El XLIX Salmorejo Flamenco reunió el pasado sábado a más de 1.000 personas en la Caseta Municipal de Baena en una edición marcada por el debut de José Mercé en la localidad, el regreso del cantaor baenense Emilio Rosales al festival y un cartel que prolongó el espectáculo hasta bien entrada la madrugada. La cita, organizada por la Peña Flamenca Baenense con el patrocinio del Ayuntamiento, encara ya su próxima edición con el simbolismo añadido de alcanzar los 50 años.
Mercé era el principal reclamo del cartel y su actuación respondió a dos públicos. Comenzó por el cante más clásico, con malagueñas, soleá y seguiriyas, antes de avanzar hacia los tangos y las bulerías con los que buena parte del público acompañó al jerezano desde sus asientos. Durante su actuación reivindicó el flamenco como “nuestra marca España y nuestra música” y fue explicando algunos de los palos que interpretaba. Cerró con Aire.
Rafael Serrano, presentador del festival, observó precisamente ese cambio en la respuesta de los asistentes. Según su balance, Mercé comenzó “cantando por derecho” consciente de que actuaba ante una peña y un público aficionado, para después entrar en un repertorio más conocido por el público general. “La gente vibraba con él”, resumió Serrano, que relató cómo numerosas jóvenes seguían sus canciones y cómo, al terminar, muchos espectadores buscaron al artista para acercarse a él.
Su actuación dejó también una de las impresiones más claras de Rafael Serrano. El presentador consideró que Rosales “puso los cimientos para todos los que venían detrás” con cerca de una hora de cante y una actuación en la que, a su juicio, se exigió especialmente. “Hubo algún momento que yo creía que se rompía”, explicó antes de destacar la fuerza con la que resolvió esos pasajes.
Después llegarían Raquel Salas, José Olmo, Rancapino Chico y El Yiyo y su grupo al baile. El cartel contó al toque con Antonio Higuero, Mateo Castro, Luis Carrasco y Luis Calderón.
La noche tuvo, sin embargo, una dificultad que el propio Serrano introduce en su balance: la duración. Rancapino Chico salió ya alrededor de las 2.30 horas, cuando una parte del público había abandonado la Caseta Municipal. El presentador considera que el festival fue “muy largo” y plantea como reflexión para futuras ediciones reducir el número de artistas.
Eso no impidió que quienes aguardaron hasta el final encontraran uno de los momentos de cante más clásico de la madrugada. Serrano destacó de Rancapino Chico su manera de interpretar los cantes gaditanos, “sin pegar demasiadas voces”, colocando los “pellizcos” en los momentos precisos y manteniendo la atención de los aficionados que permanecieron hasta el cierre.
El balance económico todavía no está cerrado. Serrano explicó que la Peña Flamenca no había terminado las cuentas del festival, aunque sí apuntó una idea que viene marcando las últimas ediciones: incrementar la inversión para confeccionar carteles capaces de atraer más público ha permitido reducir las pérdidas que soporta la entidad. El Ayuntamiento mantiene su colaboración económica con la organización.
La Peña y el Ayuntamiento trabajan ya con la mirada puesta en la próxima cita. No será una edición más: el Salmorejo Flamenco alcanzará los 50 años después de llegar a 2026 como una de las citas flamencas con mayor trayectoria de la provincia.