
Lola Ruiz Arrebola
Debemos recordar que, salvo escasas excepciones, la temática principal de la presente columna de BaenaHoy es la cultura, o mejor, como siempre digo, Cultura con mayúscula. En este sentido, mientras pensaba la temática a tratar en esta cita, recordaba una de las muchas conversaciones que tenía con mi tío Álvaro de Córdoba cuando iba a visitarlo, sobre todo en mi etapa de estudiante universitaria. Y es que mi tío era una de las personas más cultas que he tenido la suerte de conocer.
Un día, con la excusa de que había iniciado una colección de poesía que, por cierto, aún conservo en la estantería de mi salón, no se me ocurrió otra cosa que decirle a mi tío que la poesía era la manifestación cultural que mejor se daba para la expresión de los sentimientos y las emociones de un artista. Antes de que terminara la frase ya me negaba con la cabeza. ¡Nada de eso! Es la música. Y es que mi tío era un enamorado de la música clásica y, siempre desde el respeto, trataba de contagiar su amor por la música a todos los que le rodeaban. Tal es así, que logró contagiar desde pequeños a sus tres hijos para que estudiaran música, consolidando en los tres la carrera profesional con dedicación exclusiva, piano, violín y violonchelo para mis primos Rafa, José Antonio y Álvaro, respectivamente.
Independientemente de las vivencias personales de cada uno, que hacen decantarnos por una u otra manifestación artística por encima de las demás, tengo que reconocer que no es tarea fácil. A menudo tenemos que elegir. Elegir por ejemplo entre asistir a un concierto, leer un libro o ver una película, dado que el tiempo del que disponemos es finito.
Por ello, no quisiera estar en la piel de cualquiera de las personas que puedan formar parte del jurado para los Premios Salvador de Prado Santaella de la Fundación de la Caja Rural de Baena, cuando, en el Premio a la Excelencia Cultural, tengan que discernir a un solo premiado de entre manifestaciones culturales tan diversas como, y cito las bases del premio: “literatura, poesía, pintura, escultura, arquitectura, arqueología, conservación y restauración del patrimonio, fotografía, cinematografía, teatro, danza, música o cualquier otra manifestación cultural o artística.” En breve conoceremos al premiado/a.
En cualquier caso, mostrar jerarquías entre las diferentes expresiones artísticas no tiene sentido, más allá de las propias de tipo personal.
No obstante, de lo que no cabe ninguna duda es de la importancia que tienen las actividades artísticas en el desarrollo integral de las personas. La formación artística enriquece el desarrollo cognitivo y desarrolla habilidades y destrezas tan importantes como la creatividad.
Por ello, debemos de aplaudir la apuesta que este y anteriores equipos de gobierno municipal han realizado por el teatro, contando con una ya consolidada Escuela Municipal de Teatro. Aplaudir también la incipiente iniciativa de Escuela de Arte, con técnicas como dibujo, acuarela y graffiti, que espero se consolide en el tiempo. Y es que, a veces, lo difícil no es la iniciativa, sino su consolidación en el tiempo año tras año demostrando, por un lado, la apuesta e interés de un determinado equipo de gobierno local y, por otro lado, el apoyo del personal destinatario a través de su participación activa. En este sentido, no logro entender como a estas fechas aún no se ha puesto en marcha la Escuela Municipal de Música, a pesar del interés de la población que no siempre se ve reflejado con el apoyo institucional que debería acompañar. Esperemos que todo se solucione pronto y, en breve, esté también esta escuela funcionando.