miércoles, julio 29, 2026
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Rafael Navarro Esquinas, pregonero de la Virgen de Guadalupe 2026: “Quiero que mi pregón sea una oración nacida de la fe y de la familia”

La elección de Rafael Navarro Esquinas como pregonero de las fiestas patronales de 2026 ha sido recibida en Baena como un nombramiento cargado de simbolismo, emoción y sentido profundo. Maestro de Educación Primaria, catequista y hombre de fe, será el encargado de exaltar a la Virgen de Guadalupe, patrona de la ciudad, en un pregón que promete ser íntimo, cercano y profundamente humano.

Su presentación tuvo lugar el pasado domingo, antes de la eucaristía y tras el emotivo acto de presentación de los bautizados ante la Patrona, en un ambiente marcado por la familia, la devoción y la sorpresa. Conversamos con él para conocer cómo ha vivido este nombramiento, su trayectoria personal y profesional, y las claves de un pregón que ya empieza a tomar forma.

Rafael, ¿cómo viviste ese momento en el que se te presentó oficialmente como pregonero ante la Virgen de Guadalupe?

Fue un momento muy especial. Lo primero que sentí fue agradecimiento. Así lo dije nada más tomar la palabra: dar las gracias a todos los presentes por acompañarme en esta presentación como pregonero de la decimoquinta exaltación a nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe. Y, especialmente, a la Cofradía y a su Junta de Gobierno, porque para mí es una distinción que considero inmerecida. Todo se vivió con mucha cercanía, con la familia muy presente, y eso lo hizo aún más emotivo.

El nombramiento fue reciente y, por lo que sabemos, incluso inesperado…Totalmente. Me lo comunicaron hace apenas un par de semanas y, sinceramente, me sorprendió. Yo pensaba que estos nombramientos se hacían con mucha más antelación. Cuando José Miguel me dijo que la presentación era en dos semanas, pensé: “Esto hay que asimilarlo poco a poco”. Pero al final, gracias a Dios, todo se vivió con mucha naturalidad, rodeado de mi gente, mujer e hijos, con mi madre, mis hermanos, mis sobrinos… Fue muy familiar.

De hecho, la familia parece estar en el centro de todo este proceso.

Sin duda. La devoción a la Virgen de Guadalupe me viene de mi abuela primero y, sobre todo, de mi madre después. Es una fe que se ha vivido siempre en casa y que ahora intento transmitir también a mis hijos. Cuando me llamaron para proponérmelo, estaba precisamente en casa de mi madre. Fue la primera persona a la que se lo conté.

Has confesado que tu primera respuesta fue un “no”. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

Sí, mi primera respuesta fue negativa. Argumenté la carga de trabajo que tengo como maestro, que es real, pero en el fondo era una excusa. No me veía capaz. Siempre he pensado que ser pregonero es algo muy complicado. Nada más colgar, salí de casa de mi madre y, al pasar junto a la imagen de la Virgen que tenemos en casa, sentí que no podía negarme. Lo viví casi como una negación a Ella. Luego hablé con mi mujer y mis hijos, vi la ilusión en sus ojos… y en apenas quince minutos llamé de nuevo para decir que sí. Esa noche no dormí, pero ahí empezó todo.

Profesionalmente eres maestro de Educación Primaria, especialista en Educación Física. ¿Cómo influye esa faceta en tu forma de afrontar el pregón?

Mucho. La educación te enseña a comunicar desde la cercanía, desde la verdad. Además, estoy muy vinculado a la pastoral educativa, como catequista en San Bartolomé. Todo eso forma parte de quien soy. No soy orador ni retórico, y eso lo tengo claro, pero sí soy una persona de fe y de vivencias, y desde ahí quiero hablar.

¿Cómo imaginas el pregón? ¿Qué tono tendrá?

Tengo claro que no quiero que sea un pregón al uso. Mi idea es que sea más una oración que un discurso. Basarlo en una oración mariana e ir desglosándola, intercalando vivencias personales, familiares y también algunas pinceladas de la historia de la Virgen de Guadalupe. Será un pregón muy emocional, muy sentimental y muy familiar. Nada que ver con un pregón de Semana Santa, que es distinto en estructura y contenido.

En ese proceso, ¿qué le pides especialmente a la Virgen de Guadalupe?

“Lo que más invoco a la Virgen es que me ayude a hacer los sentimientos palabras, a verbalizarlos y a saber hacerlo. Y no solamente que sean mías —que lógicamente debería ser así—, sino que también me gustaría que fuera el sentir de todo el pueblo hacia la que es nuestra Patrona.”

¿En qué punto del proceso creativo te encuentras ahora mismo?

En una fase de recopilación de ideas. No hay día que no se me ocurra algo: en el coche, en momentos de oración, incluso trabajando. Tengo una carpeta abierta y voy anotando todo. Ya tengo más o menos claro el hilo conductor, pero aún queda mucho por ordenar. La idea es que, cuando llegue el momento, sentarme, organizarlo todo y darle forma definitiva. Saber que tengo tiempo me da tranquilidad.

¿Qué te gustaría que sintiera el pueblo de Baena al escucharte?

Me gustaría que no solo fueran mis palabras, sino que reflejaran el sentir de todo un pueblo hacia su Patrona. Le pido a la Virgen que me ayude a poner en palabras los sentimientos, a verbalizar lo que muchos llevamos dentro. Si consigo eso, me daré por satisfecho.