y comprobar si el pregón “la elegía” a ella. Fue un proceso largo, iniciado a comienzos del año cofrade 2024 y madurado durante meses de escritura, correcciones y descartes, hasta llegar a un texto ya cerrado, pulido y con identidad propia.
Forma parte de varias hermandades. ¿Cómo es su vinculación cofrade?
— Pertenezco a la 4ª Cuadrilla de los Colinegros, a la Borriquita y al Cristo de la Sangre desde el año 2000. He sido Magdalena del Domingo de Resurrección, he salido con la Virgen de la Angustia y formo parte de la Junta de Gobierno de la Agrupación de Cofradías como responsable de la Casa Museo.
Una vivencia nacida bajo el Cristo de la Sangre
Su vínculo con el mundo del costal no es teórico ni reciente. Jessica porta desde hace años al Cristo de la Sangre, una imagen que define como “una joya patrimonial y devocional”.
¿Recuerda la primera vez que se puso bajo las andas?
— Perfectamente. Fue en 2022, durante un viacrucis. Lo hice movida por una promesa relacionada con mi abuela, que acababa de fallecer. Yo nunca me atrevía a dar el paso, y estoy convencida de que fue ella quien me puso la andas en los hombros. Desde entonces, llevar al Cristo se ha convertido en una experiencia de acompañamiento, de oración silenciosa y de satisfacción espiritual, lejos del sacrificio físico que muchos imaginan. Aquello me marcó para siempre.
¿Qué se siente cuando se va debajo de una imagen?
— Mucha satisfacción y mucho recogimiento. Antes de salir siempre rezamos, porque llevamos una obra de arte y una imagen de enorme valor patrimonial y devocional. No siento pesar físico, siento cercanía con Cristo, acompañarlo en sus últimas horas, limpiar el alma y prepararme para la Resurrección.

En sus reflexiones aparece con fuerza una idea: el papel del hermano de andas sigue necesitando mayor reconocimiento. ¿Cree que el papel del hermano de andas está suficientemente reconocido?
— Se ha avanzado mucho, pero todavía necesita un empujón y un mayor reconocimiento. La Semana Santa no es solo tambor y judío; es también costal, ensayo, esfuerzo, patrimonio humano. Hay hermandades que ensayan desde Cuaresma y trabajan durante meses para que todo esté perfecto.
La mujer, columna vertebral
Uno de los ejes de su pregón será la incorporación de la mujer a la Semana Santa, un proceso que —lejos de ser una moda— fue clave para mantener vivas muchas hermandades en tiempos difíciles. Jessica habla desde la experiencia: la suya y la de tantas mujeres que cargaron con pasos cuando no había nadie más para hacerlo. ¿Qué reflexión hace al respecto?
— La incorporación de la mujer ha sido clave para mantener viva la Semana Santa. En muchos momentos de decadencia, si las mujeres no hubieran dado el paso, algunas hermandades no existirían hoy. Ha sido una incorporación enriquecedora y necesaria.
¿Ha vivido en primera persona dificultades por ser mujer?
— Sí, y mucho. Me costó años ser reconocida oficialmente, a pesar de llevar toda la vida saliendo. Fue un proceso duro, pero hoy me emociona ver a niñas incorporarse sin pasar por lo que pasamos nosotras.
Hoy, ver a niñas incorporarse sin obstáculos es, para ella, una de las mayores satisfacciones.
Un mensaje de recogimiento
¿Qué líneas principales marcarán su pregón?
Hablo de la incorporación de la mujer, abordo la declaración de la Semana Santa de Baena como Fiesta de Interés Turístico Internacional, el patrimonio religioso o el tambor —inseparable de sus orígenes familiares—, Jessica tiene claro qué quiere que permanezca en el corazón del público: la devoción a la Virgen de la Angustia, imagen a la que se rendirá culto ese día. Una Virgen que “supo esperar” y que vuelve a su casa “con los brazos abiertos para acogernos cuando más lo necesitamos”.
¿Qué mensaje te gustaría que quedara en el público?
— Que no olvidemos nunca el sentido profundo de lo que celebramos. Ese día la devoción se centra en la Virgen de la Angustia, una imagen que ha sabido esperar y que vuelve a su casa con los brazos abiertos para acogernos cuando más lo necesitamos. Recogimiento, silencio, fe y misericordia.
Por último, Jessica ¿le preocupa la emoción al subir al atril?
— Sí, me da vértigo. No me gustaría llorar, pero si pasa, pasará. Somos personas y los sentimientos no se programan. Lo importante es disfrutarlo, porque ese momento no se repite nunca.
— ¿Cómo afronta los días previos al pregón?
— Con respeto, ilusión y muchas ganas. Ahora toca dejarse llevar y transmitir todo lo que llevo dentro. Este pregón tiene su sitio y su momento. Y eso ya es un privilegio enorme.
Un texto, que está totalmente terminado – “no se añadirá ni una palabra más” -, que vamos a poder disfrutar del mismo el próximo 1 de marzo en la Iglesia de San Bartolomé. Ahora solo queda vencer el vértigo del atril, controlar la emoción y dejar que el pregón fluya. “Si lloro, lloraré. Somos personas”, admite con sinceridad.

