El verdadero vacío del PP de Baena no está en sus cargos, sino en su discurso
Hay frases que, pronunciadas en el momento oportuno, pretenden cerrar un debate. Y hay frases que, sin pretenderlo, lo abren aún más.
“El Partido Popular está al servicio de los ciudadanos y, por supuesto, de los ciudadanos de Baena“. La afirmación del presidente provincial del PP de Córdoba, Adolfo Molina en los periódicos de la capital, parece difícilmente discutible. De hecho, ningún partido político podría sostener públicamente lo contrario. Pero precisamente por eso surge una pregunta inevitable: ¿cómo se traduce ese servicio cuando la principal preocupación de una parte importante de la ciudadanía sigue esperando una posición política nítida?
La respuesta del PP provincial tras las recientes dimisiones en Baena ha girado en torno a la normalidad orgánica del partido. Javier Vacas dejó la presidencia local. Cristina Piernagorda abandonó el grupo municipal. La dirección provincial respondió recordando que los estatutos contemplan estas situaciones, que ya existe un nuevo portavoz y que “por encima de las personas está un proyecto político”. Desde el punto de vista organizativo, el mensaje es claro: el partido continúa funcionando.
Pero la cuestión de fondo nunca ha sido esa.
El verdadero problema no era quién ocupaba un despacho o una portavocía. El verdadero problema era —y sigue siendo— qué posición política mantiene el Partido Popular de Baena respecto a la planta de biometano.
Y esa pregunta continúa sin encontrar una respuesta tan clara como la que sí han ofrecido otros actores políticos y sociales.
Porque la planta de biometano ha dejado de ser únicamente un proyecto industrial. Se ha convertido en el principal termómetro político del municipio. Ha movilizado a cientos de vecinos, ha propiciado la creación de una plataforma ciudadana, ha llenado la Plaza de la Constitución y ha condicionado buena parte del debate público de los últimos meses.
En ese contexto, el Partido Popular ha proyectado durante demasiado tiempo una imagen de indefinición. No porque no existieran opiniones dentro de la organización, sino precisamente porque esas opiniones parecían caminar en direcciones distintas.
La propia Cristina Piernagorda explicó que su ruptura con el partido estuvo motivada por sus discrepancias respecto al proyecto y por las instrucciones recibidas desde la dirección provincial. Según su versión, se le prohibió reunirse con la plataforma ciudadana contraria a la planta, aunque posteriormente el propio partido sí mantuvo ese encuentro. Al margen de las interpretaciones políticas que puedan hacerse, el episodio refleja una evidencia difícil de ignorar: el biometano ha provocado la mayor crisis interna que ha vivido el PP de Baena en los últimos años.
Es aquí donde las palabras de Adolfo Molina adquieren una dimensión distinta.
Si el Partido Popular está al servicio de los ciudadanos de Baena, como afirmó su presidente provincial, resulta inevitable confrontar esa declaración con la realidad política del municipio. Durante meses, una parte importante de la ciudadanía ha expresado públicamente su rechazo al proyecto. No se trata únicamente de una plataforma vecinal. También han existido alegaciones, movilizaciones y un debate social que ha trascendido las siglas políticas.
Eso no significa, necesariamente, que todos los ciudadanos compartan la misma opinión. Pero sí significa que existe una demanda mayoritaria de claridad política.
Y ahí es donde el PP ha perdido una oportunidad.
No porque estuviera obligado a posicionarse en contra del proyecto. Tampoco porque debiera respaldarlo. Un partido puede defender cualquiera de ambas opciones siempre que sea capaz de argumentarlas. Lo que resulta mucho más difícil de explicar es permanecer durante meses en un terreno intermedio mientras el debate crece y termina fracturando incluso a la propia organización.
La política admite discrepancias. Incluso cambios de criterio. Lo que castiga con mayor severidad es la sensación de que nadie quiere asumir el coste de tomar una decisión.
Quizá por eso la dirección provincial ha centrado su discurso en la estabilidad interna y en el cumplimiento de la legalidad. Son argumentos legítimos. Pero responden más al funcionamiento de un partido y de una administración que a la inquietud de muchos vecinos.
Porque los ciudadanos no preguntan quién sustituye a un portavoz. Tampoco quién ocupa provisionalmente una presidencia local.
Preguntan algo mucho más sencillo: ¿qué piensa su partido sobre el asunto que más preocupa hoy a Baena?
Y esa pregunta continúa siendo el gran vacío político del Partido Popular.
Con las próximas elecciones municipales cada vez más cerca, ese vacío puede convertirse en un factor determinante. Si la resolución administrativa sobre la planta llega antes de la cita con las urnas, la hemeroteca pesará tanto como la campaña electoral. Los vecinos no solo valorarán el resultado del expediente. También recordarán qué hizo cada formación cuando el municipio reclamaba explicaciones.
Los partidos sustituyen dirigentes con relativa facilidad. Encontrar nuevos candidatos siempre es posible. Recuperar la confianza de quienes esperan una posición clara ante el debate más importante de una legislatura resulta bastante más complicado.
Porque, al final, el mayor vacío que hoy afronta el Partido Popular de Baena no parece estar en los nombres que faltan en su organigrama. Está en la ausencia de un discurso capaz de explicar a los ciudadanos dónde quiere situarse cuando el municipio le pide, simplemente, que hable claro.

