A pesar de la lluvia, Baena ha vivido una gran actividad cofrade que, en su primer fin de semana de Cuaresma, que concluía esta mañana con la celebración de la octava edición del Pregón Infantil que organiza la Cofradía de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén. Donde el joven cofrade, Manuel Jurado ha exaltado, y emocionado a la vez su pasión por la Semana Santa de Baena. Un evento que no solo consolida la tradición, sino que también siembra en las nuevas generaciones el amor por la Semana Santa de Baena.
El acto comenzó con la presentación de Lala Santaella, pregonera del año anterior, quien cedió el testigo a Manuel con unas palabras cargadas de sentimiento: “Hoy acaba y empieza todo”. Una frase que encapsula el espíritu de la Semana Santa, donde la fe se renueva, los tambores callan para dar paso a la reflexión, y las imágenes regresan a sus templos hasta el próximo año.
Manuel, con una madurez sorprendente para su edad, se adueñó del escenario y tejió un relato que recorrió los momentos más emotivos de la Semana Mayor. Narrando con pasión los recuerdos de su infancia, los valores que su familia le inculcó y el significado profundo de cada día de la Semana Santa baenense. Con un discurso lleno de vivencias personales, consiguió conectar con el público de una manera casi mística.
La solemnidad y la emoción del acto fueron engrandecidas por la presencia de la Centuria Romana de la Virgen de las Angustias, cuyos sones acompañaron el pregón, dotando al evento de una atmósfera aún más especial. Las marchas interpretadas por la centuria fueron el telón de fondo perfecto para las palabras de Manuel, creando un clima de recogimiento y fervor que caló en el corazón de los asistentes.
La Semana Santa a través de los ojos de un niño
El pregón de Manuel no fue un simple recuento de hechos, sino un testimonio de amor y entrega. Habló de su primer Miserere, de los tambores que resuenan en su corazón desde que tiene uso de razón y de la profunda emoción que le embarga cada Jueves Santo cuando acompaña a San Juan.
“Cada toque de tambor, cada marcha, cada imagen tiene un significado especial para nosotros. No es solo una tradición, es la historia de nuestra fe y nuestro pueblo”, exclamó ante un auditorio sobrecogido.
Su discurso también reflejó su profundo conocimiento sobre cada una de las hermandades a las que pertenece. Como joven cofrade, Manuel ha vivido cada procesión desde la pasión y el compromiso, siendo testigo de los sentimientos que unen a todo un pueblo en torno a su fe. Habló con devoción de Nuestra Señora de los Dolores, de la Hermandad de San Juan, de la Virgen de las Angustias y del Dulce Nombre de Jesús, destacando la importancia de mantener viva la llama de la tradición y el papel de los jóvenes en la continuidad de la Semana Santa baenense.
“Es nuestra responsabilidad, como jóvenes cofrades, recoger el testigo de aquellos que nos precedieron y asegurarnos de que nuestra Semana Santa continúa brillando con la misma intensidad”, afirmó con determinación.
Si hay un día en el que el pueblo de Baena se llena de emoción y recogimiento, es el Viernes Santo. Manuel habló de este día con una intensidad especial, relatando cómo desde tempranas horas se respira un ambiente distinto, una mezcla de solemnidad, fervor y un respeto casi sagrado por lo que representa.
“El amanecer del Viernes Santo trae consigo un silencio especial. Es un día de reflexión y de profunda entrega. Es el día en que el pueblo entero acompaña a Jesús Nazareno en su camino hacia el Calvario, un recorrido que se siente en el alma y que nos hace comprender el verdadero significado de nuestra fe”, expresó con emoción.
Recuerda con especial cariño una vivencia personal con su tío Antonio, cuando este, le contó en un Viernes Santo, subido sobre sus hombros, el sentido de la vida de Jesús, de cómo Dios dio su vida por nosotros, su entrega y sacrificio hasta llegar a ser crucificado “ recuerdo que me dio tanta pena que dejé de salir de judío. No entendía cómo se lo había llevado para crucificarlo, he de decir que tenía cuatro o cinco añitos. “Me costó algunas semanas y a mí algunos años a entender el significado de todo lo que de todo lo que me contaba sobre la vida de Jesús, todo lo que me enseñó fue muy sencillo. Es tan sencillo como creer”
Pero si hay un momento en el que el silencio se convierte en devoción absoluta, es la noche del Viernes Santo, cuando la Virgen de las Angustias recorre las calles en su paso solemne. Manuel describió con emoción el momento en que la imagen de la Dolorosa, con su manto oscuro y su rostro bañado en lágrimas, avanza entre la multitud, iluminada solo por la tenue luz de los cirios.
“La Virgen de las Angustias es el reflejo más puro del dolor de una madre. Es imposible mirarla sin sentir un nudo en la garganta, sin que el alma se estremezca ante su mirada de pena infinita”, expresó Manuel con profundo respeto.
“Cada paso de la Virgen es un testimonio de amor y sacrificio. La veo y pienso en mi madre, en mi abuela, en todas las mujeres de mi familia que han mantenido viva esta devoción y que cada año me enseñan que la fe no es solo algo que se practica, sino algo que se siente en lo más profundo del corazón”, añadió emocionado.
Un Domingo de Ramos con dos nuevos acompañantes
Las nuevas imágenes han sido talladas en madera de cedro los torsos, manos y piernas cuidadosamente trabajados para dotarlas de una expresión serena y natural. Se trata de un niño y una niña hebreos, ambos ataviados con túnicas de época, cuyos gestos reflejan la emoción y el fervor de quienes fueron testigos de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Estas esculturas son el último proyecto de la cofradía que viene a culminar los anteriores que fueron puesto en marcha por los fundadores de la hermanda que ya no están con nosotros, a los que dedico un recuerdo el actual hermano mayor “ fin se completa un proyecto que iniciado por los que nos precedieron, quienes pusieron todo su amor en ellos y lo estarán viendo el cielo, don Virgilio Olmo primer hermano mayor, Pablo Lucena, hermano mayor honorario y don Antonio Guijarro hermano fundador”.
La inclusión de estas figuras es un homenaje a los más pequeños, recordando que fueron ellos quienes, con sus palmas y ramos de olivo, recibieron a Jesús con júbilo y alegría. Su incorporación al paso es también un guiño a la vitalidad de la Semana Santa baenense y al compromiso de seguir transmitiendo la tradición a las generaciones futuras.
“Jesús no pudo tener mejor compañía en su entrada en Jerusalén que la de los niños”, expresó Pablo Lucena, visiblemente emocionado al presentar las esculturas.