jueves, julio 30, 2026
BLola Ruiz ArrebolaOpinión

Igual esto va demasiado rápido

Lola Ruiz Arrebola

        

“¡Ven y descubre el increíble Parque Arqueológico de Torreparedones! Un lugar único en Baena (Córdoba) para todos aquellos que quieran disfrutar de la historia y la cultura. Visita nuestras impresionantes ruinas, observa los restos de un pasado ancestral y conoce de primera mano los tesoros arqueológicos que esconde este parque. ¡No te quedes sin vivir esta experiencia única e inolvidable!”

         No, esta columna no habla sobre turismo cultural y tampoco está patrocinada por la Delegación de Cultura de este Ayuntamiento. Y es que, en esta ocasión, me gustaría reflexionar con vosotros y vosotras sobre un tema de actualidad, pues imagino que en vuestro móvil también habrán saltado imágenes sobre los portentos de la inteligencia artificial, con motivo del lanzamiento de una de estas plataformas. El párrafo anterior es parte de una petición realizada a uno de estos robots para que escriba un artículo con el fin de promocionar nuestro yacimiento de Torreparedones. El resultado, como todo, mejorable, pero yo empiezo a asustarme.

         Hace unos días nos llamaba a casa Pedro Vázquez, como tantas otras llamadas telefónicas comerciales, pero que, en esta ocasión, ya empieza a hacerse famoso, por lo pesado que resulta en su intento de recabar información y por sus múltiples llamadas. Son necesarias varias de estas llamadas hasta poder comprobar que es un robot diseñado para mantener una conversación con los posibles clientes, desconociendo aún si el objetivo es vendernos la colocación de placas solares en nuestro tejado, como pretende, o, simplemente, su verdadera misión es la de recabar todo tipo de información, además de nuestros datos personales para después venderlos como base de datos. Y Pedro también es mejorable, pues le cuesta seguirnos cuando le hacemos preguntas embarazosas, pero viendo lo rápido que va todo, quién sabe si en algún momento podremos diferenciar si nos llama un robot o una persona real.

         En la misma línea, también sabemos que ya se le puede encargar a la inteligencia artificial que produzca imágenes de todo tipo en segundos a partir de unas rápidas instrucciones que le facilitemos. Quién sabe si ya mismo obras de este tipo empezarán a ocupar las galerías de arte y museos.

         De igual forma, también ahora, hemos podido saber que una famosa empresa multinacional ha tenido que desconectar dos robots entrenados para negociar entre ellos a través de una conversación en inglés, al descubrir que los robots, en aras de ser más eficientes, empezaron a acortar palabras hasta crear otro lenguaje reconocible entre ellos, pero no entendible por el ser humano que los creó.

         Tengo que reconocer que todo esto me asusta un poco, pero lo que realmente me causa temor es que esta inteligencia artificial empiece a dominar el mundo superando y haciéndose realidad películas supuestamente de ciencia ficción como Terminator, Matrix o la más reciente Megan, para poner los pelos de punta. Películas de ciencia ficción que cada vez tienen menos de ficción y más de ciencia y de realidad.

         De momento ya sabemos que las redes sociales son gestionadas directamente con ordenadores que ejecutan los algoritmos programados, según cada caso. Esos algoritmos son programados por personas, pero cada vez la inteligencia artificial adquiere más notoriedad en este campo. Además, la cantidad de información que manejan estas máquinas a la hora de aplicar estos algoritmos hace inviable que todo pueda ser supervisado, en última instancia, por el ser humano. Por ello, cada vez son más las voces que empiezan a alertar sobre el peligro que supone que un algoritmo de una red social o plataforma, más allá de sugerirnos una canción o un amigo a quien seguir, decida el tipo de información que nos mostrará y, por lo tanto, qué cosas debemos tratar y por qué preocuparnos como sociedad que debiera intentar mejorarla.

         Efectivamente, creo que todo va demasiado rápido, el botón de parada está bloqueado y tengo serias dudas de que se nos permita, de manera individual, abandonar el tren.