Juan Manuel López: “Colinegros, coliblancos, que importancia da el color si todos somos hermanos, démonos pues las manos y toquemos el tambor”.
En un Teatro Liceo a rebosar y con el corazón de la Semana Santa latiendo en cada rincón, Juan Manuel López Lastres ha regalado esta mañana un pregón cargado de emoción, memoria, y verdad. La XXII Exaltación del Judío, organizada por la Asociación Cultural 1ª Cuadrilla de Judíos de Cola Negra, ha sido un canto sentido a la tradición, una defensa firme del legado y un llamado a la unidad entre colinegros y coliblancos
Desde el primer verso —“Colinegros, coliblancos, qué importancia da el color si todos somos hermanos”— el público se rindió ante un mensaje claro y sincero: hermandad, respeto y pasión compartida. No fue un discurso, fue una entrega. Una exposición llena de emoción, que supo ir del recuerdo íntimo al mensaje colectivo, entre anécdotas personales y llamadas de atención a un presente que, a veces, corre el riesgo de desvirtuar lo esencial.
Juan Manuel no necesitó más que su voz y su vivencia para conectar con un público que lo interrumpió varias veces con ovaciones sinceras. Porque cuando se habla con el alma, el pueblo escucha.
El pregonero ha hecho un recorrido sentido por la historia reciente de esta exaltación, recordando con emoción a los que ya no están y guiando al auditorio desde la Cuaresma hasta el Domingo de Resurrección. Y lo ha hecho defendiendo lo suyo sin medias tintas: “Las normas hay que cumplirlas”, dijo con la serenidad de quien ama lo que dice. Aplaudió las nuevas iniciativas de la cola blanca, pero también lanzó un aviso necesario: “Lo mucho, al final, cansa”.
Conocedor profundo de la Semana Santa de Baena, Juan Manuel no solo se mostró como colinegro —“porque lo soy”—, sino como un enamorado de toda la fiesta. “Soy muy de la Semana Santa, soy tarabito”, dijo con una sonrisa, dejando claro que su pasión supera los colores. Un sentimiento que ha ido más allá del tambor y el casco para tocar el alma del público.
Y es que su pregón ha sido también un homenaje. A su familia, a su cuadrilla, a su Baena. Su voz solo tembló cuando recordó a su padre, al que dedicó estas palabras tan íntimas como poderosas. Con la bendición de su madre y el recuerdo de su abuela Carmen —quien le hizo su primer casco de cartón con gachuela—, López pintó una imagen entrañable de sus comienzos como judío: un tambor hecho con una lata de mantequilla, una chaqueta roja cosida con amor, y la ilusión de un niño que ya sentía el latido de su turba.
En su mensaje final, pidió paso para las mujeres. Recordó que solo una mujer, Carmeli Piernagorda, ha ocupado el atril en estas dos décadas largas de exaltaciones. En una de las frases más celebradas de la mañana, el pregonero propuso ceder el testigo el próximo año a una mujer: “Ya es hora de que otra voz femenina suba a este atril”. Un gesto valiente, sincero y necesario, que arrancó una de las mayores ovaciones del acto.
Porque para Juan Manuel López, el judío es cofrade, es herencia, es tambor y es sentimiento. “En el corazón de cada judío hay un pregón”, afirmó.
La Asociación Cultural de la 1ª Cuadrilla de Judíos de la Cola Negra entregó a Rafael Esquinas el título de cofrade ejemplar, distinción que honra su dedicación incansable. También fue reconocido Rafael Jesús Castillo, autor del cartel de la Exaltación al Judío, quien visiblemente emocionado destacó que “el cartel representa la pasión de todos los baenenses” y lo dedicó especialmente al recordado pintor Paco Ariza.
Luis Ordoñez Serrano, cuadrillero, no dejó pasar la oportunidad para abrir puertas al cambio: “Llevamos tiempo pensando que la exaltación al judío podría realizarla una mujer”.

