miércoles, julio 29, 2026
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La lluvia empaña el Domingo de Resurrección en Baena y obliga a suspender la procesión

La Semana Santa baenense de este año ha vuelto a escribir una página llena de contrastes, emociones y resistencia cofrade. El esperado Domingo de Resurrección, que debía cerrar con broche de oro una semana intensa, quedó marcado por la lluvia, protagonista involuntaria pero implacable, que obligó a suspender la procesión de la Real Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario y Santo Cristo Resucitado poco después de su salida.

Intramuros de Guadalupe con el Resucitado presidiendo el altar la imagen de la Magdalena era mecida ante el señor, a los sones de las marchas de la Centuria Romana de la cofradía. Casi sobre el horario previsto y bajo un cielo encapotado, la cruz de guía cruzó la puerta de Guadalupe, iniciando el recorrido con esperanza y decisión. No hubo aglomeraciones, ni prisas. La comitiva avanzaba con recogimiento, decidida a conquistar la carrera oficial, sin embargo, el cielo tenía otros planes.

Como ya ocurriera en 2024, la incertidumbre meteorológica pendía sobre los cofrades como una espada. Esta vez, a diferencia del año anterior, la junta directiva optó por salir. Y esa valentía, ese acto de fe, se convirtió en uno de los momentos más memorables de esta Semana Santa.

Pero la lluvia, que algunos llaman “bendita” y otros simplemente inoportuna, comenzó a caer. Las imágenes de Santa María Magdalena avanzaron algunos centenares de metros, mientras que  Ntra. Sra. del Rosario se tuvo que conformar con su presencia en la puerta de la parroquia de Guadalupe. A la altura de la calle del Colegio el Resucitado daba la vuelta con la imagen cubierta con un impermeable improvisado. En cuestión de minutos, la decisión fue inevitable: regreso urgente al templo.

Lo que siguió fue un desfile cargado de emoción contenida. El Cristo fue acompañado de vuelta por su gente: hermanos, centuria romana, evangelistas, judíos… Todos haciendo calle, como si cada paso fuera una oración.

Se vivieron momentos de verdadera comunión: los ojos empañados, las gargantas anudadas por la emoción y el orgullo de una ciudad que, aunque mojada, no pierde nunca su fervor.

“Se ha intentado, se ha puesto corazón, fe y esperanza”, comentaba una hermana visiblemente emocionada. “No hemos llegado al final, pero Cristo no ha estado solo ni un segundo”.

Así, Baena cierra su Semana Santa 2025 con un sabor agridulce, marcado por la belleza efímera del intento y la resignación ante lo impredecible. Sin embargo, entre la lluvia y las palmas, quedó una certeza: la pasión no se suspende, aunque la procesión sí.