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Fallece el Papa Francisco

Esta mañana, Lunes de Pascua, sobre las  7:35, el corazón del Papa Francisco dejó de latir en la Casa Santa Marta. La noticia fue confirmada poco antes de las 10:00 por el cardenal camarlengo, el irlandés Kevin Farrell, en una declaración breve pero conmovedora: Queridos hermanos y hermanas, con profundo dolor debo anunciar el fallecimiento de nuestro Santo Padre Francisco. A las 7,35 de esta mañana el obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre. Toda su vida estuvo dedicada al servicio del Señor y de su Iglesia. Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, especialmente en favor de los más pobres y marginados. .

Con su fallecimiento, la Santa Sede entra en sede vacante. Es el cardenal Farrell quien asume el timón provisional del Vaticano hasta que sea elegido un nuevo Papa en el próximo cónclave.

Pero si algo define esta historia es que, incluso en su adiós, Francisco no se apartó de su pueblo. Ayer, Domingo de Pascua, el Papa se asomó al balcón  central de la logia de la Bendición en la fachada principal de la basílica de San Pedro para impartir la bendición Urbi et Orbi. Su voz, quebrada pero firme, pronunció unas palabras que ahora resuenan con otro sentido: “Hermanos, hermanas, feliz Pascua”. Nadie podía imaginar que sería la última vez que lo escucharíamos.

Lo más sorprendente fue su inesperada vuelta en papamóvil entre los fieles. Era su despedida, aunque entonces no lo supiéramos. Una última caricia al pueblo que tanto amó y que lo llamó, desde el inicio, “el Papa del pueblo”.

Ayer, el Papa Francisco, tuvo un breve encuentro privado, en la Casa Santa Marta, con el Vicepresidente de los Estados Unidos de América, James David Vance

Un final fiel a su estilo

Desde el Jueves Santo, Francisco hizo un esfuerzo extraordinario por estar presente en cada rito de la Semana Santa, pese a su frágil salud. Visitó la cárcel de Regina Coeli, como solía hacer cada año, para compartir un mensaje de esperanza con los presos. No tuvo fuerzas para lavarles los pies, como era su costumbre, pero les regaló lo más valioso: su presencia.

El Viernes Santo hizo una visita inesperada a la Basílica de San Pedro, y el sábado volvió a escaparse brevemente del aislamiento de su residencia. Cada paso, cada gesto, hablaba del compromiso de un pastor que no quería retirarse en silencio, sino estar junto a su gente hasta el último aliento.

Un pontificado transformador

Jorge Mario Bergoglio, nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, fue elegido Papa en marzo de 2013, a los 76 años, contra todo pronóstico. El mundo conoció su nombre —Francisco— en el balcón central de San Pedro, el mismo donde ayer, en un esfuerzo sobrehumano, se despidió por última vez.

Fue el primer pontífice latinoamericano y el primero jesuita. Su papado estuvo marcado por una reforma profunda del mensaje y la actitud pastoral de la Iglesia: cercanía con los pobres, denuncia de la desigualdad, apertura al diálogo interreligioso y una sensibilidad muy especial hacia los migrantes, los presos, y los descartados del sistema.

También será recordado por sus encíclicas sobre el medioambiente (Laudato Si’) y la fraternidad humana (Fratelli Tutti), y por haber guiado a la Iglesia durante la pandemia de COVID-19, cuando su imagen solo, bajo la lluvia en una Plaza de San Pedro vacía, dio la vuelta al mundo.

 

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