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La Fiesta de los Garbanzos consolida su recuperación con más público y una Hermandad de la Verónica volcada en mantenerla viva

La Fiesta de los Garbanzos ha vuelto a demostrar que su recuperación no fue algo pasajero. La verbena celebrada este pasado fin de semana cerró una nueva edición con una elevada participación y, sobre todo, con la sensación de que una de las celebraciones populares más vinculadas a la memoria de este barrio de Baena ha conseguido abrir una nueva etapa.

El balance realizado por José Antonio Marín, cuadrillero de la Hermandad de la Santa Verónica, organizadora de la fiesta, es claramente positivo. Según explicó tras la celebración, la respuesta obtenida ha mantenido la tendencia de las últimas ediciones e incluso podría haberla superado.

“La respuesta del público ha sido muy buena. En comparación con años anteriores, prácticamente igual o quizás puedo decir que un poquito más”, señaló Marín.

Una percepción que adquiere especial relevancia después de cinco años desde que la hermandad decidió recuperar una verbena que durante décadas estuvo estrechamente ligada a la vida vecinal y que, tras una etapa de esplendor, terminó perdiéndose.

Una fiesta que “ha vuelto para quedarse”

Más allá de las cifras, la organización pone el acento en el ambiente conseguido alrededor de la Fuente y en la capacidad de la celebración para reunir a vecinos de diferentes zonas de Baena e incluso visitantes procedentes de otras localidades.

“La esencia que se está creando en esta fiesta y la convivencia vecinal es muy buena. Yo creo que esta fiesta ha vuelto para quedarse”, afirma José Antonio Marín, quien deja clara la intención de la Hermandad de la Santa Verónica de continuar impulsándola mientras las circunstancias lo permitan.

Y precisamente ese carácter abierto se ha convertido en una de las claves de esta nueva etapa. La fiesta ya no se circunscribe exclusivamente al barrio. Hasta ella llegan personas de diferentes puntos de Baena y vecinos que vivieron la celebración décadas atrás y regresan para reencontrarse con sus recuerdos.

Treinta hermanos detrás de la organización

Lo que el público disfruta durante unas horas requiere muchos días de preparación. Alrededor de 30 hermanos colaboraron directamente en esta edición, mientras que el recinto se había acondicionado inicialmente para unas 450 personas.

Pero Marín insiste en que el esfuerzo no se explica únicamente por la recaudación económica.

“No es solo el dinero”, subraya. Su objetivo personal, asegura, es que estas verbenas populares no desaparezcan y que la Fiesta de los Garbanzos pueda continuar incluso si algún día la propia Hermandad de la Santa Verónica no pudiera hacerse cargo de su organización.

La verbena también permitirá financiar nuevos proyectos

La Fiesta de los Garbanzos tiene, además, una segunda dimensión para la Hermandad de la Santa Verónica. Los ingresos obtenidos ayudan a financiar los proyectos que mantiene abiertos una corporación que atraviesa una etapa de crecimiento.

Entre ellos sobresale la reciente adquisición de un local destinado a convertirse en su Casa de Hermandad. La compra de la sede no paralizará otros objetivos. La hermandad quiere continuar adquiriendo faroles para sustituir progresivamente los cirios y mantiene entre sus proyectos el tallado de la celosía del paso, una intervención que requiere una inversión considerable.

La corporación cuenta actualmente con unos 270 hermanos, aunque presenta una característica que sus responsables consideran especialmente esperanzadora: aproximadamente 120 son adultos y el resto son niños y adolescentes. Una “muy buena cantera”, en palabras de su cuadrillero, sobre la que la hermandad pretende construir su futuro.

José Antonio Marín lo resume con una idea que marca el futuro inmediato de la celebración: para que la Fiesta de los Garbanzos no vuelva a perderse necesita que la gente continúe acudiendo.

 

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