martes, julio 28, 2026
BEl Sur de Córdoba

El campo alza la voz en Córdoba: más de 500 agricultores rechazan el acuerdo UE-Mercosur y exigen una PAC fuerte y con garantías

Más de 500 agricultores y ganaderos se concentraron este miércoles ante la Subdelegación del Gobierno en Córdoba para mostrar su rechazo frontal al acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur y reclamar una Política Agraria Común (PAC) sólida, con presupuesto suficiente y reglas claras. La movilización, convocada por ASAJA Córdoba, Cooperativas Agro-alimentarias de Córdoba, COAG Córdoba y UPA Córdoba, evidenció el creciente malestar de un sector que se siente en clara desventaja frente a las importaciones procedentes de terceros países.

El acuerdo UE-Mercosur, tal y como está planteado, es calificado por las organizaciones agrarias como “desequilibrado y sin reciprocidad”. Denuncian que abre la puerta a una competencia desleal que amenaza a sectores estratégicos de la agricultura y la ganadería españolas: desde la carne de vacuno y la ganadería extensiva hasta el azúcar, la remolacha, los cítricos, el arroz o la apicultura.

Controles insuficientes y riesgo para la seguridad alimentaria

El presidente de ASAJA Córdoba, Fernando Adell, puso el foco en la falta de garantías sanitarias. Según datos de la propia Comisión Europea, apenas se inspecciona físicamente el 0,0082 % de los productos agroalimentarios que entran en la Unión Europea. “Es un nivel claramente insuficiente para garantizar el cumplimiento de las normas sanitarias y de seguridad alimentaria”, advirtió.

La preocupación se agrava tras el reconocimiento público del Gobierno de Brasil de que no puede controlar de forma efectiva el uso de hormonas en la producción de carne. Para el sector, este hecho invalida cualquier garantía incluida en el acuerdo: permitir la entrada de estos productos supone competir en desigualdad con explotaciones europeas sometidas a los estándares más exigentes del mundo.

El aceite de oliva, una ventaja que no llega

Desde ASAJA también se desmontan algunos de los argumentos que presentan el acuerdo como una oportunidad para productos emblemáticos como el aceite de oliva o el vino. Adell subrayó que, incluso en estos casos, no se esperan beneficios reales a corto plazo debido a los largos periodos transitorios antes de la liberalización total.

Además, países como Argentina, Brasil o Uruguay cuentan con un consumo interno muy reducido de aceite de oliva y con producciones propias en crecimiento, bajo condiciones muy distintas a las europeas. “No se puede vender como ventaja lo que, en la práctica, no compensa los desequilibrios que genera el acuerdo”, insistió.

Las cifras respaldan esta advertencia: la balanza comercial agroalimentaria con Mercosur es claramente deficitaria para España. Solo en 2024, las importaciones superaron los 4.100 millones de euros, frente a unas exportaciones que apenas alcanzaron los 463 millones.

Presupuesto agrario: menos fondos y más incertidumbre

La protesta también puso el acento en el futuro presupuesto agrario europeo. Las organizaciones denuncian falta de claridad, recortes encubiertos y el riesgo de que los fondos destinados a la agricultura y la ganadería queden diluidos en partidas genéricas vinculadas al mundo rural. Reclaman mantener intactos el primer y segundo pilar de la PAC y evitar recortes que podrían alcanzar hasta el 22 %.

Costes al alza y burocracia asfixiante

El incremento de los costes de producción —especialmente en fertilizantes y energía— es otro de los factores que empujan al sector a movilizarse. ASAJA alerta de que cultivos como los cereales podrían quedar abocados a la desaparición si no se adoptan medidas específicas de apoyo. A ello se suma una burocracia creciente que, lejos de simplificar, complica el trabajo diario y resta competitividad.

Una protesta que también defiende al consumidor

Lejos de ser una reivindicación corporativa, Adell subrayó que estas movilizaciones también miran al consumidor. Permitir la entrada de alimentos producidos bajo normas menos exigentes pone en riesgo la calidad, la trazabilidad y la seguridad alimentaria. “El futuro del campo es también el futuro de la alimentación de los ciudadanos europeos”, concluyó.