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El silencio del olivar toma la palabra en ALIPA con la presentación de La luna en el olivar, la nueva obra de José Antonio Santano

ALIPA Cañete volvió a convertirse el pasado viernes, 8 de mayo, en un punto de encuentro para la cultura baenense con la presentación de La luna en el olivar, la última obra del escritor José Antonio Santano. El acto, celebrado a las 20:00 horas, estuvo conducido por la profesora de la Universidad de Córdoba María Paz Cepedello, quien planteó un diálogo sereno y profundo en torno a un libro que no solo habla de olivos, sino también de silencio, memoria, tierra y belleza.

La jornada fue abierta por el presidente de ALIPA, Pepe Cañete, quien recordó que este 2026 la entidad celebra su centenario, desde aquel 1926 que marcó el origen de una historia ligada a la antigua librería, papelería e imprenta Cañete. Cañete destacó que el espacio cultural abierto en 2018 nació con un compromiso claro: “la cultura por Baena”, articulado en torno a dos grandes líneas, la conservación del patrimonio de la antigua imprenta y la organización de actividades culturales paralelas.

En este contexto, la presentación de la obra de Santano se sumó a una programación que ALIPA ha consolidado en los últimos años con conferencias, exposiciones, encuentros literarios y actividades vinculadas al cine. Cañete recordó también la actual exposición dedicada a Rafael Ruiz, con visitas escolares orientadas a que los niños conozcan el origen árabe e islámico de Baena.

Durante su intervención, Pepe Cañete subrayó la extensa trayectoria de José Antonio Santano, autor de más de una veintena de libros y cultivador de poesía, narrativa, ensayo y crítica literaria. También recordó sus premios nacionales e internacionales, la traducción de sus textos a numerosos idiomas y su pertenencia a la Asociación Colegial de Escritores de España y a la Asociación Española de Críticos Literarios. En 2021, el Ayuntamiento de Baena creó además el Premio Internacional de Poesía Joven “Poeta José Antonio Santano”, que ya prepara una nueva edición.

María Paz Cepedello definió La luna en el olivar como “un paisaje de olivos, de luna, de silencio, de memoria y de palabras mínimas”. Para la profesora, Santano no llega al haiku como un gesto decorativo, sino “como quien llega a una forma extrema de concentración después de muchos años de escritura”.

El poeta explicó que el libro nace “desde el silencio”, entendido no como ausencia, sino como una forma de escucha. “Los olivos hablan”, afirmó Santano, antes de citar uno de sus haikus: “Habla el olivo. La voz del silencio en los caminos”. Para el autor, la clave está en detenerse ante el paisaje, mirar más allá de la superficie y dejar que la palabra condense lo esencial.

La obra tiene su origen en un reto planteado por Edwin Figueroa, ganador del tercer premio del certamen que lleva el nombre de Santano, quien le regaló una libreta con el título Imperio de los olivos. De aquella invitación surgieron más de 200 haikus, una exploración poética en la que la tradición japonesa se cruza con el cancionero, el flamenco, la cultura andaluza y el paisaje baenense.

Santano defendió la dificultad del haiku como una disciplina exigente, capaz de resumir en tres versos una mirada profunda. También explicó su interés por unir la cultura japonesa y la española, incluso a través de experiencias musicales vinculadas al flamenco, con haikus cantados por seguiriyas, soleás, nanas o bulerías.

El olivo ocupó buena parte de la conversación. Para el poeta, es raíz, tierra, resistencia, símbolo de paz, alimento y memoria colectiva. Santano recordó la figura del campesino y de las mujeres aceituneras, así como la dureza del trabajo en el campo, vinculando el paisaje con una dimensión social y humana que atraviesa toda la obra.

La luna, por su parte, aparece como misterio, luz nocturna y contrapunto al sol. “La luna le da al olivo la luz de la noche, la luz que platea los olivos”, explicó el autor, que reivindicó el valor simbólico de ambos elementos como unión de belleza, fertilidad, espiritualidad y búsqueda de felicidad.

El acto también permitió profundizar en el libro como objeto artístico. La luna en el olivar reúne poemas, dibujos del propio Santano, aportaciones de otros creadores y una cuidada edición en formato 14×14, que el autor concibió desde el inicio como parte esencial de la obra. El volumen cuenta con prólogo de Salvador Compán, epílogo de Jesús Serrano y texto de contracubierta de Ramón Andrés, además de referencias plásticas y visuales que refuerzan su carácter interdisciplinar.

Cepedello destacó que una de las mayores virtudes del libro es su capacidad para elevar una categoría local a una dimensión universal. Santano coincidió en que ese era uno de sus grandes objetivos: que el olivar de Baena no quedara encerrado en lo cercano, sino que pudiera leerse desde cualquier lugar.

La presentación concluyó con un coloquio abierto al público, en el que el autor reflexionó sobre la creación, la mirada poética y la necesidad de que el arte conmueva. “Si no hay emoción, el conocimiento y el artificio no sirven para nada”, señaló Santano, defendiendo una literatura capaz de transformar lo cotidiano en una experiencia compartida.

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