Instinto pánico

La ambigüedad de la señora Leire Díez desconcierta en demasía, lo mismo compadrea con las altas esferas políticas de la Guardia Civil y de la Fiscalía general, que se la tacha de una simple militante de base que va y viene a su antojo. -Ni fontanera ni cobarde, periodista de investigación- Así se auto reconoció en su comparecencia ante los medios. Pero su agenda manuscrita le delata como una presunta mercenaria obstruccionista de procedimientos judiciales. ¡Saber lo que esconde la verdad!
También sorprende la ambigüedad del epitafio en vida del señor Zapatero -Tener muy poco para dar mucho-. Porque nos asalta la duda sobre si el alijo tasado en uno coma tres es su escasa tenencia con destino al reparto de mucho, o acaso es la parte del mucho que ha percibido del bolsillo generoso de los auténticos del sanchismo, esos ilusos poseedores de fortuna ridícula, pero de fe progresista infinita. Igual ahora se entiende la confesa aspiración de la señora Montero a querer ser de mayor como el señor expresidente.
Y por suprema, la ambigüedad que se dirime del cúmulo de presumibles o presuntos hechos delictivos: Revelación de secretos, comisiones ilícitas, prevaricación, tráfico de influencias, fraude fiscal, contrabando, pertenencia a organización criminal… En fin, ante semejante escenario de punibilidad, acudir al lawfare es una coartada exculpatoria que puede resultar hasta comprensible.
Que no quepa la menor duda, la fusión de ambigüedades con las indecentes proposiciones de ley del sanchismo, como las llamadas ley Begoña y ley Bolaños, entre otras, inspira un sugerente guion para un básico relato cinematográfico, es puro instinto – ¿Me lo dices de verdad, P.S.? – Sería la expresión clave y recurrente en la trama de esta versión intrigante de “Instinto Pánico”.

