La Papelería Lucena se traslada tras 75 años en la calle Llana, otro ejemplo del declive comercial del Centro Histórico de Baena
En la memoria de generaciones de baenenses, la Papelería Lucena es mucho más que un comercio: es un símbolo. Durante 75 años fue faro cultural, lugar de encuentro y parte del latido cotidiano de la calle Llana. Pero hace unos días, sus puertas se cerraron para siempre. El cartel de “traslado” no sólo anuncia una mudanza al ensanche, sino el último capítulo de una historia que se desvanece en el corazón de Baena: la desaparición del comercio tradicional en el centro histórico.
“Con las obras, los cortes del tráfico, la gente dejó de venir. No puedo permitirme que vuelva a pasar”, confiesa Charo Lucena, dueña del emblemático local, al explicar su decisión. Las inminentes obras de reurbanización fueron la gota que colmó el vaso tras años de lucha por mantenerse a flote.
Aunque el negocio no desaparece, se traslada: a partir de ahora, los clientes deberán ir hasta la calle Salvador Muñoz, frente al mercado de abastos, para encontrar lo que durante décadas estuvo a un paso de casa.
Una fuga silenciosa… pero constante
No es un caso aislado. Amador de los Ríos, una calle que antaño era eje vital de la vida baenense, se vacía poco a poco. Tiendas que cerraron sin ruido, negocios familiares que no encontraron relevo generacional o simplemente no resistieron las transformaciones urbanas. El comercio de barrio, cercano y humano, está migrando al ensanche, donde hay más tráfico, mejores accesos y, sobre todo, más clientes.
La tendencia es clara y preocupante: el centro histórico baenense se está quedando sin tiendas, sin servicios, y sin vecinos jóvenes. Y lo más inquietante: se quedan sin alma.
Un drama social con rostro humano
El drama va más allá de lo económico. Lo que ocurre en Baena es un problema de dignidad y derechos. Carmen, de 84 años, lo resume con dolorosa claridad: “Antes tenía la panadería, la frutería, la carnicería a dos pasos… ahora tengo que pedirle a mi nieta que me lleve en coche al Supermercado”.
Personas mayores, con movilidad reducida y pocos recursos, quedan atrapadas en un barrio que ya no tienen ni una tienda de comestibles. Es una forma de exclusión silenciosa, pero muy real.
Infraestructura, olvido y contradicción política
Las obras urbanísticas, necesarias, pero mal planificadas, han sido un factor clave. “Duraron demasiado. Y nos arruinaron”, dicen muchos comerciantes. Pero no es sólo eso. La falta de aparcamiento, el tráfico restringido, el envejecimiento de la población y la ausencia de políticas eficaces de rehabilitación y vivienda pública están transformando en barrio entero.
Mientras se habla desde el Ayuntamiento de “recuperar el centro histórico” y atraer población joven, la realidad es que las inversiones en vivienda social, una de las herramientas más eficaces para repoblar el centro, se están destinando al ensanche. Una política incoherente que ahonda el problema que supuestamente se quiere solucionar.
El cierre de la Papelería Lucena no es sólo una anécdota nostálgica. Es un grito de alerta. Porque cuando se apagan las luces del comercio de toda la vida, lo que se pierde no son sólo negocios. Se pierde memoria, identidad y comunidad.

