
Carlos Arenas
Echo de menos aquello que entonces era muy extraño, que algún padre o madre se comportara como un energúmeno en sus relaciones con el colectivo profesoral. El profesorado recibía de toda la comunidad, tanto la escolar como la social, un respeto reverencial. Y de mí, en mis tiempos de alcalde, también atención preferente.
De este incipit proclamado anteriormente, digo que la escuela pública era el templo de la educación y del proselitismo para mejorar y aumentar la condición humana. Lugar de relaciones sociales, los padres y madres, con el interés supremo de la educación de nuestros hijos. La Escuela Pública como tótem pedagógico del respeto a los demás y de los principios y valores que han de marcar la vida en convivencia, los elementos de solidaridad de unos con otros, por estar en lo mismo, en la educación de los hijos. Se conseguía despertar, en la convivencia escolar de toda su comunidad, otras manifestaciones de solidaridad cuando, entre unos y otros, se intercambiaban situaciones que así lo requerían.
Con la democracia, la escuela pública se afianzó en el despliegue y conculcar sus valores, haciendo desaparecer el autoritarismo y la represión de los maestros/as del franquismo, con aquel desayuno que nos daban cantando “Cara al Sol”, himno de la Falange. De aquellos maestros, algunos lavaron con lejía su camisa azul para descolorarla y así conseguir un puesto en el PSOE. Era lo que había, y en ello aquello de que “la letra con sangre entra”…y en la aritmética también. Así fue, pero digo que, como yo y otros muchos más la sufrimos, no nos hizo sentir entonces, ni mas adelante en nuestras vidas, estar traumatizados por aquello.
Los gobiernos dejaron de priorizar la pública con su atención, pues con su deterioro se fomentaba la privada, aquella donde comenzaron a enviar a sus hijos muchos socialistas, también comunistas y, por supuesto, progresistas, siempre ellos defensores de la pública. Subvirtiendo las carencias de la pública, destinándola a las clases populares, mientras que las clases “de “brillico” se identificaban y se beneficiaban con esa segregación clasista pública-privada.
La frustración se asienta en la cabeza de los padres que ven el avance de la precariedad en la escuela pública, con políticas que fueron arrancadas con los socialistas y han tomado velocidad de crucero con los populares conservadores y, allí donde estos la necesitan, con la extrema derecha de VOX. La privada elige al alumnado con las artimañas que se le permiten; la pública acepta al alumnado que le viene de derecho. Como hay desorientación, larvadamente, la lucha de clases aquí es manifiesta.
¿Dónde están los gobernantes, que, sabiendo que la escuela es clave para profundizar en los valores democráticos, no dedican toda su inteligencia y todo el empeño político, para que no deje de serlo, frenando la sordidez moral de tantos padres y madres que han abandonado a sus hijos de sus responsabilidades?, ¡Así están esos hijos!
Veamos ahora qué digo desde mi experiencia como ciudadano comprometido, como antiguo padre de alumnos de aquella escuela. Años hace que vengo escuchando a unos y a otros del colectivo educativo de la pública, de la escuela de ahora.
Mis reflexiones sobre padres, educadores-profesionales de la enseñanza, sociedad alrededor de la escuela, administraciones…son estas que siguen.
El acuerdo que se manifestaba entre todas las partes que he indicado, del ámbito educativo, ha desaparecido. La escuela, la enseñanza, que a tantos bandazos se la expuso con los gobiernos del PSOE y con los del PP, nos ha hecho heredar esta de hoy.
Los padres de aquella sociedad de antaño, de escuela a mejorar con sus ángulos ciegos de escuela pública no pueden volver, pues se tenía la prioridad del trabajo y de mejorar las condiciones de vida, y la siguiente prioridad era la educación de los hijos. Se había aprendido que con la educación de los hijos, podían enfrentarse mejor al conocimiento de la vida y a la posibilidad de tener trabajos adecuados, que sin educación podrían ser precarios, o con promesas de ello. Ya no era cuestión de clases ni de nivel cultural de los padres para que los hijos estudiaran. En esto, la desigualdad disminuyó. Los padres y las madres eran aliados de los maestros/as, ahora son antagónicos, con sus impulsos humanos irracionales, si estos les reprendieran a sus hijos por faltas de comportamiento civilizado o por la banalización de lo que el aula de la escuela les ofrece, un espacio real de comprensión y de entendimiento. ¡Error, qué gran error comete la juventud que así piensa!. los padres deben pensar que no serán más respetados por los hijos, tapándoles sus carencias de calidad humana, pues esos instintos no les transmiten más respeto ni piedad filial.
Los maestros, los profesionales de la enseñanza, los educadores, pueden saber qué hacer, pero no se atreven a decirlo; se sienten abandonados, primero por los padres y luego por los poderes públicos competentes. El aguante de tanto les cansa y los desmotiva por la falta de reconocimiento a su labor. Sé que es desesperante la situación de los docentes en las aulas, centros educativos y universidades.
