Sobre la apología antidemocrática del franquismo

Lola Ruiz Arrebola
Aun estando de acuerdo con la mayoría de ellas, no seré yo quien se sume a las críticas que durante las últimas décadas se han realizado sobre la Transición Española.
Aunque pueda ser cierto que en aquel momento se echó en falta una ruptura total con el franquismo y que, a la contra, todo pudiera parecer una reforma pactada con las antiguas élites, también quiero pensar que esa izquierda, diversa y fragmentada, de la década de los setenta lo hizo todo lo bien que pudo.
De esta forma hemos visto como en los libros de Historia no se ha podido estudiar esa etapa gris del franquismo con el rigor científico que se merecía. Siempre se ha dicho que la historia la escriben los vencedores. Los vencidos han tenido que guardar silencio, en el mejor de los casos, para seguir viviendo.
Mientras tanto, se repite la frase elegida por la mayoría “dejemos a los muertos descansar”, aunque sea en las cunetas, y olvidémonos de esa guerra civil que tanto sufrimiento nos trajo a unos y a otros. Como si lo importante fuera que hubo dos bandos, y lo baladí que el bando vencido solo intentaba luchar por el mantenimiento de la democracia y la libertad frente a un golpe de estado contra estos principios y valores.
Y de aquellos polvos…, estos lodos.
Ahora empieza a ser demasiado normal encontrarnos con manifestaciones antidemocráticas que intentan ensalzar la ideología fascista y franquista. En reuniones de bar, en las redes sociales y hasta en grupos de WhatsApp de niños/as de diez años. En la mayoría de veces llevada a cabo por personas que no vivieron esa época y que no se han preocupado de estudiar lo que pasó durante este trágico y reciente período.
Y es que debe ser totalmente respetable que las personas expresen su ideología política, aunque fuera cercana a la extrema derecha, si esta se hace respetando todas las normas de las que nos hemos ido dotando en un estado democrático.
Sin embargo, es momento de decir basta a toda manifestación profranquista antidemocrática y, siguiendo a Karl Popper, no ser tolerante con los intolerantes. En todo momento debemos impedir que todos esos grupos de intolerantes socaven los principios democráticos y la convivencia pacífica.
Decía que la historia siempre la escriben los vencedores, pero el paso del tiempo va poniendo a cada uno en su sitio. Y ahora pienso que no debemos seguir callados ante este tipo de actitudes antidemocráticas.
Yo lo tengo claro. A mis hijos les explico quien fue Franco, su ideología y todo el daño que hizo. Les digo que su bisabuelo está enterrado en la fosa común del cementerio, que lo mataron sin saber el motivo, puesto que él no hizo daño a nadie. He optado por educar a los míos en los valores democráticos y el rechazo a cualquier opción que no sea democrática. Ahí estaría el límite.
Es importante la reconciliación, que todos los descendientes de aquella época convivamos y participemos en actividades comunes respetándonos mutuamente, pero siempre sin olvidar la memoria histórica, que sigue presente, el respeto a los valores democráticos de antes y de ahora y el respeto hacía aquellas personas que intentaron salvar la democracia.

