Las Jornadas de Novela Histórica consolidan su éxito con una segunda sesión marcada por el talento literario y la conexión con el público
La segunda jornada de las Jornadas de Novela Histórica celebradas en el Teatro Liceo ha confirmado lo que ya se intuía desde su arranque: la literatura sigue teniendo un espacio privilegiado cuando se presenta con rigor, cercanía y pasión. La cita, impulsada por la Fundación Caja Rural, ha vuelto a reunir a cientos de asistentes en torno a un género que, lejos de ser minoritario, demuestra su capacidad de atracción y su peso en el panorama cultural actual.
La jornada estuvo protagonizada por autores de reconocido prestigio como Gonzalo Giner y Javier Moro, quienes ofrecieron al público no solo una aproximación a sus obras, sino también una mirada íntima al proceso creativo que hay detrás de cada novela.
Gonzalo Giner, veterinario de profesión y escritor por vocación, sorprendió con un relato personal que conectó rápidamente con los asistentes. Su entrada en la literatura no fue fruto de una estrategia, sino de una necesidad: “empecé a escribir como una forma de terapia”, explicó. A partir de ahí, ha construido una sólida trayectoria con diez novelas publicadas, la mayoría dentro del género histórico.
Especial relevancia tuvo su obra El sanador de caballos, una novela que alcanzó una difusión extraordinaria —con más de un millón y medio de lectores— gracias al boca a boca, en un fenómeno poco habitual en el sector editorial actual. Giner desgranó las claves de su éxito, vinculadas a la originalidad de su protagonista —un albéitar en la Edad Media— y a la capacidad de la historia para conectar emocionalmente con el lector.
Durante su intervención, el autor también adelantó que trabaja en la continuación de esta novela, centrada en la figura de Jaime I el Conquistador, en un relato que combinará personajes históricos y de ficción a lo largo de un periodo clave de la historia peninsular.
Más allá de sus obras, Giner dejó una reflexión que resonó con fuerza entre el público: la literatura, aseguró, debe ser “un ejercicio de emociones”. Para él, escribir no consiste únicamente en narrar hechos, sino en provocar sensaciones que acompañen al lector durante toda la lectura.
Por su parte, Javier Moro aportó una visión más internacional de la narrativa histórica, marcada por su experiencia viajando y documentándose en distintos escenarios del mundo. El autor destacó el valor de contar historias reales con un enfoque literario capaz de hacerlas accesibles y atractivas.
Entre sus obras más conocidas, Moro recordó títulos como Pasión India o sus relatos sobre expediciones históricas, subrayando el papel de España en hitos como la primera campaña de vacunación masiva contra la viruela. Para el escritor, el denominador común de su obra es el “exotismo”, entendido como la exploración de contextos poco habituales para el lector.
Ambos autores coincidieron en señalar que el éxito de una novela no responde a fórmulas prefijadas, sino a la autenticidad del escritor y a su capacidad para contar aquello que realmente le apasiona. “Intentar escribir pensando en gustar es la mejor manera de fracasar”, recordaron, citando una idea ampliamente compartida en el ámbito literario.
El público, una vez más, se convirtió en protagonista silencioso pero esencial. La atención, el respeto y la participación en el turno de preguntas evidenciaron el interés real que despierta la novela histórica en la localidad. Según los propios autores, este tipo de encuentros son fundamentales para acercar la literatura a la ciudadanía y fomentar el diálogo cultural.
El coordinador de las jornadas, José Calvo, destacó precisamente ese compromiso del público como uno de los grandes logros del evento. “Ver a cientos de personas escuchando hablar de historia y literatura es profundamente satisfactorio”, señaló, subrayando además la dificultad de organizar este tipo de encuentros debido a la agenda de los escritores.
Desde la Fundación Caja Rural, su presidenta, Yolanda Molina, valoró muy positivamente el desarrollo de las jornadas, destacando tanto la calidad de los autores como la cercanía mostrada con el público. “Han sido dos días muy amenos, con escritores que han sabido conectar y transmitir”, afirmó.
Con la vista puesta en el futuro, la organización ya trabaja en la posibilidad de celebrar una quinta edición el próximo año. Aunque la decisión final dependerá de distintos factores organizativos, la respuesta del público y la valoración general invitan al optimismo.
La segunda jornada cierra así con una sensación clara: la novela histórica no solo sigue viva, sino que encuentra en espacios como este el impulso necesario para seguir creciendo, emocionando y despertando el interés por el pasado desde una mirada contemporánea.

