La masonería en Baena
Cualquiera al leer el título de este artículo podría pensar que si hubo masones en Baena debió ser durante la II República, ya que desde los primeros días de ésta la derecha difundió la idea, un bulo diríamos hoy, de que una alianza de judíos, masones y comunistas conspiraba para destruir la España cristiana. Sin embargo, gracias a que el período de la II República y la guerra civil en Baena está bien estudiado y documentado, no nos consta que entre 1931 y 1936 hubiera constituida en la localidad logia alguna.
Recientemente asistí a una conferencia del profesor Juan Ortiz Villalba, natural de Luque, sobre la masonería en Córdoba. Después de la conferencia pude hablar un rato con él sobre el sorprendente dato, del que al menos yo no tenía conocimiento hasta el presente, de que en Baena hubo no una sino dos logias masónicas durante el período conocido como “el sexenio revolucionario”, es decir, durante el comprendido entre el derrocamiento de Isabel II en 1868 y la restauración borbónica en 1874. Y sorprende ciertamente, porque no son muchos los ejemplos en que la burguesía baenense se acogió a movimientos de librepensamiento como lo fue la masonería, que sobre todo en su obediencia francesa, hace suyos los ideales que provenían de la Revolución Francesa y la Ilustración. De hecho, ilustrados como Montesquieu, Diderot o Rousseau fueron masones.
CONTEXTO HISTÓRICO: El Sexenio Revolucionario.
El 1868 el descontento popular se sumó al resentimiento de la clase media y sectores militares liberales contra el favoritismo de la monarquía hacia el clero y los conservadores. Así, los pronunciamientos de los generales Prim y Serrano, junto con las revueltas populares condujeron a la caída y exilio de Isabel II.
Pero la burguesía no tardaría en horrorizarse al comprobar que la rebelión inicialmente sólo constitucionalista había desembocado en un movimiento con tintes revolucionarios. Y para empeorar las cosas, en la colonia más rica que aún conservaba España, Cuba, estalló una insurrección. Amadeo de Saboya, el monarca liberal elegido por Prim, abdicó, desesperado, en 1873. Ante el consiguiente vacío de poder, se proclamó la Primera República, de vida efímera. Asustada, la burguesía abandonó sus propias ambiciones reformistas a cambio del retorno del orden. En 1874 el golpe militar del general Pavía supuso la restauración del orden borbónico con Alfonso XII.
El sistema político impuesto tras la Restauración se basaba en la alternancia del partido conservador de Cánovas del Castillo y del liberal de Práxedes Mateo Sagasta, según determinara en cada momento el rey, que era el eje del sistema. Pero al margen del estrecho marco político constitucional, en el último tercio del siglo XIX surgen un sinfín de levantamientos, en el caso andaluz en el campo. Giuseppe Fanelli, discípulo del anarquista Bakunin, es enviado a España por la Primera Internacional en 1868. Gracias a su labor surgieron los primeros núcleos socialistas y anarquistas, sobre todo en las grandes ciudades. En el campo andaluz, el suceso más espectacular tiene lugar en Jerez el año 1892, cuando un ejército de jornaleros se apodera de la ciudad.
Sólo en el norte del país se estaba gestando una moderna economía capitalista en torno a las industrias textiles y químicas catalanas, la siderurgia vasca y las minas asturianas. En Andalucía, por el contrario, la oligarquía agraria, la clase terrateniente dominante, no tenía el mínimo interés en la industrialización y menos en la modernización de las viejas estructuras semifeudales. España, a grandes rasgos, quedaba dividida entre terratenientes e industriales, por un lado, y obreros y jornaleros por otro.
BAENA EN EL ÚLTIMO TERCIO DEL SIGLO XIX: Las logias masónicas en la localidad.
Lo primero que hay que señalar es la escasez informativa sobre el período, como si lo ocurrido durante el sexenio revolucionario fuera mejor enterrarlo bajo un manto de olvido. Una actitud muy similar a la que actualmente defiende la derecha con respecto a lo sucedido en la localidad durante la II República y la guerra civil. Así, Francisco Valverde y Perales, que es el cronista que más información nos pudiera haber aportado por ser coetáneo al período a que nos referimos, pasa por él de puntillas. Veamos el motivo, cito textualmente:
“La revolución de 1868 fue secundada en Baena… saliendo una noche a recorrer las calles un grupo de gente con música, dando vivas a Prim y a la libertad, sin que ocurriera ningún accidente desagradable. El Ayuntamiento fue renovado, y con aquel radical cambio de cosas empezó una etapa de inquietud y malestar que duró no pocos años, en que las luchas y odios políticos jugaron un importante papel, inoculando en el tranquilo pueblo, mal preparado por su escasa instrucción a recibir libertades, vicios de que aún no se ha curado, mientras los más listos se aprovecharon de su buena fe para medrar a la sombra de las nuevas ideas”
Y poco más, verán:
“Hemos llegado en nuestra narración a una época en que consideramos conveniente suspender la tarea en cuanto con la administración y la política se relaciona, pues viviendo todavía muchas de las personas que han intervenido en los sucesos, no nos consideramos autorizados para juzgarlas, dejando este cuidado al que nos suceda en la misión de continuar esta historia”.
