En el verano, la lectura llama tu atención (2)

Aquel verano de 1975, comencé aplicándome a la lectura temática. La inicié con los libros de historia, la España del Siglo XIX y los tres volúmenes de la España del Siglo XX, escritas por el historiador y profesor de una universidad francesa, Manuel Tuñón de Lara. Tatuaje, novela de Manuel Vazquéz Montalbán, también fué leída aquel año y ya no dejé de leerle lo que publicara, fueran sus novelas o aquellos artículos suyos en Triunfo. Leí algunas novelas negras, no dejaba a Dashiell Hanmett o a Raimond Chandler; me inicié en José Saramago y en Francisco Ayala. Con el Otoño del Patriarca, volví a García Márquez. Con “el socialismo en un solo país” de E.H.Carr, comenzó mi hartago de la revolución rusa.
Los veranos de lectura, me despertaban unos sentimientos que hacían reconciliarme con aquellos que habían estudiado disciplinas de humanidades, yo que soy de ciencias.
Mis lectura se fueron espaciando, pues en la cabeza mantenía sin espacio el pensamiento para ello. En la cabeza no me cabía nada mas que la preocupación por tener un trabajo.
¡Por fin!, el día uno de abril de 1976 fui contratado por el Grupo Sindical de Colonización (GSC) Campoliva, empresa formada por las cooperativas, Hnos Ruiz Rosales, Carbonell…y dedicada al envasado y la comercialización de aceite virgen de oliva. El verano de ese año, sin derecho todavía a vacaciones, viajando por toda España con mis botellas de muestras de aceite y con otra bolsa con las mudas y un par de libros, en aquellos 280 días de mi trabajo allí, leí mucho. Noches en blanco en hoteles daban para atesorar muchas lecturas.
Los meses de desempleo, por derecho, los empleé para preparar las pruebas en Sevilla, que me llevarán, al ir bien preparado y al consejo que entonces me dio Juan Garcia Cassani de que me presentara, en junio de 1977, pude ser contratado por el Banco de Andalucía.
Aquellos casi dos años de mi contrato en el banco, fueron de satisfacción y de desarrollo personal y familiar, pues aprendí de la vida con Juan García, el amigo Juan Vacas y el otro amigo Paco Murillo. El once de agosto de 1.977 nació Esther, nuestra hija pequeña, de Loli Sánchez y mía.
Desbordado por las ediciones de libros que se estaban editando, ya sin censura, aquella de la dictadura franquista con la ayuda de los curas, estos censores también de las películas. Entonces, me propuse leer lo que se consideraba imprescindible, apoyándome en las críticas fiables e inteligentes.
Esos casi dos años en el banco, me sirvieron de trampolín, para darme a conocer entre mis vecinos. Juan García, director del Banco de Andalucía, me llevaba con él en visitas por las tardes a familias que vivían en las calles de la Baena profunda, Casco Histórico y casco Antiguo, para abrir cartillas del banco, era muy conocido. Esto me sirvió para que se me conociera más. Fui saliendo por las tardes con Paco Ortiz, y me hizo conocer a Domingo Povedano, Antonio Palomino, Manolo Guzmán, Domingo Quesada, Manolo Jurado, Manuel Priego Murcia, y a tantos otros de aquellos hombres jornaleros. Aplicados al activismo político. Consolidación del PTE (Partido del Trabajo de España), del movimiento obrero jornalero a través del SOC (Sindicato Obreros del Campo) y preparación de las inminentes elecciones municipales.
Esto, lo de antes, no me permitía dedicar tiempo para leer, y a los libros que compraba les prometía ser leídos más adelante, en mejores tiempos para la lectura. Comencé a leer algo sobre política municipal. Escasas lecturas de novela, historia o poesía. Luego esos activistas y todos los que me votaron, los concejales del PTE, los concejales del PCE y los del PSOE me hicieron alcalde. Ya sí, me apliqué a leer en aquel verano de 1.979 libros, revistas, cuadernos y estudios monográficos de política municipal, lectura comprometida con el mundo real que iba a comenzar a vivir.
La satisfacción sentida, en alguna noche que mirando la mesita de noche el libro cogía y leía, escapándose el libro entre las manos cuando el sueño me rendía, era de puro gozo.
Siempre es verano, cuando más sentía deleite con la lectura, las páginas leídas con más emoción, ese sentimiento ahora tengo, me llega desde dentro cuando recuerdo otros tiempos con la lectura.
Los nombres mayores de la novela moderna, los de obras maestras, los entremetía en mis lecturas, sin saber cuándo lo hacía, y así sigo, leyendo a estos conmovedores escritores: Balzac, Víctor Hugo, Melville, Proust, Jane Austen, Stendhal, Dostoieski, Flaubert, Conrad, Tolstoi, Dickens, Mann, Faulkner…
Contando esto de mis lecturas, echo de menos no haber dedicado tiempo, en esas lecturas, el haberlo hecho en voz alta con mi madre cerca, oyéndome. Ella, que no sabía leer ni escribir, hubiera disfrutado con deleite la ficción, como presencia de cosas y seres reales, seguro que lo compararía con la vida real que ella vivió. Mi madre, Catalina, era de exquisita y fructífera inteligencia natural. Ahora que he tomado una vida más sedentaria y tengo tiempo de todo, pues hago cosas que no necesitan mi plena entrega, dejé aquello de mi madre que me hubiera hecho más profundamente humano, perdona mamá. La riqueza, que el dinero no me dio, y que deseo recibir cada día con almorzadas de ella, fué la calidad de vida, esta que práctico todos los días, y que no quiero verme arruinado de ella, como pasó en el 2008, con la del dinero.
Durante y acabada la mili, me indujo Manolo Pérez a lecturas marxistas, a aquellos libros de la Historia de España, de la dictadura de Primo de Rivera, la II República y la guerra civil y la posguerra; todos ellos clandestinos y de estos muchos de la editorial Ruedo Ibérico. Libros que me iban motivando en la lucha antifranquista y antifascista.
Llegó 1975, me licencié de la mili, nació Carlos el 12 de noviembre, trabajé algo a salto de mata, murió Francisco Franco el 20 de noviembre. Como puede deducirse, ese año tuve tres celebraciones: la licenciatura de la mili, el nacimiento de mi hijo…y la muerte de Franco.
Con la lectura veraniega de 1975, inicié una lealtad de lector a Eduardo Mendoza, con su novela “La verdad sobre el caso Savolta”.
Año 1975, en que se mantenía la censura…
La lectura es para el verano, recordando y remedando la película de Jaime Chávarri “las bicicletas son para el verano”; “la lectura es para el verano”, o, al menos, cuando es tiempo sin agobios de más disfrutarla.
La lectura, es un medio para sortear las trampas de las muchas cosas que te encuentras en el camino. Hay que leer, seguir haciéndolo, como profundo y gratificante placer de la vida. La lectura, nos va convirtiendo en ciudadanos más libres y críticos.
Punto y aparte, esta crónica de lectura de verano, continuará… me quedan, quizás, varios veranos de lecturas que contar.
Carlos Arenas, primer alcalde de la democracia, 1979-1983

