La zafiedad que se asocia a una arquitectura (Parte II)

Dañar la piel de tu ciudad, es una actividad cargada de violencia incestuosa. La elenfatiasis expresada en el suelo urbano, en el edificio frente al Centro de Salud, de cinco plantas, ¿no es una afrenta al barrio tan humano como la Ciudad Jardín?
Si miramos al Ensanche esos edificios de cinco plantas y de cuatro plantas, construidos antes de las NN SS de Planeamiento Urbanístico, hay un edificio de cuatro plantas, planteado en proyecto para cinco en la calle Silos-Arquitecto Mateo Gayà. Bajar a cuatro le costó al ayuntamiento la reforma del proyecto; este edificio insulta y maltrata el concepto de arquitectura; hay otro de cinco plantas, rodeado de viviendas unifamiliares de dos plantas, este en la misma calle doscientos metros más arriba, en el vivimos Loli y yo como primera vivienda de alquiler, terminada mi mili. ¡Todo un atropello a la arquitectura y el urbanismo decente!, respiran rechazo con todas las miradas. Eran tiempos de impunidad, de disponer del suelo urbano para construir como diera la gana, con la connivencia de ayuntamientos, diputaciones y colegios de arquitectos, que si se disponía de alguna normativa que ordenara la actividad constructiva, no se aplicaba, en una lasitud y con una dejadez de juzgado de guardia, por los poderes municipales y los técnicos que debieran perseguir las infracciones…aunque estos, muchos, estaban en connivencia lucrativa de dejar hacer, los políticos franquistas que estaban donde sus últimos coletazos en los ayuntamientos, llevaban unos años en maratón permanente dando licencias para el destrozo de las ciudades y el llenado de la bolsa. Estas causas perdidas, que me despiertan la rabia y la vehemencia, debieron, deberían o debieran de tener más gente, más ciudadanos, como yo adheridas a ellas, ¿no tengo razón y son molinos de viento contra los que combato? ¡¡que más soez y despreciable puede ser, la franja de varios edificios frente al antiguo C.P. Amador de los Ríos, calle Poeta Antonio Machado, en esquina con esta calle, el edificio de cinco plantas frente al Centro de Salud con un impacto visual obsceno sobre la humanidad del barrio Ciudad Jardín; o la calle Agustín Valverde, margen izquierda, tramo de cuatro plantas donde se encuentra el asador de pollos de Pepe !!. Todo un baldón para la ciudad, no solo por su miseria estética y con ese número de plantas sin sentido por especulación de cruel usura. Aquello era el juego sin reglas de trapicheadores de la construcción, embaucadores de los necesitados, subalternos de los amasadores del lucro, siempre faltos de derechos por su trabajo, los tejedores de esos horribles edifico en el vasto tejido del callejero de Baena. Aquello, llamado desarrollismo, los finales de los años cincuenta y los de los años sesenta, llenó de gentes de Andalucía, Extremadura o Galicia a la emigración interior a Barcelona o Madrid. Los que se quedan en esos pueblos, a los que llamo subalternos del régimen franquista, entraron a una prosperidad hortera, con la construcción, eran albañiles convertidos en constructores orientados desde las bandas del ayuntamiento y el arquitecto municipal sin incompatibilidad.
No señalo más, pero puedes mirar a los edificios que cuentan con más de 45 años construidos, todo el de más de 3 plantas se hizo ilegal o como poco alegal, así me lo parecía y me lo parece a mí, habiendo estudiado las Normas Complementarias y Subsidiarias de la provincia de Córdoba, cuando aún no había instrumento urbanístico y de planeamiento en los pueblos de la provincia, como Baena.
La primera Corporación Democrática, conmigo de alcalde, quiso poner orden, racionalidad y control en las construcciones y en el desarrollo urbano y la expansión del casco urbano. Se redactaron unas NN SS de Planeamiento Urbanístico, que, junto con los aprendices locales de plutócratas, los de la UCD, motivados en su acoso a las NN SS por los intereses bastardos de promotores sin escrúpulos aliados con constructoras afines y por aquellos concejales que los defendían, de esto hablo largo en mis memorias, que espero sean editadas pronto.
Ya vivo con resignación, esta y otras situaciones a las que se ha llevado a Baena, con demagogia en orza, que se sacaba día a día. Se construía ciudad pensando en los beneficios de los que lo hacían, no en los intereses de los ciudadanos, y eso bajo la égida de aquellos alcaldes sátrapa. Dejando hacer, para que lo hecho nos sirviera de ejemplos de infamias a la piel de una ciudad… cuatro advenedizos anidaron por Baena, traídos por el alcalde, paseándose por ella como tierra conquistada. Cuando se fueron dejaron tierra quemada, léase el Coscujo o el Plan Parcial frente al nuevo instituto y esas calles para aparcamiento de camión tráiler.
