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¿Se conseguirá revitalizar la moribunda calle de mayor solera de nuestro pueblo?

El Rincón de Javier

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Revitalizar la moribunda calle Llana

              Qué sentido tiene la expansión urbanística de un municipio si no ha sido impulsada, razonablemente, por un notable crecimiento de su población. La respuesta, o más bien las consecuencias, la encontramos en nuestra propia localidad; su centro histórico y especialmente, por más que nos duela, sus calles más emblemáticas, “Mesones” y “Llana”, sufren desde hace años un desvanecimiento sin paliativos, agonizante… Atrás quedaron los tiempos de esplendor y de máxima vitalidad de las principales arterias que acapararon la actividad comercial y cultural de nuestro pueblo. Todavía me vienen a la memoria algunos de los servicios y establecimientos que fueron la savia vivificadora de su tránsito casi a diario: El Ambulatorio, la papelería de “El niño Antonio”, el Mercado de Abastos, los “López”, “Juanito Espinosa”; “Tutau”, el “Coliseo”, “Crisanto”, la “Ciudad de Baena”, “Casa Juan”, la “Gloria de las Medias”, “Andrés Hidalgo”, “Zafra”, la pastelería de “Monroy”, el Banco Central, los puestos de castañas…, entre otros.  En realidad, una retahíla de agentes motivadores demasiado generosa como para vernos hoy ante una herencia tan despiadadamente vacía.

          Mientras la mayoría de los consistorios municipales cuidan su casco histórico con el mismo rigor que se protege a una especie en peligro de extinción, en Baena lo hemos terminado convirtiendo en un permanente mercadillo del sector inmobiliario, curioso escaparate. Porque el hecho de que nuestro querido pueblo vende su casco viejo es una evidencia, sólo hay que dar un paseo para comprobarlo por nuestros propios medios…

            En los últimos días hemos podido leer que a primeros del próximo año se pondrá en marcha un proyecto consistente en peatonalizar un buen tramo de la calle “Llana”, contándose para tal fin con una inversión que supera ligeramente el medio millón de euros. Es más que razonable que, desde una perspectiva optimista más que sensata, nos ilusione sobremanera poder contar con muchísimo entusiasmo el acontecimiento que de una vez por todas conseguirá revitalizar la moribunda calle de mayor solera de nuestro pueblo. Pero también es más que comprensible que, desde una perspectiva más prudente que pesimista y por supuesto sin ánimo de que se nos tache de aves de mal agüero, valoremos a semejante buena intención como un fracaso más producto de la incongruencia. Ojalá nos equivoquemos, pero qué sentido común hay en peatonalizar el desierto…

            Será el paso del tiempo quien nos certifique si la asignación de esta partida de medio millón de euros era el balón de oxígeno que realmente fomentaría la reanimación de la calle “Llana” o, por el contrario, era el valor que habríamos de pagar para sufragarle una preciada sesión de tanatoestética.  Sinceramente, ojalá dentro de unos años nos veamos guardando cola y pidiendo la vez en la charcutería de Eduardo León-Salas y en la librería de Pablo Lucena, sin desmerecer a todos los que hoy también resisten y no hago mención.

             ¡Ojalá…!      

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