Las cofradías hermandades de Baena extreman la vigilancia y refuerzan la seguridad tras los recientes asaltos en templos y casas de hermandad
Tras la oleada de robos que en los últimos días ha sacudido tanto a la localidad como a municipios cercanos, las cofradías y hermandades viven con una mezcla de preocupación y resignación, reforzando sus medidas de seguridad y vigilando con más celo su valioso patrimonio devocional.
“Tenemos nuestras medidas, las que nos aconsejaron desde el Obispado. Pero si hasta en el Louvre roban… imagínate nosotros”, comenta Javier Valbuena, Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, consciente de que la amenaza no entiende de fronteras ni de reliquias.
Desde la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, su Hermano Mayor, Julián Muñoz, asegura que, aunque no han tomado medidas extraordinarias, sí han redoblado la precaución:
“Estamos más cautos. Revisamos con frecuencia que todo quede bien cerrado. La iglesia cuenta con alarma y cámaras, pero ahora miramos cada detalle. Confiamos en que sean robos aislados y que las fuerzas de seguridad den pronto con los responsables”.
Una de las primeras voces en alertar sobre esta preocupante tendencia fue Verónica Agundo, Hermana Mayor de la Ilustre Archicofradía de la Vera Cruz y Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, cuya cofradía sufrió un robo el pasado jueves, quien ya estudia reforzar la seguridad en la sacristía, el punto más vulnerable en los tres robos sufridos recientemente.
Por su parte, Pablo Lucena, Hermano Mayor de la Cofradía de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén (La Borriquita), confirma que tanto la iglesia como la capilla cuentan con sistemas de alarma y rejas protectoras, una medida que aporta cierta tranquilidad, aunque sin bajar la guardia.
El sentimiento más compartido entre las hermandades es el de temor y tristeza. Alfonso Rodríguez, Hermano Mayor de la Real Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario y Santo Cristo Resucitado, lo resume con emoción contenida:
“Es muy triste lo que está pasando. Las cofradías trabajamos durante años para adquirir nuestros enseres, muchos de ellos donados por devotos con gran sacrificio. Lo más doloroso es el valor sentimental de lo robado. Desde hace tiempo tenemos medidas de seguridad, pero ahora las hemos reforzado aún más, esperando que las alarmas ayuden a evitar más noticias desagradables”.
Los robos no solo amenazan el patrimonio material, sino también el alma de las cofradías, que encuentran en sus imágenes, enseres y templos una parte esencial de su identidad colectiva. Mientras tanto, los hermanos mayores confían en la rápida actuación de las autoridades y en la colaboración ciudadana para frenar esta preocupante cadena de asaltos.

