Baena Hoy

El verano este, sin trinos ni batir de alas, en poético icariando

Una de cal.... y otras de Arenas

Carlos Arenas

No caían pájaros por acercarse al sol, pues no había para volar alto, ni existían a mi alrededor cantaleándose al sol.

Preparando la casa del campo con María Jesús, para el recibimiento de nuevos huéspedes, se sabrá que desde que los abuelos dejaron de ir al campo nos vinimos la familia a vivir a la casa de Baena, aquella  del campo, que llamamos La Noguera de Baena (quien pase por allí y curiosea la entrada de ella sabrá porque se le puso ese nombre), la destinamos a Turismo rural, VTAR/C0/00370.

Ese día y otros desde la primavera, le hice observar a María Jesús la escasa sinfonía, que sentía de menos el trinar  musical con cierto eclecticismo, por tanto pájaro a lo suyo, aquel sonido de la naturaleza, que estando allí viviendo, nos alegraba el día nada mas empezar el amanecer, eran tantos los efervescentes trinos de pájaros de diversas especies que se te iban las pulsaciones a la normalidad, y ahora se apreciaba la escasez de esa música de la naturaleza, conformada alrededor de nuestra casa de campo por un olivar de 130 olivos y una alameda con centenarios álamos y de linde al este, el arroyo Marbella, microclima y medio ambiente ideal para pajarería incansable en sus trinos. Con ella, los cucos con el suyo…y a los suyo que es el aprovecharse de otros, ¡tan humanos ellos!.

También le decía a María Jesús,  <<veo pocos tábarros, pocas abejas, casi ningún abejorro,  ni las chicharras termómetro de la intensa calor; ya por la noche, las hermosas salamanquesa que veíamos alrededor de las luces del porche, con paso  reptil cansino, atracándose de mosquitos, no se ven ni ellas ni ellos>>. El último grillo lo oí, que recuerde, el verano pasado en la larga rejilla existente ante la puerta de unos aparcamientos, allí lo estuve oyendo varios días, cuando pasaba a comprar el pan diario.

Esa gran noguera que tengo y que identifica sobremanera el campo, cobijaba el piar de decenas de gorriones, ahora no se ve ni oye ninguno. La noguera es el tótem donde ellos se protegían refugiándose entre las ramas y hojas de ella; yo lo hacía en su sombra con una buen libro entre las manos. Así, he tenido que leer varios centenares, en los años allí pasados. Enfrente, cerca de donde estoy, los cerros de las lomas de Valdejudios, ya en lontananza las sierra Subbética donde se enclavan, con raíces profundas históricas, Luque y  Zuheros, si me giro, dándome la vuelta, los cerros de olivares del cortijo Cotillas; De esa geografía se dejaban caer, bandadas de pájaros y alguna corta de grajos,estos con un nido encastillado en el mas alto álamo que tenía enfrente.

Esas aves emigratorias, las tórtolas, quedaban algunas para criar en los olivos que rodeaban la casa, ahora no se ve anidar ninguna, ni su paso por encima. Ello me trae el recuerdo de los olivos de mi padre por el término de Santiago de Calatrava, verano cuando se iba a “sacar el agosto”,  cosechar el trigo y la cebada. En la siesta, mi hermano Pepe y yo, recorríamos el olivar buscando los nidos de las tórtolas, en los olivos que los encontrábamos, los dejábamos señalados, para que cuando eclosionaran los huevos, pendientes estábamos de recogerlos polluelos antes que volaran, los llevábamos al pueblo y allí criarlos, ya crecidos y al cocido echarlos Catalina…

En la primavera, comencé a ir al campo, sintiendo acariciar con la vista, perdida en largos meses tiempo atrás de noviembre del 25 a abril del 26, el verdor de los olivos, el rojizo efímero de las hojas del nazareno, plantado cerca de la piscina y de la barbacoa, por Luis Carlos Rejón; los ocres incipientes de la Subbética de Luque y Zuheros; las hojas blancas de los tales álamos y las negras de los álamos negros; el marrón de la tierra entre los olivos; la blanca pureza de las paredes y el azul de la manchego de los recercados de las ventanas; la policromia de los marrones de las tejas árabes de las cubiertas de la casa de campo, que no son todavía dejadas de ver en nuestro querido Casco Antiguo. Mirando todo ello, me embargaba una melancolía sin dolor y me digo, <<vivido ha quedado>>.

