miércoles, julio 29, 2026
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Pepe Carmona ingresa con sobresaliente en la academia de los pregoneros baenenses.

¡De repente! Ahí estaba junto al atril del Teatro Liceo, José Carmona Ruiz. Toma el testigo pregonero de manos de Juan Carlos Roldan, tras dos años de espera, para pasar el examen del “Senado de Baena”.

Un pregón que, regresado a tiempos pretéritos para buscar el origen de la Semana Santa de Baena, muy ligada a la propia historia de la localidad, coincidiendo con sus orígenes romanos, árabes y cristianos que han ido modelando nuestra semana mayor como ha ido relatando el pregonero. No olvidaba traer a su pregón una amplia estirpe de admirados hijos de Baena que han puesto su grano de arena para afianzar esta fiesta religiosa.

Que se preparen

Con una exposición en prosa que finalizaba cada parte con una poesía que resumía esta fase de la exposición ha ido dando a conocer, al Senado baenense, como siendo un observador en la sombra este pregonero ha ido anotando mentalmente todas estas tradiciones, vivencias, que ha querido compartir con el público.

Especial detenimiento ha tenido, durante los 40 días previos a la Semana Mayor. Días de preparativos, de asistencia a los numerosos actos que tiene lugar en las diferentes hermandades, en cada casa cofrade se vive con intensidad la Cuaresma, así lo ha contado el pregonero para llegar a “los siete días de la metamorfosis natural de la Semana Santa”.

Este recorrido cuaresmal, ha sido revivido internamente por el público, a través de las palabras de Carmona, desde el miércoles de ceniza, los candelorios, los actos cofrades y la esencia de la cuaresma baenense que son los Misereres, con sus “cinco viernes de chaquetas rojas que tras recorrer el decomanus maximus hasta el templo franciscano con el atronador sonido de sus cajas de guerra”.

Segundo día de Reyes

Con la presentación de la procesión de la Borriquita ha iniciado su particular peregrinación por los días grandes de la semana Santa, “la salida de Jesús Triunfante de la Jerusalén de Baena” abre las puertas de la semana de pasión.

A la vez que se detenía para poner en valor a toda una serie de personas secundarias que son claves para el buen desarrollo de nuestra semana grande para llevar a buen puerto “el barco cofradiero”.

Pepe Carmona se deja ir desde las primeras horas del Miércoles Santo, para poder disfrutar el ambiente, ir pasando de puntillas alrededor de la muralla contemplando el ambiente, disfrutar de las tertulias de la peña la reventona esperando la llegada del atardecer para asistir a la sencillez franciscana de la procesión de Nuestro Padre Jesús del Huerto.

En la mente del público se dibujaba la imagen de la mañana del jueves santo, cuando las turbas de judíos entraban por la puerta del tempo ante las imágenes silentes de los titulares, para la celebración de las confesiones. Recordaba José Carmona a los cofrades ilustres y rasos que forman parte de la cuadrilla del cielo.

Glosaba la tarde del Jueves Santo con un correr sin parar para poder asistir a los diferentes actos que se inician en la Iglesia de Guadalupe y que se desarrollaran por todos los templos de la localidad.

La Almedina se convierte en punto de encuentro para contemplar la salida de las distintas hermandades que componen la cofradía del barrio. “Una cofradía que gracias a su constancia y buen hacer cofrade ha ido recuperando todo su patrimonio imaginero”.

Gracias a su formación clásica, nos vuelve a recrear esos momentos de retiro de Jesús en Getsemani, situándolo en la Almedina. Tras su prendimiento, el barrio revive si particular Vía Crucis con su Cristo del Perdón en su peregrinación por las distintas calles de la Almedina en un silencio absoluto roto por el sonar de los enlutados que acompañan con paso parsimonioso el Vía Crucis de la cofradía.

“La legión romana se rinde ante el Cesar de Baena en la mañana del viernes santo”, que con los primeros rayos del cielo se pone en marcha una comitiva a través de la vía dolorosa que comienza en la puerta Córdoba, “cuando un universo de baenenses viene a rendirte honores”. Presenta una estampa clásica del amanecer del viernes santo cuando una multitud de fieles precedente a la Vera Cruz, las Cuadrillas de Hermanos de Jesús, los 33 nazarenos, mientras que Jesús inicia su tránsito por las calles de Baena en su caminar hasta el Calvario, acompañado por la Magdalena, la Verónica, San Juan, Ntra Sra de los Dolores.

Tras la llegada de la hora nona, se abren las puertas de Guadalupe en un corto recurrido se contempla el ultimo suspiro del cristo de la sangre, como su madre mece dulcemente a su hijo muerto. Con un cielo vestido de luto se porta al cristo yacente. El pregonero recordaba la representación en el interior del tempo, allá por los años 20 del siglo pasado, del descendimiento del cuerpo de cristo.

Sábado de Gloria, operación recogida, costaleros solidarios que guardan los pasos, camareras que desvisten las imágenes, horas frenéticas para dejarlo todo dispuesto para posteriormente hacer jornadas de convivencia en los diferentes cuarteles.

Sonido lejano de los primeros tambores para acudir solemne de eucaristía del Domingo de Ramos. María Magdalena anuncia que la vida ha triunfado sobre la muerte, con la apertura de las puertas de Guadalupe, Cristo Resucitado se aparece, sin esperarlo.