Las calles del casco histórico volvieron a recuperar el bullicio habitual del periodo de cuaresma, convirtiéndose en el centro neurálgico de Baena, al menos por unas horas, con el toque del tambor.
Otra zona concentración de tambores tenía lugar en la zona de la Almedina, punto de encuentro obligado para muchos tamborileros donde hacer resonar al protagonista del día, deambulando por las viejas calles y los entrañables rincones que año tras año reviven este legado histórico.
Con la caída de la tarde se multiplicaban el número de tambores que de forma acompasaba replicaban por todo el municipio. Especiales momentos se vivían en torno a la iglesia de Guadalupe, la Cofradía de San José exhibió, a las puertas de la parroquia, la imagen del santo, Numerosas cuadrillas llegaban a la puerta de la iglesia para rendir tributo a San José con el repiqueteo de sus tambores, en contraste con el crepitar de las llamas del candelorio situado a pocos metros de la imagen de San José.