La quinta edición de la conocida como «segunda víspera de San José» ha reunido a tamborileros locales y llegados de otros lugares en los puntos habituales de encuentro. La jornada mantiene su carácter de convivencia, pero ha ido perdiendo asistentes y las actividades culturales que acompañaron sus comienzos tras la pandemia.
El tambor ha vuelto a sonar este sábado, 10 de octubre, por las calles de Baena. No estamos en Cuaresma ni se acerca la Semana Santa, pero por quinto año consecutivo los tamborileros han tenido una cita con una tradición que, durante unas horas, ha recuperado el ambiente de las jornadas de marzo. La convocatoria, conocida como la «segunda víspera de San José», ha reunido a vecinos de la localidad y a aficionados llegados de otros puntos de España, aunque con una participación inferior a la registrada en sus primeras ediciones.
La jornada ha comenzado tras la celebración religiosa de apertura del año cofrade, que este año coincide con el inicio de los actos del 50 aniversario de la Agrupación de Cofradías. A partir de ese momento, el sonido de las cajas ha regresado a algunos de los rincones más frecuentados por los tamborileros cuando llega la Cuaresma.
El entorno del Bar Patricio, El Cordobés, la Muralla, donde se encuentran varias peñas del tambor, y la plaza de la Constitución han vuelto a convertirse en puntos de encuentro. Lugares conocidos por quienes participan habitualmente en los toques, donde amigos y familias se reúnen alrededor de una costumbre que forma parte de la vida social de Baena.
Sin embargo, cinco ediciones después de su puesta en marcha, la convocatoria muestra diferencias respecto a sus comienzos. Aunque sigue reuniendo a numerosos aficionados, la presencia de tamborileros ha disminuido y el programa de actividades que inicialmente acompañaba al toque prácticamente ha desaparecido.
Durante esas primeras ediciones se organizaron conferencias sobre la historia del tambor, su fabricación y su utilización dentro de la Semana Santa de Baena. También hubo actividades destinadas a los más pequeños y un mercado de productos relacionados con este instrumento. La intención era que el encuentro tuviera una dimensión cultural que fuera más allá de salir a tocar.
Con el paso de los años, las controversias iniciales fueron desapareciendo, pero también buena parte de aquellas propuestas. El encuentro ha quedado centrado principalmente en la convivencia entre tamborileros y en el recorrido por los lugares habituales del toque.
Esa evolución se aprecia igualmente en la participación. La jornada continúa contando con aficionados que esperan esta cita de octubre para volver a coger las baquetas, pero ya no reúne al mismo número de personas que en sus primeras convocatorias.
El quinto Toque de Tambor deja así una imagen con dos lecturas. Por un lado, la continuidad de una convocatoria que ha encontrado su espacio en el calendario cofrade y que permite reunir a tamborileros fuera de las fechas habituales. Por otro, la pérdida progresiva de participación y del contenido cultural con el que nació.