
Lola Ruiz Arrebola
Hay un lugar que, en no pocas ocasiones, me ha servido para reflexionar y esbozar algunas ideas que después he plasmado en esta columna. Ese lugar no es otro que la azotea de mi casa. Mi mirador particular. Un lugar privilegiado que me permite contemplar una buena parte de Baena y, hasta donde alcanza mi mirada, la Subbética al fondo y Zuheros. Una visión panorámica de mi pueblo y el espacio que lo rodea.
Ver la Almedina, de origen árabe, con la Torre del Sol, el Castillo, primero árabe y cristiano después, el campanario de Santa María la Mayor… Desviar la vista hacia abajo y observar las casas escalonadas que descienden hasta lo que es el comienzo de la calle Tinte. Ahí se detiene mi mirada, intentando dar un salto por encima de los edificios y árboles que me impiden ver el Corralaz, el lugar donde vivieron los judíos hace siglos. A lo largo de ese paseo han ido desfilando por mi mente diferentes culturas: cristiana, musulmana y judía. Cada una representada en los edificios que acabo de contemplar o en la memoria del lugar donde habitaron. Una Baena multicultural.
El desarrollo de los acontecimientos a lo largo de la historia ha querido que una de ellas, la cristiana, se imponga a las otras. Algunas personas pensarán y manifestarán abiertamente que eso les da derecho a despreciar a todo aquel que no encaje en el perfil que han ideado en su cabeza.
Y todo ello lo digo a raíz de los acontecimientos ocurridos en Ceuta y la forma en la que se han expresado los dirigentes de determinados partidos políticos, algo que me ha hecho recordar el Pleno Municipal del mes de julio.
Nunca pensé que en un Pleno de la Corporación Municipal de mi pueblo oiría expresiones como “invasión”, referida a personas que llegan sin nada, buscando una vida mejor.
Pero intentar utilizar la historia para justificar esa postura me parece de un cinismo que no se debe dejar pasar, ni tolerar. No sé qué visión tendrán las personas que así se expresan de lo que es la historia de este lugar, pero han de saber que aquellos cristianos que ocupaban el territorio de la Península Ibérica, que no España, durante la Edad Media, luchaban también entre ellos, aliándose con los musulmanes a conveniencia, y que algún que otro “héroe”, como El Cid, al que idolatran, no era más que un mercenario al servicio del mejor pagador, fuera cristiano o musulmán. Como entonces, ahora también es una cuestión de dinero, no de raza, creencia o religión. Si vinieran con millones a comprar nuestras casas para especular y nuestros recursos, más de uno les pondría la alfombra roja.
Y es que toda la humanidad ha sido invasora. Desde el principio. En el sentido más estricto. Desde siempre hemos sido “invadidos por africanos”, hace muchos miles de años. De hecho somos descendientes de ellos.
No veo a esas personas que llegan sedientas, desnutridas en muchos casos, y solo con lo puesto y mucho miedo, huyendo de la miseria, las guerras o las persecuciones, como ejércitos invasores que quieren acabar con nuestra cultura.
A todas esas personas a las que se les llena la boca con expresiones como prioridad nacional o invasión, las invitaría a pronunciar otra palabra “multiculturalidad”. No se van a atragantar por ello. La “interculturalidad” la dejamos para la próxima vez, vayamos paso a paso.
La interacción entra las distintas culturas desempeña un papel relevante en el municipio de Baena, cuya historia ha estado marcada por la presencia de diferentes pueblos y civilizaciones que han contribuido a configurar nuestra identidad.
Que Baena continúe siendo un espacio de encuentro entre personas de diferentes orígenes, supone una oportunidad para fomentar el respeto, la inclusión y el enriquecimiento mutuo. La promoción de la interculturalidad en el ámbito educativo, social y cultural favorece una convivencia basada en la igualdad de oportunidades y el reconocimiento de la diversidad como un valor que fortalece la cohesión social y contribuye al desarrollo de nuestro pueblo.
Así es que, como nuestros ancestros que descendieron de los árboles y comenzaron a erguirse para poder contemplar el mundo y no solo el pequeño espacio a su alrededor, repleto de arbustos que les impedía ver la realidad, les animo a que levanten la mirada, suban a la azotea y obtengan una visión panorámica del mundo, no se queden en su parcela defendiéndola con uñas y dientes de peligros externos que no son reales.