Réplica al artículo de Carlos Arenas: Ucrania, ¿quién contemporiza con el agresor Putin?
Con todo el cariño ejerzo el derecho a réplica respecto al artículo “Ucrania: ¿Quién contemporiza con el agresor Putin?” que recientemente mi amigo Carlos Arenas publicó en estas páginas, ya que se me alude directamente en el mismo. Y ciertamente refleja una conversación reciente que tuvimos al respecto, pero no de forma fidedigna.
En primer lugar, yo no pretendía justificar la guerra de Ucrania, sino ir un poco más allá de la mera “propaganda oficial” que nos sirven los medios que la distribuyen, porque ciertamente hay otra mucha información que se nos oculta intencionadamente a la opinión pública y que nos amplia el campo de visión de un conflicto complejo.
En primer lugar, el conflicto no empieza con la invasión de Ucrania por Rusia en 2022, sino mucho antes. Concretamente en 2014 con el denominado golpe de estado del Maidán, perpetrado contra el entonces presidente ucraniano Viktor Yanukóvich, orquestado evidentemente por la CIA, según las declaraciones publicadas al respecto de la entonces embajadora de EE.UU en Ucrania. Que en occidente esto se contara como una revolución popular contra el presidente legítimo entra dentro de la propaganda de blanquear las intervenciones militares o los golpes de estado, (¿Cuántos llevá ya EE.UU patrocinando?) como acciones contra el terrorismo, el yihadismo o distintos ismos, ya que esa es la narrativa que el público occidental está gustosamente dispuesto a consumir.
Aunque occidente consideró la destitución de Yanukovich un acto legítimo, en Rusia se consideró un golpe de estado antiruso, lo cual dio paso a la invasión de la península de Crimea, tras una represión larvada por el nuevo régimen sobre la población rusófila del Donbás, es decir, la zona oriental de Ucrania que ahora practicamente ocupa Rusia. No me voy a extender sobre esto, puesto que hay suficientes publicaciones al respecto, que obviamente la propaganda obvia.
Sobre esto último dos apreciaciones:
El este de Ucrania es mayoritariamente de población y lengua rusófanas. No me voy a remontar a los orígenes de la nación rusa, donde esa zona fue fundamental en su germen. Sólo poner de relieve que Nicolai Gogol, ucraniano, y autor de uno de los cuentos que cualquier antología del género recoge (El Capote o El abrigo, según la traducción) escribió toda su obra en ruso y es uno de los popes de su literatura.
En cuanto a la ocupación de Crimea, y con esto entramos en el meollo, lo primero que hay que decir es que desde los zares Crimea siempre perteneció a Rusia. Hasta que en el año 1954, el entonces presidente de la Unión Soviética, ucraniano él, la cedió a Ucrania. Pero desde la disolución de la Unión Soviética en 1991 ese fue un tema conflictivo, ya que Rusia considerába la anexión ilegal. En 2014 después del Euromaidán y la destitución de Yanukovich, Rusia promovió un referendum, la población de Crimea como en prácticamente todo el Dombas es mayoritariamente rusa, que aunque no fue reconocido ni por Ucrania ni Occidente, sirvió como carta de legalidad para anexionar ese territorio nuevamente a la nación rusa.
Y este es el meollo del asunto. Rusia es un continente inmenso, de casi 20 millones de km² (40 veces el territorio español). No necesita más parcela (que sí ansía por ejemplo EE.UU, que creció en el pasado a costa de México a quien arrebató la mitad de su territorio y que ahora quiere hacerlo a costa de Groenlandia y Canadá). Para comprender exactamente lo que voy a decir hay que consultar un mapa: Pese a la enormidad del continente ruso, tiene difícil y escaso acceso al mar. Por el norte, al Ártico, poco transitable durante buena parte del año. Otra cosa será cuando, si el cambio climático prosigue, se produzca su deshielo. Por el Oeste, hacia Europa, por el mar Negro. Y por último al otro lado del mundo, cerca de Japón, por el Pacífico. Insisto hay que verlo en un mapa. Rusia no va a permitir, como no permitió EE.UU que instalaran misiles nucleares en Cuba, que su salida a Europa esté en manos de dos países de la OTAN, Turquía y Ucrania. Porque este es el auténtico motivo del conflicto: la pretensión de Ucrania de entrar en la OTAN, pese a que a Gorvachov se le prometiera tras la disolución de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia que la OTAN no se extendería más allá de los territorios que entonces abarcaba, o sea, no más allá de Alemania. Algo obviamente incumplido.
Contextualizar un conflicto no es obviamente justificarlo ni contemporizar con Putin, como sugiere Carlos Arenas en su artículo. Ni mucho menos minimizar el número de muertos y heridos. Sólo quisimos decir, tanto Antonio Rodríguez Navas como yo mismo, que la guerra de Ucrania se mueve en los parámetros de la guerra clásica, o sea, en los frentes. Seguramente que las bajas sean enormes entre la tropa, lo cual ignoramos porque tanto rusos como ucraniamos ocultan esos datos. Pero es obvio, que al contrario de lo que sucede en Gaza, las víctimas de esta guerra entre la población civil son mínimas. Esa es la diferencia. Y aprovecho para reclamar a esta izquierda baenense, a toda, que tantas proclamas ha hecho en favor de Ucrania y contra Putin, incluso en algunos plenos municipales, que haga alguna condenando del genocidio de la población civil palestina. Aunque evidentemente el genocidio de Gaza no entra en las competencias de este Ayuntamiento ni de la política municipal, obviamente la guerra de Ucrania tampoco. Por tanto…
Creo que con esto pongo de relieve las inexactitudes del artículo de Carlos, amigo mío por supuesto, esperando de este medio que tenga a bien publicarlo, como derecho a la réplica.

