Si hay algo que define a la Semana Santa de Baena es la devoción, la tradición y el arraigo de sus hermandades. Entre todas ellas, la Hermandad de la Soledad brilla con luz propia, no solo por su historia centenaria, sino por la firmeza con la que ha mantenido su esencia a lo largo de los siglos. Así lo demostraron en la conferencia del pasado 14 de febrero, organizada en el cuartel de la Hermandad de la Soledad y dirigida por los cofrades Nicolás Luis Fernández García y Francisco Lozano Ruiz.
El origen de la Hermandad de la Soledad se remonta a la primitiva cofradía del Dulce Nombre de Jesús, fundada en el siglo XVI por los Dominicos del Monasterio de Guadalupe. Como muchas otras cofradías, en sus inicios era de Gloria, pero en 1578 se produjo un cambio crucial: pasó a ser una cofradía penitencial bajo la advocación de la Virgen de la Soledad. Este giro no fue inmediato; requirió la intervención de figuras eclesiásticas clave, como Fray Pedro de Zúñiga y Fray Francisco de Vargas, y el esfuerzo de los devotos.
La Devoción a la Virgen de la Soledad y su Influencia en España
Los conferenciantes explicaron como la devoción de la Virgen de la Soledad llega a España gracias a la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II, quien encargó al escultor Gaspar de Becerra la realización de tres imágenes. De una de ellas surgiría una devoción que se extendió rápidamente por el país, dando lugar a la creación de numerosas cofradías con esta advocación. En Baena, la talla de la Virgen de la Soledad, atribuida a José de Mora, se incorporó en 1706, consolidando la identidad de la hermandad dentro de la escuela granadina.
Desde el siglo XVIII, la Hermandad de la Soledad ha contado con la participación activa de los fieles. En 1725 se documenta la existencia de 24 hermanos fervorosos, encargados de alumbrar a la Virgen y velar por su culto. En el siglo XIX, se incorporaron los Hermanos de Andas de Jesús, cuya cuadrilla dirigida por Felipe Priego en 1800 fue clave para la consolidación de la hermandad. Sin embargo, en 1880, la cuadrilla de andas se dividió en dos, marcando el inicio de una estructura organizativa que perduraría durante décadas.
La Refundación de la Hermandad y la Modernización del Siglo XX
Fernández García y Lozano Ruiz detallaron durante su intervención como fueron los principios del XX para la Hermandad. En 1902, Toribio de Prado fue nombrado Hermano Mayor de la Cofradía, impulsando la reorganización de la hermandad. En 1917 se llevó a cabo una refundación formal y en 1924 se estableció oficialmente la Hermandad de la Soledad dentro de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús.
Uno de los hitos más importantes es la presencia de las mujeres dentro de la hermandad, destacando los conferenciantes la existencia de documentos que demuestran la presencia femenina en el siglo XVI, en 1961 se prohibió su participación. No fue hasta 1979 que las mujeres recuperaron su derecho pleno a desfilar, lo que marcó un avance significativo hacia la inclusión dentro de la Semana Santa de Baena.
Desde Salvador de Prado hasta los actuales hermanos mayores, la Hermandad de la Soledad ha contado con figuras clave que han mantenido viva la tradición y han promovido la devoción a la Virgen. En la actualidad, la hermandad sigue desempeñando un papel fundamental en la cofradía, destacándose por su organización y su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos.
El siglo XXI ha traído consigo la renovación del patrimonio de la hermandad, la restauración de su imagen titular y la modernización de sus estructuras organizativas. Eventos como la Magna Mariana de 2015 y la salida extraordinaria de 2022 han servido para fortalecer la identidad de la Hermandad de la Soledad y su compromiso con la tradición baenense.
La historia de la Hermandad de la Soledad es la historia de Baena. Es la historia de hombres y mujeres que han dedicado su vida a preservar una devoción que ha resistido el paso del tiempo, las crisis y las transformaciones sociales. Desde su origen como cofradía de gloria hasta su consolidación como hermandad penitencial, ha sabido evolucionar sin perder su esencia.