Lo que por ahí se dice…, en un puñado de líneas.

El Rincón de Javier

           

                A primeros del mes de enero de 2020 el presidente del bautizado gobierno Frankenstein nos dio a conocer los ministerios de su primer gabinete, en concreto veintidós presupuestos millonarios para el sostenimiento ministerial más amplio de la historia de nuestra democracia. Un par de meses más tarde, aunque con titubeos, el propio gobierno acabó reconociendo el asedio de la primera pandemia de la era de la globalización. Las consecuencias han sido y siguen siendo devastadoras: Una cifra escalofriante de fallecidos y hospitalizados, un gran número de familias castigadas por el COVID con ensañamiento, una seria suma de autónomos y de empresarios cayendo en la ruina sin paliativos, más de medio millón de trabajadores engordando la tasa de desempleados casi de sopetón, un cuarto de millón de ciudadanos buscando qué llevarse a la boca en las colas del hambre… Señor presidente, es indignante que entre los pocos números que permanecen impertérritos a las garras del COVID tengamos que contar el número de sus veintidós ministerios. Se dice por ahí, señor presidente, que no son pocas las familias que han hecho y siguen haciendo encaje de bolillos para poder llegar a finales de mes, y que sin embargo usted no se ha dignado en mover un sólo dedo por reajustar su ejecutivo a las circunstancias. Pues qué titula un ministerio de Igualdad, aparte de jugar con las vocales, cuando se sigue manteniendo el ministerio de Justicia. Qué titula un ministerio de Consumo, aparte de permitir los precios más elevados en combustible y en electricidad, cuando se sigue manteniendo el ministerio de Economía. Qué titula, aún en plena pandemia, que un consejo de ministros -veintidós ni más ni menos- apruebe una partida de cincuenta y tres millones de euros para rescatar a una aerolínea, para la gran mayoría desconocida, mientras exista una sola palpitación sufriendo por marginalidad en nuestra querida España.

 

            Señor presidente, indultar a delincuentes condenados en firme que no han mostrado el más mínimo interés de arrepentimiento, contradiciendo el pronunciamiento de todo un Tribunal Supremo, dejándonos absortos (o lo que es lo mismo, tomándonos por idiotas) a todos los que fuimos testigos en directo -gracias a los medios- de aquellos crueles altercados y, para más colmo, pasándose usted por el forro todas sus prometedoras palabras electoralistas, es de un cinismo tan estratosférico que, desafortunadamente, resulta más propio de un régimen autoritario que de un gobierno progresista, o que va de progresista, en un sistema democrático. Señor presidente, se dice por ahí que con usted es más fácil que se indulte a un determinado grupo de delincuentes que el hecho de que pueda recuperarse de un día para otro una residencia habitual asaltada por okupas. Y señor presidente, también se dice por ahí que usted es más fácil que consienta una fórmula, por muy poco ortodoxa que nos parezca, que avale las sanciones impuestas a un determinado grupo de delincuentes, que una fórmula de cohesión social, pese a lo que a usted le gusta esta expresión, que impida por la vía legítima y directa el desahucio de una octogenaria honrada. Es lo que se dice por ahí, señor presidente.

 

            Pero aún más, también se dice por ahí que a un presidente que no admite preguntas en sus comparecencias le debe importar un bledo el bienestar de los ciudadanos para los que gobierna. Porque oír sin escuchar, además de una falta de educación, es un desplante de muy mal gusto. Las respuestas al más estilo puro Biden realmente no agradan a nadie, y usted lo sabe por experiencia, señor presidente. Por favor, no nos siga pagando con esa misma moneda…

           

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *