Juan Carlos Pérez Jorge “ en 1866 había tres turbas de judíos con sus respectivas cuadrillas”
El Teatro Liceo ha respirado este mediodía unos momentos de historia, sonidos, sentimientos y emociones en torno a la figura más singular y genuina de nuestra Semana Santa: el Judío, que en esta ocasión la ha exaltado desde diversos puntos de vista Juan Carlos Pérez Jorge. Durante el acto se hizo entrega de los reconocimientos al Cofrade ejemplar que ha recaído sobre Francisco Lozano Ruiz y al autor del cartel de la Exaltación del Judío realizado por Ismael Ortiz.
El pregonero realizó un recorrido histórico del Judío echando la vista atrás dos mil años “necesitamos conocer la historia para comprender el presente y planificar el futuro”, con estas palabras iniciaba un viaje en el tiempo donde Juan Carlos recordaba como los primeros roces entre judaísmo y cristianismo dio lugar al nacimiento del Cristianismo. Cuando en el Concilio de Nicea se rompen los lazos con el judaísmo, por el desprecio de estos a los cristianos.
Perez Jorge avanzaba en su pregón recordando como en el siglo XVIII dominicos y franciscanos sacaban los pasos a la calle para atraer a los feligreses, que escaseaban en las iglesias. Diferenciaba entre los Pasos de Andas y los Pasos de representación, donde en estos últimos participaban personajes con sus rostrillos e indumentarias que recordaban a las figuras de los judíos, de Judas, Romanos, “representando al odiado pueblo hebreo que renegó de Jesús”.
En este contexto Juan Carlos Pérez nos relata como los judios, que no formaban parte de las cofradías “se incorporan en turbas para escenificar los pasos en los que intervenían, como figuras anárquicas, que provocaban desmanes al amparo del anonimato que les prestaban los rostrillos que portaban”.
Hace 221 años, Pérez Jorge daba a conocer, que en el inventario de la Cofradía de Dulce Nombre (1803), la existencia de una bandera de tafetán encarnado, con guarnición de puntos que coincide con las banderas de la turba blanca. Así como la incorporación de unas cuadrillas de corte militar a las cofradías. Sobre estas bases se asentará el nacimiento de la figura del judío que conocemos en nuestros días.
Poco a poco los Cabildos de diferentes cofradías van autorizando a la incorporación de cuadrillas de judíos ataviados con banderas y alabardas, “en 1866 había tres turbas cada una con sus cuadrillas. La cofradía del Miércoles y Jueves Santo tenía su turba, al igual que la del Viernes Santo por la mañana y la del Dulce Nombre, viernes noche”.
Años más tarde, se agrupan las turbas del miércoles y jueves santo con la del viernes santo noche en una sola, como exponía durante el pregonero, así como la incorporación del color blanco en la turba unificada y el negro en la del Viernes Santo.
A principio de siglo XX la figura del judío antiguo va evolucionando en Baena de forma muy singular, “las cuadrillas que desfilaban en completo desorden, se empiezan a organizar, con una indumentaria uniforme, sustituyendo las alabardas por el tambor. Dando lugar al Judío cofrade, la figura más genuina de nuestra semana Santa, que no ha cambiado prácticamente nada hasta nuestros días, con etapas de auge y crisis, que hoy goza de gran saludo e incluso conserva la figuras de herodes, Judas y Judío Errante”.
El pregonero ha tomado partido en diversas cuestiones, que en los últimos tiempos han generado cierta polémica. Posicionado del lado de la Agrupación de Cofradías cuando el judío participa en actos como figura cofrade. Y de parte, de las Peñas y asociaciones culturales cuando se organizan eventos en torno al tambor donde no se participe como judío cofrade. Reivindica una regulación en torno a la indumentaria de la figura del judío “no se debe alterar la esencia del judío que no es otra que la escenificación de los pasos en los que interviene sin modificaciones en lo esencial.
Expone su posición en cuanto a la salida procesional de futuras cofradías, nuestra Semana Santa sigue una cronología de la Pasión, que se debe respetar, que no se vea afectada por pasos que puedan salir en el futuro.
“Nací siendo nieto de cuadrillero colinegro e hijo de cuadrillero coliblanco”, a partir de esta afirmación relataba sus vivencias personales como judío. Sus primeros años de vida como colinegro de la 1ª cuadrilla, de la que su abuelo era cuadrillero. Le acompañaba en los desfiles, presente en tiempo de cuaresma como en la casa cuartel de su abuelo se llenaba de judios en torno a una conversación sobre tambores, arreos, desfiles.
Durante su internado en la localidad valenciana de Cheste, le permitió convertirse en un joven embajador de nuestra Semana Santa ante sus compañeros, explicándoles la singularidad de nuestra Semana Santa, “disfrutaba dando a conocer la figura del Judío, reproduciendo el toque del tambor con la manos sobre una mesa”.
La muerte de su abuelo ,1975, fue el momento para dejar la cola negra e incorporarse a la cuadrilla blanca de su padre y hermanos. Años más tarde, su padre junto a un grupo de amigos recuperó la 2ª Cuadrilla de la Cola Blanca que estaba vacante, cuadrilla de la que fue cuadrillero durante muchos años hasta cederle el bastón a su actual cuadrillero Nicolás Luis Fernández.
Para Juan Carlos Pérez Jorge ser Judío implica un cúmulo de sentimientos, “un legado recibido de nuestro mayores que debemos transmitir a las nuevas generaciones. Momentos de amistad donde se comparte la pasión por el tambor, una devoción como cofrade ante sus titulares, sentirse orgulloso de ser judío que se complementa que se completa con la devoción a Jesús, representado en diferentes momentos de la Pasión.

