El Puente de Piedra se ha vuelto a vestir de fiesta. La explanada junto a la ermita de la Virgen Blanca de la Alegría comenzó a llenarse de emoción, devoción y aroma a campo.
Este año ha tenido un carácter aún más especial: la hermandad ha estrenado un imponente retablo y un nuevo estandarte que han emocionado a los devotos y devotas de la Virgen.
El otro gran estreno ha sido el nuevo estandarte, más sencillo pero lleno de simbolismo. Atrás quedaron las cruces de Jerusalén y las referencias a etapas anteriores de la cofradía. Ahora, la imagen de la Virgen Blanca romera preside un diseño sobrio y elegante, que marca el inicio de una nueva etapa. “Queríamos algo que representara realmente a esta hermandad, que ya cuenta con estatutos propios y está inscrita oficialmente como entidad religiosa”, señala Castro.
Pero la romería no solo ha brillado por sus novedades visuales. Lo ha hecho también por el estómago, gracias a la monumental paella para 200 personas que Tomás Pulido empezó a preparar… ¡a las seis de la mañana!
La fiesta ha estado acompañada por un ambiente inmejorable: sol, buena temperatura y mucha participación. Desde concursos infantiles hasta actuaciones musicales, la jornada ha contado también con el imprescindible toque ecuestre de la Peña Caballista La Pirueta, con más de 35 jinetes, varios carruajes y una cuidada estética romera. “Venimos por devoción, pero también para dar vida a esta tradición que no puede perderse”, afirmaba su presidente, José Luis Lozano.
La jornada culminó con actividades para niños, música popular, entrega de trofeos a los jinetes más elegantes y un deseo unánime: que la romería siga creciendo.