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La Casa de la Condesa revive su historia en Baena con un concierto de música antigua que conecta siglos de memoria y patrimonio

La Casa de la Condesa de Baena volvió a convertirse en escenario vivo de la memoria local con la celebración del concierto “De la Bruja al Zarambeque”, una propuesta de Nihil Ensemble organizada por la Fundación Centro de Documentación Juan Alfonso de Baena, dentro del programa “Conociendo Baena y su Historia a través de la Música”. Una cita que no solo reunió a decenas de asistentes, sino que transformó el espacio en una experiencia inmersiva donde historia, arquitectura y sonido dialogaron con naturalidad.

El acto arrancó con la intervención del director de la Fundación, Manuel Cortés, quien situó el evento en un contexto más amplio: el de la recuperación y puesta en valor del patrimonio local como herramienta de identidad colectiva. En su introducción, destacó el valor simbólico del enclave elegido —la Casa de la Condesa, sede de la Agrupación de Cofradías— como un espacio donde confluyen siglos de historia, tradición y devoción, subrayando además la importancia de abrir estos lugares a propuestas culturales que conecten pasado y presente.

La Casa de la Condesa: de eje comercial a símbolo patrimonial

Antes de la interpretación musical, la investigadora Jessica María Díaz Cabezas ofreció una detallada introducción histórica que permitió comprender la evolución del edificio y su entorno urbano.

Su exposición situó el origen de la casa en el crecimiento de Baena a partir del siglo XIV, cuando la ciudad comenzó a expandirse más allá de la Almedina. La actual calle Mesones se consolidó entonces como un espacio clave de tránsito comercial, donde mesones, comerciantes y viajeros marcaron el desarrollo económico de la villa.

En ese contexto surgieron las casas solariegas, concebidas tanto como símbolo de poder como espacios funcionales al servicio de esa actividad. La Casa de la Condesa se integró en ese tejido urbano donde convivían instituciones como la alhóndiga, hospitales o ermitas, configurando un entorno de gran dinamismo social.

El legado jesuita y la transformación del edificio

Uno de los episodios más relevantes de su historia se produjo en el siglo XVIII con la llegada de la Compañía de Jesús. Tras años de tensiones políticas, los jesuitas se establecieron en Baena en 1740, consolidando su presencia en la vida educativa y social de la localidad.

Sin embargo, su permanencia fue breve. En 1767 fueron expulsados, sus bienes confiscados y el edificio inició una nueva etapa. Este episodio marcó un punto de inflexión en la evolución del inmueble, que posteriormente sería transformado y adaptado a nuevas funciones.

La condesa: el alma de la casa

La intervención de Jessica Díaz alcanzó su dimensión más humana al detenerse en la figura de Doña Concepción Calderón Pineda de las Infantas, última gran habitante del edificio y quien dio nombre popular al inmueble.

Heredera de un título de carácter eclesiástico, su vida estuvo marcada por circunstancias personales complejas: la pérdida de su hijo, el exilio de su marido y una trayectoria vital que moldeó un carácter fuerte y reservado.

Más allá de su linaje, su historia refleja la de una mujer que intentó ocupar su lugar en un contexto social restrictivo, dejando una huella profunda en el edificio que habitó.

Un espacio definido por su arquitectura y su memoria

El relato histórico también puso el foco en la arquitectura del inmueble, destacando su patio central de tradición andalusí como elemento vertebrador. Este espacio, que conserva el pavimento original de mármol y elementos heráldicos, fue objeto de intervención por el arquitecto Mateo Gayá, quien respetó su esencia incorporando elementos propios de la estética andaluza.

La casa, adquirida por el Ayuntamiento en 2006 y cedida posteriormente a la Agrupación de Cofradías, se ha consolidado como un espacio museístico en evolución, llamado a convertirse en un referente cultural y turístico vinculado a la Semana Santa de Baena.

Un viaje musical entre lo místico y lo popular

Tras la apertura institucional, el protagonismo recayó en Nihil Ensemble, formación especializada en música antigua que propone una lectura historicista del repertorio barroco. Integrado por Abigail Horro, Juanjo Monroy y Luis Vives Balaguer, el grupo ofreció un programa que exploró los vínculos culturales entre España y América, con una narrativa musical que transitó desde lo simbólico hasta lo festivo.

El concierto, bajo el sugerente título “De la Bruja al Zarambeque”, planteó un recorrido sonoro que reflejaba la complejidad del Barroco español, combinando elementos de la música culta con expresiones populares y tradiciones vinculadas a creencias de la época.

Cultura como puente entre pasado y presente

La velada concluyó con una idea clara: la cultura no solo conserva el pasado, sino que lo reactiva. La música de Nihil Ensemble, enmarcada en un espacio cargado de historia, permitió reconstruir por unas horas la atmósfera del Barroco, devolviendo al edificio su función original como lugar de encuentro social y artístico.

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