Hay una razón que tener en cuenta en lo que tenemos, me refiero con ello a nuestra ciudad: la falta de integración social de los enseñantes, en algunos casos por no residir en la ciudad, llegan, imparten sus clases y se van. Estos y otros que sí tienen sus domicilios aquí no cuentan con la posibilidad de convivencia ni de compasión o de solidaridad recíproca, ni con los padres de sus alumnos conflictivos y de estos a los profesores, por lo que sufren las más de las veces; si no se hace así, no se despierta la empatia entre unos y otros. Los maestros, que se encontraban integrados en las actividades deportivas, en asociaciones culturales y de ocio, en la política local, en su presencia en actos conmemorativos… El individualismo se ha acentuado; cada uno atiende a lo suyo. Antes hubo muchos enseñantes que tenían un compromiso social, yo lo vi, antes se involucraban con los problemas del pueblo y sus ciudadanos. Incluso hubo concejales en varias corporaciones.
Sin embargo, enseñantes y padres han de buscar su alianza si se pretende cambiar la realidad que tanto nos duele y afecta en la escuela pública.
La comunidad, la sociedad que rodea la escuela y la nutre con sus miembros más jóvenes, no puede limitarse a dejarlos en la puerta de la escuela y a recogerlos mas tarde. Es una exigencia de la sociedad convertir el espacio educativo en una escuela de ciudadanía y de actitudes éticamente valiosas. La sociedad y sus miembros deben manifestar la problemática que les afecta en las escuelas de educación pública cuando surja la ocasión, pues es cuestión de justicia social que haya escuelas públicas de calidad, dotadas de los suficientes medios humanos y económicos para ello.
Para lo último de mis reflexiones, dejo a las administraciones.
No fue hasta la Constitución de 1931 cuando la enseñanza como un derecho, aunque solo bajo la fórmula de una enseñanza primaria obligatoria y gratuita.
El artículo 27.2 del texto constitucional de 1978 dice así: <<La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.>>
La Administración y los poderes públicos son responsables de lo que hay en la enseñanza pública porque son protagonistas del encargo de que los preceptos de la Constitución se vayan haciendo realidad. La obligación de los políticos es crear una escuela pública que enseñe los conocimientos académicos, transmitiendo con ellos unos valores éticos y, con esta acción pedagógica, llegar a la auténtica formación personal.
Difícilmente se construirá la escuela pública, a la que me he referido, si el político no destaca por sus cualidades y actitudes éticas, y solo le son característicos la habilidad de satisfacer sus propios intereses y los de su partido político.
Aquí, en Baena, se fijó una experiencia de laboratorio con una realidad dada; ahora, otra vivida, se conoce su desarrollo: en mi alcaldía, la enseñanza pública suponía el 65 % y la privada, el 35 %; cuarenta y tres años después, se han invertido estos datos: el 65 % la privada y 35 % la pública. Se mimó a una a costa de reducir el alimento para su desarrollo de la otra.
Se clausuró el CP Juan Alfonso de Baena, se cerró el CP Amador de los Ríos, se dio portazo a las unidades de la Plaza Vieja, se cedió las instalaciones municipales de la Milagrosa por un maestro de la pública, quitando posible alumnado a la propia. Este alcalde que nunca gobernó, una vez más electoralismo. Ejerciendo de pescador de votos, como la del copo de los pecadores, sin moverse de la orilla. Este alcalde, de su despacho ya no tenía que salir para hacer campaña, se bastaba con repartir favores, privilegios, regalos… olvidando la ideología por la que estaba y que, por supuesto, se le suponía que tendría que defender. Otra, al debe de Luis Moreno, de tus años de alcaldía. Esos números rojos también en tu contabilidad, maestro de la escuela pública. ¿cuanta iniquidad y demagogia en la ambición política!
Si mi naturaleza humana no hubiera estado dotada de resiliencia, hace tiempo que estaría en el pozo de la depresión. ¿Se fomenta la cohesión social con dar dinero público a quien busca segregación con la educación sectaria?
No cuestiono la coexistencia de lo público y lo privado, para hacer efectiva una igualdad de oportunidades. Y la libertad individual de escoger lo que se quiera desde el punto ideológico, religioso y académico. Cuestiono lo que la educación pública, como derecho fundamental y, por tanto, con mayor garantía constitucional, ha de ofrecer a aquella parte de la sociedad que la elige: calidad en sus instalaciones, dotación de la plantilla de docentes suficiente… y que su elevado carácter social-prestacional sea una condición de mérito para elegir la Educación Pública. Amén
Primer Alcalde de la Democracia.
Abril 1979-Mayo 1983