
Lola Ruiz Arrebola
Siempre he considerado que ser profesora viene muy bien a la hora de analizar cualquier situación o cualquier noticia. Serlo de Historia es un extra. El conocimiento de la Historia es fundamental para interpretar hechos actuales.
Por mi profesión, cuando abordamos los contenidos relacionados con el arte, siempre intento detenerme en aquellos aspectos que pasan desapercibidos para la mayoría de las personas, pero en los que considero interesante que se centren mis alumnos y alumnas. El retrato psicológico que realizan los artistas de aquellos retratados. Ya lo hacían los romanos y lo continuaron artistas como Miguel Ángel o Goya. Mirando sus obras podemos imaginar cómo eran las personas retratadas.
Antes, en aquellos momentos, era la única opción para dejar en evidencia lo perversa que podía llegar a ser una persona (un papa, un rey…), pues hacerlo de otra manera, más evidente, hubiera supuesto para estos artistas un duro escarmiento. La censura estaba a la orden del día.
Me pregunto cómo retratarían estos genios a ciertos personajes en la actualidad. Algunos de estos retratos, de individuos ya en la vejez, acabarían pareciéndose casi con toda seguridad al retrato de la famosa obra de Oscar Wilde, siendo un grotesco reflejo de su interior.
Como he dicho, tiene todo el sentido y toda la lógica. Tener dignidad hace un tiempo salía muy caro.
Lo que no tiene sentido es que en la actualidad le demos tantas vueltas a determinados temas y que no hacerles frente siga minando poco a poco nuestra dignidad.
Por poner un ejemplo en nuestro pueblo. Después de todo lo ocurrido con el rey emérito Juan Carlos I, sorprende que aún sigan existiendo lugares con su nombre en nuestra localidad. Todos y todas conocemos el nombre de nuestro polideportivo.
Hagamos un repaso de sus fechorías. Hablamos de un personaje sobre el que se han publicado noticias relativas a fraude fiscal, blanqueo, dinero en paraísos fiscales a espaldas de Hacienda, acusaciones de cobro de comisiones. Investigaciones que ni tan siquiera se llegaron a producir, ya sea por su inmunidad o porque los posibles delitos han prescrito. Y de los líos de faltas ya mejor ni hablamos, todo una vergüenza nacional.
Costará trabajo explicar, cuando llevemos a nuestros hijos e hijas al polideportivo y nos pregunten por su nombre, lo qué es este señor y por qué se mantiene su nombre en el polideportivo de nuestro pueblo. Espero que quien tenga en sus manos el poder cambiarlo nos libere de pasar ese bochorno.
Y es que, viéndolo con retrospectiva y analizando todos los hechos históricos, cada vez es menos cierto que el rey emérito jugara un papel tan determinante en la transición y llegada de la democracia y, mucho menos, que esto justificara todas las bribonadas que pudiera hacer para obtener nuestro perdón.
No es una cuestión republicana ni antimonárquica, es una cuestión de dignidad. No sé qué es peor, no haber tenido nunca dignidad, haberla tenido y haberla perdido o haberla tenido, haberla perdido y no hacer nada por recuperarla.
Las vergüenzas de este personaje son hoy bien conocidas y no hay gasas que las tapen. Hagamos algo al respecto para recuperar la dignidad y no acabar retratados en el averno con orejas de burro como en la famosa anécdota del cardenal y el artista Miguel Ángel.