miércoles, julio 29, 2026
BCarlos ArenasOpinión

La juventud y el matonismo callejero

Carlos Arenas

Los hijos mostraban en la calle los reflejos del cómo eran y actuaban sus padres, como seres que viven y se relacionan en comunidad. El comportamiento de los hijos en la calle no podía conllevar que a los padres se les llamara la atención por hechuras indeseables del hijo, como gamberradas, aptitudes maleducadas y de matón yendo con tres o cuatro más de similar edad, con un in-civismo sin el más mínimo valor humano de respeto a los demás de la comunidad.  Era inaceptable por los padres de entonces, por todos los padres y madres. Ahora, parece respirarse en la sociedad que no es así.

Gente joven, amplio número de ellos, seres embrutecidos sin el más mínimo noble sentimiento, pues su sentir es de solo como las malas bestias, con instintos animalescos, como comer, beber, defecar y otras necesidades.  Hay padres a los que se asemejan sus hijos en sus relaciones con la comunidad, por aquello que se repite a menudo, “de tal palo tal astilla”… o este otro que es de mi cosechas <<si la bestia del padre ha hecho bestia al hijo, en un corral tendrían que estar los dos encerrados o en una sierra con una piara de cabras y un hatillo con sus pertenencias, apartados de la convivencia con los demás…>>.

Esos padres con esos hijos se guardan, a lo mejor, el matonismo que tengan, por si les afecta o perjudica en su trabajo o en la escasa vida social que mantengan. No se trata decir que los hijos han de pensar como uno, pero sí hay valores que deben mantener y los padres son los primeros que han de enseñárselos, pues es seguro que, si han pasado por la escuela, en ella les han insistido en esos valores.

Años atrás, cuando en la escuela se castigaba por alguna razón, al castigado ni se le ocurría comentarlo en su casa, pues sería reprendido por lo que hubiera hecho y castigado por ello.. Nada de esto es dado hoy, hay gentuza que se va en busca del maestro/a, pidiendo con violencia, alguna vez aplicándola, <<que sea la última vez que castiga a mi hijo>>, sin la más mínima curiosidad por lo hecho por el hijo; que pudiera ser actuar de matón de patio de recreo pegando a otro; a otro haberle tirado el bocadillo con crueldad; o el haber injuriado al maestro/a; o el alterar gravemente el desarrollo de clases…nada de eso importa a ese padre o madre, orgullosos de ese su hijo tan desgraciado e infeliz. En fin.

Esos de edad escolar, otros sin aun mayoría de edad y sumando a los de más edad ya con barba, como antes se decía del mayor de 18 años, hacen sus grupos de afinidad chulesca para salir a la calle, pues varios juntos se sienten más valientes, pues suman sus cobardías individuales.

Voy a ejemplificar un hecho concreto ocurrido la noche del sábado de carnaval. Varios graciosos con indirectas y con tono despectivo del matón haciendo gracia a sus acompañantes que le arropaban, adjetivan de maricón, de maricones que hay en el pueblo a la persona delante de ellos provocándolo, diciéndole que se ha colado en la fila o cola de espera para la atención.  Profundamente herido, como ser humano, desbordó sus sentimientos y él homosexual, cargado de urbanidad y respeto a los demás aguantó hasta ser atendido, cuando su deseo reprimido era arremeter contra ellos y demostrarles que era mas hombre que ellos, eso sí homosexual y que los maricones eran ellos, por esto que dice la RAE en su tercera acepción. Maricón: persona que tiene malas intenciones y realiza acciones para fastidiar, molestar y dañar a los demás.

Dicho queda por la RAE que los maricones auténticos son ellos, por cómo se portaron ante un homosexual, hombre íntegro, civilizado, culto, sensible, inteligente…al que no le llegaban, uno a uno y todos juntos, ni a la altura de la suela de sus zapatos. Grupo de indeseables y de despreciables, y si los padres, de estos maricones de la tercera acepción del diccionario, permiten a sus hijos esos comportamientos, a sabiendas de ello y sin hacer nada para impedirlo, esos padres son otro tanto como sus hijos.

Puede que padres y madres estén tan cansados, tan hartos, tan desesperados de aguantar a hijos así, que no ven posible hacer nada para cambiarlos, y que sean personas civilizadas. Pero a los otros padres, madres y a sus hijos les digo aquello que mi madre decía, ante la hipocresía y los prejuicios: <<quien escupe al cielo, a la cara le cae>>

Primer Alcalde de la Democracia.Abril 1979-Mayo 1983