Aquel maratón de arquitectura del régimen franquista, tuvo su arranque en Baena con los edificios sindicales y después con los que se construyeron en San Jorge y San Isidro y frente a la Plaza de Sargento domingo Argudo. Todo un baldón para la ciudad, no solo por su miseria estética y de espacios habitables. Con ese número de plantas sin sentido y sin necesidad, que no fuera de la sacar el máximo beneficio. Sin importar las condiciones de vida de hacinamiento en esos pisos. Con estrechas escaleras y sin posibilidad de un pequeño ascensor, pues no hay hueco alguno para ello.
Trapicheadores de la construcción, embaucadores de los necesitados, subalternos de los amasadores del lucro para “un mercedes”, siempre faltos de derechos por su trabajo aquellos albañiles a los que mandaban a construir, los tejedores de esos horribles edificios en el vasto tejido del callejero de Baena. Aquello, que vino con el llamado desarrollismo de los años sesenta, lleno de gentes de los pueblos de Andalucía, Extremadura o Galicia, a la emigración interior, a Madrid y Barcelona. A los ricos burgueses de allí consiguieran enriquecerlos más estos emigrantes…Los que quedaron en los pueblos, aquellos a los que les llamo subalternos del neo-caciquismo instalado, comenzaron a constituir una clase media de régimen franquista, llegando a ser constructores, transportistas, contables, almacenistas, comerciantes, arrendadores, comisionistas, carniceros-salchicheros…
Nunca pondré en tela de juicio al que gana dinero, si se lucra con el trabajo bien hecho, en su profesional o con su empresa. La chapuza, sea en la construcción de un edificio o en el guiso de una paella con el arroz pasado, recibirán mi menosprecio, pues la búsqueda del trabajo bien hecho debe ser la satisfacción del profesional y otros se encargarán de ensalzar. Aquellos que consiguieron dinero explotando, quitándole los derechos a esos explotados y luego comprando fincas rústicas, no se identificaran nunca como empresarios honestos. ¡Basta de narcisismo sin recato y de egocentrismo cargado de cicatrices seniles!
El arquitecto-doctor no tuvo la más mínima lealtad al callejero de su pueblo, aplicó escuadra y cartabón y subidas de nivel hacia el cielo, sacando provecho al suelo, dando sombra a la umbría, ¡hay que ver!, en calles del Casco Antiguo; terrazas en vuelos infames que nunca se habitan ni son contenedoras de un tiesto de geranios.
Sigue la confrontación Casco Antiguo-zona del Ensanche, hubo un interregno en ello cuando fui Alcalde, pero sigue perdiendo batallas el más débil.
¿dónde está la oferta de viviendas sociales en el Casco antiguo que serían savia revitalizadora?
La década, sobre todo, de los setenta el monopolio de lo que se construía lo tenía el arquitecto, que hizo ver también al grupo de constructores, despertados a la ambición egoísta e inmoral, que podía alimentarse con edificios en altura y así obtener un beneficio rápido y amplio. No había la menor cuartilla de papel de suelo para ello en el Casco antiguo. Pues había que desplegar el mapa de los rústico y hollar por la zona de las casas baratas y la Haza del Reloj y luego con oportunismo, y con una clase de párvulos para la especulación, a rellenar el espacio entre estas edificaciones y el límite de las casas suelo urbano. Se comenzaron a ver los beneficios pertinentes con ese relleno y arquitectos y constructores autóctonos, poco después, los advenedizos aparecidos en las alcaldías de los Moreno, con sus modificaciones de las NN SS y luego su Plan General, en el virginal terreno se fue abriendo calles, algunas plazas y alturas en la construcción muchas alturas, para que el beneficio fuera con ellas, más alto. Tomaron el viento a su favor, suerte así no tuvieron que darle la vuelta a la parva para que aquel aire les entrara, los arquitectos, los contratistas y el ayuntamiento se pusieron las botas.
Luego llegó “el rey del mambo”, ¡perdón el rey de la especulación!, que se le hizo hijo predilecto, y este también “se puso las botas” con un brillo segador que les dejaba en ellas el Luis; también brillo a las monedas en la bolsa, lo que permitió quitar más de un desconchón de las paredes de la Casa Grande de Torrejón de Ardoz. El ayuntamiento de esos tiempos con la megalomanía del alcalde Luis Moreno, debilito su moralidad y su dignidad con la corrupción, la especulación re-calificando suelos, el robo de sus caudales del presupuesto y la transacción de sus servicios públicos más rentables (agua, basura, limpieza viaria…).
En el ensanche, los mejores solares, “pendientes de que se convirtieran en breva”, los mejores espacios para urbanizar eran ocupados por edificaciones para guarda de aperos, materiales y productos agrícolas de la labranza, también eran llamados corrales (en uno de ellos mi amigo, también rojo, Luis Carlos Rejón se hizo un jugador de tenis, a tener en cuenta) , con silos para el grano, el aceite o el vino, eran propiedad de los señoritos, de los terratenientes de apellidos detentadores del dinero (de eso que vinieron al mundo con una cuchara de plata en la boca), del poder político local, y los cortijos cargados de fanegas de tierra calma, de olivares y de viñas, Aunque alguno tenía sus ancestros de queseros.
(Hay una parte III)
Carlos Arenas, primer alcalde de la democracia, 1979-1983