Es decir, hablando en plata, es más inofensivo, al menos para el historiador, hablar de los visigodos que de los sucesos recientes. Pero lo que nos interesa ahora es destacar que la caída de Isabel II y la proclamación de la República provocaron durante este breve período una ruptura del orden tradicional y una intensa actividad de los liberales en la localidad. Se revocaron los cargos anteriores por ayuntamientos constitucionales y, quizás el cambio que tuviera más impacto para nuestro relato fuera el establecimiento de la libertad de culto.
Según Juan Ortiz Villalba la logia PONOS fue fundada precisamente por los hermanos Veredas Moreno, propietarios agrícolas, que según dicho profesor fueron los líderes de la Revolución de 1868 en Baena. El resto de los integrantes de la logia de que tenemos noticia eran profesionales liberales: un maestro, un médico, dos farmaceúticos, un procurador, empleados del Ayuntamiento y varios comerciantes.
De la otra logia, denominada MERTOLA, Ortiz Villalba proporciona una relación de hasta 12 nombres, sin que en este caso consigne su profesión.
Como digo, la información al respecto que he podido rastrear es muy escasa. El libro de Manuel Horcas sobre el siglo XIX en Baena, centrado en su primera mitad y en los procesos desamortizadores, proporciona datos del Padrón municipal de 1831, que no debían ser muy distintos de los del período que nos ocupa. Más del 60% de la población activa de la localidad es consignada como jornaleros y similares, un 6,5% de clase media, algo más de un 11% como artesanos, algo más del 3,5% como hacendados y un significativo 5,83% de clero, con 157 personas en una localidad que rondaría los 12.000 habitantes. Una estructura social prácticamente feudal.
Pío Baroja, que sitúa su novela “La feria de los discretos” en la Córdoba de la Revolución del 68, relata el entusiasmo inicial: “Había estallado la revolución de Septiembre; se hablaba de la batalla de Alcolea, de la huida de la Reina; por todas partes se daban vivas a la libertad… Córdoba estaba entusiasmada; la gente recorría las calles gritando”. Sin embargo, esto ya lo señaló Baroja, en boca de su protagonista, las estructuras de poder real (el caciquismo) permanecían intactas: “La revolución no ha sido más que un cambio de nombres; los que antes mandaban en nombre de la reina, mandan ahora en nombre de la Libertad, pero el perro es el mismo, aunque lleve distinto collar”. El cambio fue más superficial que estructural como señala el narrador: “Después de Alcolea, Córdoba parecía una ciudad de locos. Todo el mundo era liberal, todo el mundo era revolucionario; los que antes iban a misa con el absolutismo, hoy llevaban la escarapela de la soberanía nacional”.
En definitiva, otra revolución burguesa fracasada. Mientras en buena parte de Europa triunfaron, en España fracasó todo intento. Se le atribuye a Estanislao Figueras, el presidente que más tiempo ocupó el cargo durante la Primera República, en su última reunión del Consejo de ministros antes de exiliarse en Francia, harto de tanta inoperancia de su gabinete y proclamaciones cantonalistas: “Señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Figueras, catalán, republicano, progresista, asimilable a la izquierda actual, dijo algo que cobra actualidad nuevamente. En el momento en que escribo este artículo, tres candidaturas a la izquierda del PSOE se disputarán las elecciones al Parlamente de Aragón en Febrero. Podría repetir lo mismo que dijo Estanislao Figueras. Van directos al precipicio. Lo único bueno es que cuanto antes se estrellen, mejor.
Bibliografía utilizada:
Valverde y Perales, “Historia de la villa de Baena”
Manuel Horcas Gálvez, “Baena en el siglo XIX. La crisis del Antiguo Régimen”
Juan Ortiz Villalba, “La masonería en Córdoba”
Pío Baroja, “La feria de los discretos”
Antonio Bujalance Cantero

