Rafael Serrano tuvo una posición privilegiada para observar el XLIX Salmorejo Flamenco. Lo presentó, siguió las actuaciones desde las primeras filas y desde el propio escenario y vio cómo respondió el público a cada artista. Su balance, una vez terminada la noche, es favorable, pero no evita señalar aquello que considera mejorable.
La primera conclusión está en la respuesta del público. La Caseta Municipal se llenó y Serrano percibió un ambiente más respetuoso con el cante que en otras ediciones, pese a reconocer que mantener el silencio durante tantas horas en un festival con servicio de barra resulta prácticamente imposible.
Emilio Rosales abrió el cartel. Serrano habla de una actuación de alrededor de una hora en la que el cantaor baenense “se forzó cantando” y puso sobre el escenario su experiencia y conocimiento de los palos. Su conclusión fue rotunda: Rosales “puso los cimientos para todos los que venían detrás”.
Después llegó José Mercé, que actuaba por primera vez en Baena. Serrano distingue claramente dos partes en su recital. Primero apareció el cantaor que sabía dónde estaba: una peña flamenca y un festival con aficionados que esperaban cante. Interpretó malagueñas, soleá y seguiriyas. Después abrió el repertorio hacia tangos, bulerías y composiciones reconocibles por un público más amplio.
Ahí cambió también la Caseta. Serrano recuerda especialmente a las jóvenes que conocían sus canciones, seguían las letras y acompañaban los temas desde sus asientos. Mercé habló al público, bailó y reivindicó el flamenco y Andalucía. Al finalizar, numerosos asistentes intentaron acercarse al artista. La nota oficial municipal recoge que cerró su intervención con Aire.
Los primeros minutos fueron complicados, pero la cantaora fue recuperando la atención. Llegaron las palmas y el ánimo desde las mesas hasta que Salas dejó el micrófono y salió hacia delante para cantar fandangos sin amplificación. “Se fue metiendo a la gente en el bolsillo poco a poco”, relata Serrano.
El Yiyo llevó después el protagonismo al baile. Su intervención estuvo repartida en tres números y Serrano destaca especialmente las alegrías, donde aprecia la elegancia del bailaor, además de la exigencia física de una actuación prolongada. Según su relato, los tres bloques rondaron aproximadamente los 25, 20 y cerca de 30 minutos. El calor hizo el resto: al terminar, el bailaor y quienes lo acompañaban estaban empapados después del esfuerzo.
José Olmo dejó otra de las actuaciones que sorprendieron al presentador. Serrano considera que estuvo claramente por encima de la impresión que le había producido durante la presentación previa del cartel y recuerda especialmente una seguiriya por la intensidad con la que la interpretó. Su descripción resume también una sensación que tuvo durante buena parte de la madrugada: los artistas parecían exigirse unos a otros conforme avanzaba el festival.
El cierre correspondió a Rancapino Chico y llegó con una dificultad que nada tenía que ver con el cante. Eran aproximadamente las 2.30 de la madrugada y buena parte de los asistentes ya se había marchado.
Quienes permanecieron encontraron, según Serrano, una actuación dirigida especialmente al aficionado. Destaca su forma de abordar los cantes gaditanos heredados de su padre, una voz que no necesita buscar potencia continuamente y esa capacidad para colocar el “pellizco” justo donde el cante lo pide. “Es capaz, sin pegar demasiadas voces, de conmoverte”, resume.
Precisamente la hora a la que comenzó Rancapino Chico conduce a la principal objeción de Serrano. El Salmorejo fue demasiado largo. Su propuesta personal pasa por estudiar carteles con menos artistas para evitar que una parte del público se marche antes de escuchar a quienes cierran la noche.
Con el balance económico todavía pendiente de cerrar, la Peña Flamenca Baenense considera que el incremento de inversión de los últimos años está ayudando a atraer más espectadores y reducir unas pérdidas que, según Serrano, siguen existiendo pero resultan más asumibles para la entidad. La colaboración económica del Ayuntamiento forma parte de ese modelo.
El XLIX Salmorejo deja así una Caseta Municipal llena, artistas que alargaron la noche hasta la madrugada y una cuestión inmediata sobre la mesa: cómo ajustar el formato cuando en 2027 llegue una edición especialmente señalada, la del 50 aniversario.