miércoles, julio 29, 2026
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Una reflexión sobre la muerte y la esperanza: Manuel Cortés invita a redescubrir el sentido cristiano del más allá en Baena

Con emoción, recogimiento y un profundo sentido de pertenencia, la Cofradía de los Veladores del Santísimo Sacramento de Baena celebró este sábado su jornada anual con motivo del Día de Todos los Santos, una cita que desde el año pasado forma parte de su calendario oficial tras aprobarse en asamblea “la idea de dedicar un día específico a la cofradía”.

“El año pasado tomamos la decisión de tener un día de la cofradía y decidimos que fuese el 1 de noviembre, una fecha muy significativa, llena de sentimientos y recuerdos”, explicó el hermano mayor, Antonio Castro, visiblemente satisfecho con la consolidación de esta nueva tradición.

Un día de reflexión, homenaje y esperanza

El encuentro, organizado en el marco de esta conmemoración, combinó momentos de oración, celebración y reflexión teológica. La jornada incluyó el rezo del Santo Rosario, la Eucaristía y la esperada ponencia del profesor Manuel Cortés, titulada “Entendimiento y revelación: una lectura teológica de las postrimerías de la muerte a la luz del Santísimo Sacramento”.

Uno de los momentos más emotivos del día fue el homenaje a dos hermanos con más de 25 años de pertenencia a la cofradía, José Manuel Zafra Ordóñez y Benito García Andino, quienes recibieron el reconocimiento de sus compañeros por su entrega y constancia.
El gesto simbolizó la gratitud de toda la hermandad hacia quienes han mantenido viva una tradición que, con más de un siglo de historia, sigue siendo un pilar espiritual en la vida religiosa de Baena.

“La muerte no es el final, sino el inicio del encuentro con Dios”

Con un tono sereno pero firme, Cortés invitó a los presentes a contemplar la muerte no como un desenlace biológico, sino como “el tránsito hacia la plenitud de la comunión con Dios”. Su disertación recorrió los grandes temas de la teología católica sobre las postrimerías: la muerte, el juicio particular, el cielo, el purgatorio y el infierno.

Apoyándose en los Padres de la Iglesia y en el Catecismo, el ponente subrayó que cada acción humana tiene una repercusión eterna, y que la preparación para el más allá se fundamenta en vivir en gracia, en comunión con Dios y en la práctica de los sacramentos.

“La razón iluminada por la fe nos permite discernir el sentido de la vida y de la muerte. El creyente que se nutre del Santísimo Sacramento ya participa, en cierta manera, de la vida eterna”, explicó.

Una llamada a la fe, la virtud y la verdad revelada

El discurso de Cortés se convirtió también en una defensa del valor formativo de la teología, recordando que muchas de las verdades sobre el destino del alma son hoy poco conocidas “por falta de formación y de interiorización de la fe”.

Desde un enfoque pastoral y académico, articuló una reflexión sobre la libertad humana, la gracia divina y la responsabilidad moral, guiando a los asistentes hacia una visión esperanzada del más allá, donde la misericordia de Dios prevalece sobre el miedo a la muerte.

“Cada alma será juzgada por su amor. El cielo no es una recompensa, sino el cumplimiento del amor perfecto de Dios”, afirmó con emoción.

Tradición, historia y fe: una mirada a los santos y la canonización

Cortés también abordó el origen histórico de la festividad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos, destacando cómo estas solemnidades expresan “la comunión entre la Iglesia peregrina, purgante y triunfante”.

En este contexto, expuso el riguroso proceso de canonización, recordando que solo Dios conoce el destino eterno de las almas, y que la proclamación de un santo es “el reconocimiento público de una vida configurada por Cristo y la virtud heroica”.

A través de un relato histórico sobre la conversión de San Bruno de Colonia, Cortés ilustró con maestría la fuerza transformadora del juicio divino, una historia que —según explicó— “nos recuerda la seriedad del juicio particular y la necesidad constante de conversión”.

Crítica al Halloween y defensa del sentido cristiano de la muerte

En la parte final de su ponencia, Manuel Cortés trazó un contraste entre la solemnidad cristiana de Todos los Santos y la creciente popularidad de Halloween.
Con firmeza, denunció la “banalización de la muerte y la trivialización del mal”, propias de una sociedad que —según sus palabras— “ha sustituido la esperanza por el espectáculo”.

“La Iglesia no rechaza la cultura, pero la purifica. Frente al culto a lo macabro, los cristianos estamos llamados a celebrar la luz, la santidad y la comunión con los que ya gozan de Dios”, señaló.

“No lloramos como quienes no tienen esperanza”

La conferencia concluyó con un mensaje de fe, esperanza y gratitud, en el que Cortés invitó a los presentes a mirar la muerte con serenidad y confianza.

“No lloramos como quienes no tienen esperanza —dijo—, sino como quienes creen que la muerte ha sido vencida por Cristo resucitado.”

El acto, impregnado de espiritualidad y reflexión, se convirtió así en una afirmación de vida, fe y comunión, en un tiempo en que la sociedad necesita redescubrir el valor trascendente del ser humano.