La Cuaresma de Baena sumó uno de sus momentos más intensos con el Pregón de Exaltación del Judío, pronunciado por Rocío Alba Cruz, en una intervención profundamente sentida que fue mucho más que una alocución cofrade. Su discurso se convirtió en una defensa apasionada de la figura del judío como esencia de la Semana Santa de Baena, pero también como expresión de familia, cultura, trabajo, patrimonio, sentimiento y futuro.
La pregonera se alejó de los planteamientos puramente históricos para hablar desde la experiencia vivida. Y lo hizo dejando varias ideas de gran calado: el reconocimiento a los artesanos que sostienen esta tradición, la necesidad de explicar qué significa ser judío, la invitación a que más mujeres se incorporen plenamente a esta vivencia y una reivindicación clara para que la turba coliblanca pueda también repicar sus tambores el Domingo de Resurrección.
“Baena llora, siente y se alegra por sus tambores, y yo añadiría: y por sus judíos”, proclamó Rocío Alba en una de las frases más rotundas y recordadas de la noche.
Su intervención tuvo una marcada dimensión integradora. Vinculada personalmente a la Cola blanca y también a la Colanegra a través de su familia, construyó un mensaje de respeto mutuo, de identidad compartida y de visión amplia de una figura que, para ella, está por encima de colores cuando se habla de sentimiento, fe y pertenencia.
Qué significa ser judío en Baena
Uno de los pasajes más potentes del pregón fue aquel en el que Rocío Alba definió con claridad el significado profundo de esta figura dentro de la ciudad. En un fragmento de gran fuerza expresiva, resumió que ser judío es mucho más que vestir una indumentaria o tocar un tambor.
Para la exaltadora, ser judío es cultura, turismo, esencia, trabajo, riqueza, historia, tradición, tertulia, reencuentro, amistad, vivencia, sentimiento, emoción, herencia, respeto, elegancia, transmisión, sonido, armonía, protocolo, participación, religiosidad, iglesia, cofradía, pasión, muerte y resurrección. Una enumeración que sirvió para condensar todo lo que representa esta figura única dentro de la Semana Santa baenense.
No fue solo una definición estética o sentimental. Fue, sobre todo, una forma de explicar que el judío es un fenómeno social, patrimonial y cofrade de primer orden, inseparable del alma de Baena y decisivo en la manera en que la localidad vive y proyecta su Semana Santa.
El reconocimiento a los artesanos de la Semana Santa
Otro de los grandes ejes del pregón fue el reconocimiento expreso a los artesanos. Rocío Alba dedicó una parte muy destacada de su intervención a recordar que detrás del judío hay muchas manos anónimas que han construido durante generaciones una parte esencial del patrimonio material y emocional de la Semana Santa de Baena.
Plumeros, cascos, chaquetas, bordados, colas, tambores, anillas, fondos, baquetas, tahalíes o parches fueron apareciendo en su relato como piezas de una cadena de oficios que no solo han dado forma a la imagen del judío, sino que además han generado economía, empleo y riqueza en la localidad.
La pregonera quiso poner nombre y valor a latoneros, carpinteros, bordadoras, sastres, zapateros, guarnicioneros y fabricantes que hicieron posible que esta tradición haya llegado hasta hoy con tanta fuerza. Su mensaje fue claro: sin artesanos no se entiende la Semana Santa de Baena, y sin relevo generacional algunos de estos oficios corren el riesgo de desaparecer.
Ese reconocimiento quedó subrayado con unos versos dedicados a quienes trabajan en silencio para sostener la tradición, en una de las partes más celebradas del pregón. Rocío Alba elevó así a los artesanos a la categoría de custodios de una herencia colectiva que merece visibilidad, respeto y apoyo.
Baena y el tambor: una unión inseparable
Si hubo una idea que atravesó toda la intervención fue la identificación total entre Baena y el tambor. En el pregón, ambos aparecen fundidos en una misma realidad emocional, cultural y sonora. No como un simple acompañamiento, sino como un lenguaje propio que define a la ciudad en Cuaresma y Semana Santa.
Rocío Alba describió cómo, cuando llegan los misereres y los días grandes, Baena cambia por completo. Se abren cuarteles, se preparan arreos, se adecentan fachadas, los comercios recuperan pulso y el pueblo entero parece despertar al sonido del tambor. En esa imagen, el tambor no es solo música: es memoria, llamada, identidad y punto de encuentro entre generaciones.
La exaltadora defendió que el tambor y el judío forman un todo armónico que distingue a Baena y le da una personalidad inconfundible dentro del panorama cofrade andaluz. Esa alianza entre pueblo y sonido quedó reflejada como una de las señas de identidad más profundas de la localidad.
Una invitación directa a las mujeres de Baena
La pregonera animó especialmente a aquellas que solo se cuelgan el tambor en momentos concretos, como la víspera de San José, a formar parte activa de esta herencia cofrade. Su mensaje fue inclusivo, claro y valiente: ser judío no puede entenderse como un privilegio exclusivo de los hombres, sino como un legado compartido que también pertenece a las mujeres que sienten esta tradición con la misma fe, devoción y compromiso.
La reivindicación coliblanca para el Domingo de Resurrección
Uno de los momentos de mayor contenido reivindicativo llegó en el tramo final del recorrido por los días de la Semana Santa. Tras describir el protagonismo de la turba colinegra en el Domingo de Resurrección, Rocío Alba formuló un deseo que sonó con fuerza entre el público: que la turba coliblanca también pueda repicar sus tambores en esa jornada.
Familia, legado y emoción compartida
Especialmente emotiva resultó la dedicatoria a su padre, a quien reconoció como guía, espejo e inspiración en su manera de entender la fe, la entrega y el compromiso cofrade. Ahí se sostuvo otra de las verdades centrales del discurso: la Semana Santa de Baena no se hereda solo por costumbre, sino por convivencia, ejemplo y amor a lo compartido.