jueves, julio 30, 2026
BOcio/Cultura

La propuesta artística Dial-A-Story impacta en Baena al revelar relatos auténticos de violencia de género

La entrada del pabellón Juan Carlos I se transformó estos días en un pequeño salón simbólico donde cuatro sillones de colores llamativos y un teléfono antiguo se convirtieron en la puerta de acceso a una verdad incómoda, pero urgente. La delegación de Igualdad del Ayuntamiento impulsó una instalación artística que, lejos de dejar indiferente, atrapó a todo el que se acercó: Marca-Una-Historia.

Una propuesta escénica performativa que mezcla arte, memoria y acción social, creada por la compañía Proyecto Cultura de Mérida y explicada al detalle por su director, Chema Pizarro. La dinámica parece sencilla—marcar un número en un viejo teléfono de disco—pero lo que aguarda al otro lado es cualquier cosa menos simple.

Un salón amable que esconde historias que duelen

Los espectadores se sientan como si estuvieran en su propia casa. Frente a ellos, el teléfono. Al marcar un número, comienza la escucha: microrrelatos basados en testimonios reales de mujeres que han vivido violencia en todas sus formas. Las voces que los narran pertenecen a actores y actrices, capaces de transmitir la crudeza sin perder la humanidad.

Pizarro lo describe como “un shock inevitable” para quien participa. Porque, aunque la puesta en escena sea amable, las historias no lo son.
Y ahí reside el impacto: en presentar lo cotidiano —un salón, un teléfono, un gesto tan simple como marcar un número— frente a una realidad que muchos prefieren no mirar de frente.

Un espejo social que incomoda… porque es real

El creador de la instalación comparte un dato que estremece: entre el 80% y el 90% de las personas que participan conocen o han vivido un caso de violencia de género. Un porcentaje que convierte la experiencia en una especie de confesionario colectivo, donde no solo se escucha: se reconoce, se recuerda, se comparte.

El objetivo no es solo sensibilizar; es activar. “Es el momento de coger el teléfono, de llamar, de gritar, de empezar a solucionar”, insiste Pizarro, que subraya la necesidad de hablar antes de que sea demasiado tarde: un vecino, un familiar, un número oficial, cualquier vía que permita frenar el daño antes de que sea irreversible.

El proyecto, que ya ha viajado por distintos puntos de España, se ha convertido en un ejercicio de memoria colectiva y un recordatorio de que la violencia de género no es un concepto abstracto, sino una realidad que sigue sucediendo cada día.