martes, julio 28, 2026
BJose Antonio Santano

Andalucía Pierde

Nos queda la palabra

José Antonio Santano

         Lo habitual, tras conocerse los resultados electorales del pasado domingo en Andalucía, es analizarlos, comprender lo ocurrido, y hacerlo con autocrítica, cuestión que    siempre ayudará a afrontar el futuro con otra visión y sentido. Sin embargo, preguntados los líderes de los partidos en liza, cada uno lleva las ascuas a su sardina: “hemos ganado por goleada”, “se observa un crecimiento importante de nuestra candidatura”, “no hemos alcanzado el objetivo marcado” o “preveíamos una derrota mayor que la que se ha producido y resistimos”. Lo cierto es que todas estas declaraciones son solo una verdadera maquinaria de distracción para el electorado, que también tiene su buen grado de responsabilidad al no acudir a votar, incumpliendo así con un deber ineludible, en clara referencia al alto porcentaje de abstención, casi el 50%, la mitad del censo electoral. En cualquier caso y en cierta medida, todos han perdido si nos atenemos a los resultados, pero quien ha perdido realmente es Andalucía.     

          Pierde Andalucía y los andaluces, por una razón muy simple, porque la derecha como la ultraderecha llevará a esta hermosa y solidaria tierra a todo lo contrario, a un retroceso sin precedentes, con unas políticas regresivas y reaccionarias como así ha venido siendo y que ahora, con la ayuda de la ultraderecha, marcará los destinos de nuestra tierra, y ya adelanto que serán de oscuridad y ostracismo. Durante la campaña electoral, el señor Moreno Bonilla ha dicho hasta la saciedad que no quería meterse en un “lío”, refiriéndose a la posible pérdida de la mayoría absoluta, también era un “lío” para él el Servicio Andaluz de Salud (SAS), por eso no ha tenido ocasión, ni antes, durante o después de la campaña aún, de confesar a los andaluces qué provocó en colapso en las pruebas del cribado de cáncer de mama (tampoco tuvo tiempo de reunirse con la Asociación AMAMA e inculpándolas a ellas de su mala gestión, victimizándolas y acusándolas de ser correa de transmisión de socialistas y comunistas, o sea, de darle la vuelta a la realidad con total impunidad, y si no que se pregunten a las más de 2000 mujeres afectadas y todavía pendientes de ser atendidas como corresponde), ni qué cantidades astronómicas ha derivado a la sanidad privada. Para el sr. Moreno Bonilla, no crea que nos va a engañar con sus tretas dialécticas y su carita de bueno, realmente, esto no es un lío porque, lo quiera o no, se sentará con quienes, igual que él, solo desean lucrarse con las privatizaciones de la sanidad y la educación, ofreciendo contratos a doquier a sus amiguetes, familiares y compañeros de fila; por eso no es un lío, ¿o es que olvidó de pronto su afinidad y su estrecha relación con quien es ahora el líder de Vox, el sr. Abascal, compañero inseparable en Nuevas Generaciones del PP? Todo esto del “lío” es puro postureo y escaparate, porque ambos partidos proceden del mismo origen, de la misma raíz ideológica, es decir, franquista, y no han venido a Andalucía para resolver los problemas de los andaluces, sino a detentar el poder de las instituciones para sus propios chiringuitos, sirva como ejemplo que ninguno de los dos líderes han trabajado en su vida, pero sí vivido de la política: ¿cómo explicar, entonces, su millonario patrimonio en tan pocos años?  

            Lamento el desastre político que han protagonizado los partidos políticos andaluces de izquierda, a excepción de Adelante Andalucía, que ha marcado un antes y un después, y ha resultado ser esa organización cercana al ciudadano, preocupada por los problemas de los andaluces y que ha denunciado, el joven profesor y líder de la organización, José Ignacio García, una y otra vez en el parlamento andaluz y en  redes sociales (¿voto de los más jóvenes?), a quienes estaban utilizando el poder para desviar, sin contemplación alguna, los recursos de la sanidad, la enseñanza y la dependencia públicas, a la privada. La consecuencia directa no es otra que su buen resultado electoral. Mas no olvidemos, porque es de extrema gravedad para el sistema democrático, la pasividad e indiferencia de los electores que se quedaron en casa, que no ejercieron su derecho al voto y el deber de hacerlo para ser oídos, en clara responsabilidad y compromiso cívico. Todo proceso electoral tiene la finalidad de dar voz a los ciudadanos y quienes no lo hacen quedan desautorizados para iniciar cualquier tipo de reproche o censura (casi siempre amplificada en los bares). La mayoría de los andaluces hemos sufrido y seguimos sufriendo unas políticas regresivas tanto en la sanidad como en la educación públicas, de las que somos conscientes cuando estamos en una larga lista de espera para una consulta o intervención quirúrgica y que en ocasiones deriva, por necesidad, en usar la sanidad privada para resolver nuestro problema (siempre y cuando se posea solvencia económica, pero, ¿y quién no la posee?); también cuando hemos tenido que buscar plaza en un ciclo de Formación Profesional o en la Universidad privada porque han suprimido estas mismas plazas de los centros públicos. Sin embargo, nada de esto queda reflejado en el voto (desgraciadamente mucho cautivo o clientelar) en las pasadas elecciones andaluzas. 

          Habrá en esto, como en todo, muchos puntos de vista, pero ni la lógica ni el sentido común cabe ni está previsto que así sea en el próximo gobierno de la derecha y ultraderecha andaluza, una ultraderecha rancia, xenófoba e inmisericorde con el pobre y desfavorecido, con el inmigrante, con el diferente al fin al cabo, insensible al sufrimiento humano, y, por tanto, inhumana.                                    El resultado de todo esto es que quien ha perdido por goleada estas elecciones no es sino nuestra tierra, Andalucía, y todos y cada uno de los andaluces. Pensemos el futuro y no perdamos oportunidad de, como bien dice nuestro himno, reivindicar que:

       Los andaluces queremos

       volver a ser lo que fuimos

      hombres de luz que, a los          hombres, alma de ombres  les dimos.

      ¡Andaluces, levantaos!

      ¡Pedid tierra y libertad!

      ¡Sea por Andalucía libre,

      España y la humanidad!