No he dejado de estar en contacto con el campo, entonces porque mi padre nos hacia ir para la recolección de las cosechas de aceitunas y de los cereales, luego porque Luis Carlos Rejón con sus hijos y yo con los míos, cuando estos nos dejaron hacerlo, no había fin de semana que no se nos viera corretear el campo; mis amigos agricultores me hacían acompañarlos para disfrutar del campo, y ahora lo hago por el trozo de ese campo que tengo. He visto el cambio, radical sentido, de huertas en la zona de la casa de campo no queda ninguna, colonizado todo por olivos.

 Los estudiosos, los biólogos, los medioambientalistas, los naturalistas, los ecologistas, esos   sabedores, mas que nadie, saben lo que está pasando, dirigen sus acertados diagnósticos al cambio climático, los herbicidas y otras químicas que buscan la productividad máxima en el campo, en las tierras productivas y las que se obtienen  acabando con las lindes, aquellos lindazos, donde anidaban las perdices, las codornices y otros pájaros, los sotos de los ríos, los arroyares de pequeños cauces de agua…ni esos lagartos ni esa bichas tan inofensivas pero de repulsivo rechazo visualizada su sola presencia, tampoco se ven con la asiduidad de antaño. ¿Que nidos respetan esos atomizadores de intensa presión, tirados por tractores entre los olivares?

Llega la estupidez de la ultraderecha, de VOX, y de aquellos que la escuchan , a negar que el cambio climático, los fertilizantes y herbicidas, la destrucción de hábitats, la agricultura industrializada despilfarrando agua, también depredadora de la vida animal, está destruyendo la evolución natural, con el empuje imparable que esta destrucción trae; me recuerda aquella película Mad Max 3: “Más allá de la cúpula del trueno”, en una la secuencia de la misma, Tina Turner, dice “todo es negocio”, en aquella su ciudad donde se obtiene gas metano utilizando estiércol de miles de cerdos…

Echando de menos todo lo que he dicho, doy repaso mental con alguna nostalgia, y como decía a los veranos en el campo de mi padre, viendo y oyendo lo que he expresado antes y ya perdido. Se que no recuperé la sensación de los ruidos genuinos con dulce estruendo, en el olivar y la alameda, con el leve quejido de las aguas entre cantos rodados del arroyo Marbella, ahora seco, donde solía bañarme durante mi pubertad, en aquellas pozas que en su cauce existían, hasta su entrega al Guadajoz.

Esos pájaros de los que recibíamos sus trinos después de percibir el silencio, ¿me han oído preguntar donde están?, han sentido inquietud y han trinado, si dicen algunos <<seguimos aquí>>. Tristeza, no por no sentir sus trinos, que también, sino por la ruptura del clímax que de pena manifiesta la naturaleza. Las moras de los zarzales, cayéndose apocadas sin utilidad, pues no hay pájaros para comérselas. Las que quedaban en estos años de atrás, mi cuñada Sandra, elaboraba con esas moras una mermelada tan exquisita, que te rememorara en tu ADN lo que sentían los que la hacían siglos atrás, o no tantos. Nos vinimos del campo y nunca mas desde entonces nos fue dado semejante manjar. No solo perdimos los ruidos, la música  de la naturaleza, los trinos de los centenares de pájaros en esa alameda,  sino es mermelada de Sandra y la despensa de las setas de álamo que mi suegra Carmen cocinaba y que tengo sin olvido.

No es tiempo de zorzales, cuando llegue el invierno comprobaremos que no entraran tantos, con menos los tramperos, y los cazadores, se conformarán

CARLOS ARENAS BLANCA

Primer Alcalde de la Democracia. Abril 1979-Mayo 1983

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